El espejismo de las 40 horas: la precariedad del profesorado universitario en México
El día de antier se publicó en el Diario Oficial de la Federación la reforma a la jornada laboral de 40 horas. Un paso enorme hacia condiciones laborales más dignas para las más de 61.3 millones de personas económicamente activas en 2026, de acuerdo con el INEGI.
Sin embargo, al menos para algunos sectores de la población como el universitario, la mejora de las leyes que rigen las condiciones laborales poco cambiará la evidente precarización económica y laboral de profesores, investigadores, personal administrativo y de limpieza.
No es nada nuevo. Desde hace décadas sabemos que estudiar una licenciatura e incluso una maestría o doctorado no te garantiza mejores condiciones laborales y económicas, y aún menos en los ámbitos universitarios.
Aunado a la precariedad económica, está la posibilidad de ingreso que tiene una persona a una universidad, que es casi nula sin un apalancamiento político o familiar.
Mi análisis tiene el objetivo de reflexionar en torno a la siguiente pregunta:
“¿De qué sirve la instauración de leyes como la de 40 horas de jornada laboral si los esquemas autoritaristas y corruptos del siglo pasado siguen existiendo en nuestro sistema laboral?”
Si nuestros profesionistas —que incluso durante décadas se prepararon con maestrías y doctorados, con procesos de evaluación y titulación súper exigentes— siguen sin entrar a una universidad porque no están dispuestos a respaldar un proyecto político, y que aún entrando por un azar del destino tienen que ganar el mínimo.
Nuestro país no prosperará mientras a la educación universitaria no se le valore como se debe. Y mientras ésta esté regida por el nepotismo, el clientelismo político, los concursos de plaza simulados y el amiguismo.















