UASLP otorga Doctorado Honoris Causa a Cristina Rivera Garza y Juan Antonio Villoro
Durante la ceremonia, ambos autores resaltaron el vínculo de sus obras con San Luis Potosí y defendieron la escritura como una herramienta clave para cuestionar, resistir y transformar la realidad.
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Cristina Rivera Garza y Juan Antonio Villoro reciben doctorado Honoris Causa por parte de la UASLP / Nahum Delgado / El Sol de San Luis
El Honorable Consejo Directivo Universitario de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, UASLP, entregó este 19 de marzo de 2026, el doctorado Honoris Causa a la escritora Cristina Rivera Garza, y Juan Antonio Villoro Ruíz, en un acto que no solo celebra una trayectoria literaria, sino también el papel de la escritura como herramienta de transformación social. El rector Alejandro Javier Zermeño Guerra y el secretario general Federico Garza Herrera, encabezaron la ceremonia.
Durante su intervención, la autora evocó su vínculo con San Luis Potosí, un territorio que, más allá de la geografía, forma parte de su memoria personal y literaria. Recordó viajes de juventud por municipios como Venado y Charcas, en la búsqueda de raíces familiares que, aunque no lograron reconstruirse plenamente, dejaron huellas imborrables en su imaginario. En ese recorrido, mencionó la presencia de un pequeño monumento dedicado a Ramón López Velarde, símbolo de una tradición literaria que, dijo, debería preservarse.
También los primeros reconocimientos que marcaron su carrera, uno de ellos recibido en esta misma entidad cuando tenía apenas 23 años. Aquella distinción, fue una afirmación temprana de su vocación, una señal de que su voz comenzaba a encontrar eco. Desde entonces, San Luis Potosí se convirtió en un punto de referencia constante en su trayectoria, tanto en lo personal como en lo creativo.
Cristina Rivera Garza / Nahum Delgado / El Sol de San Luis
Su obra ha mantenido ese lazo vivo, en títulos como Autobiografía del algodón y Nadie me verá llorar, la escritora ha tejido relatos que dialogan con la historia, la memoria y los territorios, incluyendo pasajes vinculados a la minería y a procesos sociales que marcaron a la región potosina.
Se pronunció por la defensa de la escritura como campo de conocimiento, pues desde su experiencia académica, actualmente al frente de un doctorado en escritura creativa en la Universidad de Houston, subrayó la dificultad que ha enfrentado la literatura para ser reconocida como una disciplina legítima dentro de las instituciones educativas. En ese sentido, interpretó el reconocimiento otorgado por la universidad potosina como una declaración clara: la creación literaria, el trabajo con el lenguaje y la reflexión profunda tienen un lugar fundamental en la vida universitaria.
La literatura es mucho más que una forma de expresión estética, la definió como una herramienta de pensamiento crítico, capaz de cuestionar las narrativas dominantes y de abrir espacios para imaginar realidades distintas. En un contexto global marcado por la violencia y la incertidumbre, sostuvo que escribir y leer son actos que permiten resistir, dudar y reconstruir.
Por su parte, el autor evocó la figura de su abuela, María Luisa Toranzo, una mujer autodidacta que, desde el aislamiento de una hacienda potosina, desarrolló una intensa relación con la lectura, los idiomas y la literatura, en un entorno donde el acceso a la cultura era limitado. El relato avanzó hacia los paisajes de San Luis Potosí, que el escritor describió como parte esencial de su formación emocional. Municipios, haciendas y desiertos se convirtieron en escenarios que definieron su imaginario, desde las historias familiares hasta las experiencias de juventud. Esa geografía, dijo, no solo fue un espacio físico, sino una gramática interior que moldeó su manera de entender el mundo.
En ese entramado literario y afectivo, también aparecieron figuras fundamentales de la tradición mexicana, como Manuel José Othón y Ramón López Velarde, cuyas obras ayudaron a dar sentido a ese territorio. Villoro destacó cómo la literatura de estos autores logra capturar la esencia de una región áspera y profunda, donde el paisaje se convierte en lenguaje.
Juan Antonio Villoro / Nahum Delgado / El Sol de San Luis
El escritor recordó también su formación en talleres literarios, particularmente bajo la guía del ecuatoriano Miguel Donoso Pareja, quien lo acercó a una visión menos centralista de la literatura mexicana. Fue entonces cuando San Luis Potosí dejó de ser solo un espacio de recuerdos familiares para convertirse en un punto clave en su desarrollo como escritor, a través de encuentros con autores de distintas regiones del país. Esa influencia se refleja en obras como El testigo, donde el estado aparece como un escenario narrativo cargado de historia, simbolismo y tensiones culturales.
Compartió un diario escrito por su abuela, un documento que, según dijo, marcó de forma decisiva su camino. En esas páginas encontró no solo recuerdos, sino una especie de mandato silencioso: continuar una escritura que ella no pudo ejercer con plena libertad. A partir de ahí, entendió su vocación como una forma de dar continuidad a una voz interrumpida.
Al reflexionar sobre el significado del reconocimiento, subrayó el papel de las universidades como espacios de pensamiento crítico, pluralidad y resistencia frente a los desafíos contemporáneos. En ese sentido, consideró que este Doctorado Honoris Causa no solo honra su trayectoria, sino que también reivindica la importancia de la literatura como herramienta para cuestionar, imaginar y transformar.
En tanto el rector, justificó estos reconocimientos porque se otorgan a quienes han dedicado su vida a la escritura “no representa un acto protocolario, sino una postura ética clara frente al presente, en la que la universidad manifiesta los valores que considera esenciales: una palabra responsable, crítica, libre y generosa”.
La universidad trasciende sus espacios físicos, al convertirse en una red viva de diálogo donde conviven el legado del pasado y la visión de las nuevas generaciones. En ese entorno, la palabra se analiza, se cuestiona y se comparte, consolidándose como herramienta clave para el pensamiento colectivo y la diversidad de ideas. Defender la libertad de expresión, afirmó, implica también garantizar la posibilidad de pensar en conjunto y desde la diferencia.