Lo de Chicharito no es solo una opinión, tiene consecuencias: activista potosina
“No nacimos para servir, ni para limpiar, ni para obedecer. Nacimos para vivir libres, y cada palabra que nos niega ese derecho debe ser cuestionada y sancionada”, Marcela García
Patricia Calvillo
En entrevista exclusiva con este medio de comunicación, se refirió específicamente a declaraciones recientes del futbolista Javier “Chicharito” Hernández, quién al parecer, promueve una visión retrógrada y peligrosa del rol de las mujeres en la sociedad.
“Las mujeres no nacimos para estar esclavizadas en las labores del hogar. Detrás de ese tipo de declaraciones hay una ideología que anula nuestra capacidad de decidir, de actuar en el espacio público y de ejercer nuestros derechos”, sentenció.
Para la activista, el papel que desempeña Chicharito en el imaginario colectivo mexicano no es menor: es símbolo de la masculinidad tradicional, admirado por millones, especialmente por niños y jóvenes. Es precisamente por esa razón que sus comentarios pueden tener un efecto profundo.
“Sus palabras refuerzan la creencia de que los hombres son los patrones y dueños del hogar, y que las mujeres debemos obedecerles. Eso es peligrosísimo en un país donde siete de cada diez mujeres viven algún tipo de violencia”, explicó.
No se trata solo de un malentendido o una frase fuera de lugar. Según ella, hay detrás una visión profundamente patriarcal que alimenta la violencia estructural contra las mujeres “el falso feminismo” y el hartazgo por limpiar.
La activista, también rechazó las acusaciones de “falso feminismo” que suelen circular en redes sociales y algunos medios, cuando las mujeres cuestionan su rol tradicional como cuidadoras y amas de casa.
“Nos llaman falsas feministas solo por decir que ya no queremos limpiar, que ya no queremos servir. No se trata de evadir responsabilidades, sino de exigir equidad. El hogar no es una cárcel ni una herencia femenina inevitable”, declaró.
Desde su trinchera en Nueva Luna A.C., observa diariamente las consecuencias de esta cultura machista en las colonias del sur de San Luis Potosí como Aguaje, Simón Díaz, Satélite o Bellas Lomas. Allí, la violencia psicológica y económica es la que más paraliza a las mujeres.
“Muchas mujeres siguen dependiendo económicamente de sus parejas. No se atreven a salir a trabajar, ni a romper relaciones abusivas por miedo. La violencia emocional las mantiene atrapadas, y esa es la más difícil de identificar y denunciar”, advierte.
Lejos de disminuir, la violencia se ha agudizado en los últimos años, particularmente dentro de los hogares, donde debería existir seguridad, pero se ha convertido en un espacio de control, miedo y dolor para miles de mujeres.
La violencia de género es cualquier acto de agresión física, psicológica, sexual, económica o simbólica, dirigido hacia una persona por el simple hecho de ser mujer. Se fundamenta en relaciones desiguales de poder entre hombres y mujeres, y tiene como objetivo someter, controlar o anular a la víctima.
Pero no siempre es visible. No siempre hay golpes. Muchas veces, la violencia más dañina es la que no deja huellas en la piel, sino en la mente.
“La violencia emocional y psicológica es hoy por hoy la más preocupante, porque mantiene a las mujeres en un estado de sumisión, miedo y dependencia. Y esa violencia, a diferencia de la física, puede durar toda la vida sin ser detectada”.
En colonias como Aguaje, Simón Díaz, Bellas Lomas, Progreso o Satélite, organizaciones como Nueva Luna trabajan directamente con mujeres que enfrentan esta violencia. Lo que encuentran es alarmante porque hay mujeres que no se atreven a trabajar, que piden permiso para salir, que viven con miedo de “desobedecer” a sus parejas.
“Pese a que hay muchísima información y campañas, las mujeres siguen atrapadas en relaciones donde no tienen voz ni decisión. Muchas siguen dependiendo económicamente del agresor y temen romper esa relación por miedo a quedarse sin nada”.
Aunque la estadística se mantiene, la crueldad de la violencia ha aumentado “lo que vemos hoy es que los agresores usan estrategias más sutiles, pero igual de dañinas como el chantaje emocional, aislamiento, control financiero, desprestigio social. No necesitan golpear para destruir”.
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La activista insiste en que figuras públicas con plataformas tan amplias deben ser responsables con sus mensajes “no se trata solo de opiniones. Esas palabras tienen consecuencias. Alimentan un sistema que justifica el control, el castigo y la violencia contra mujeres que se atreven a ejercer sus derechos”, afirma.
Ante un panorama aún dominado por la desigualdad y la normalización de la violencia de género, Marcela García llama a seguir organizándose, informando y visibilizando lo que muchas quieren decir, pero no siempre pueden:
“No nacimos para servir, ni para limpiar, ni para obedecer. Nacimos para vivir libres, y cada palabra que nos niega ese derecho debe ser cuestionada y sancionada”.






















