Le cortaron la cabeza a Alejandro Gertz Manero. Hoy, ex fiscal general de la República. Ya era hora, luego de un paso más que desafortunado en el cargo. Su remplazo ya está listo. Sólo queda hacer el circo, la maroma y el teatro respectivos, para simular que la nueva fiscal será elegida por sus méritos y no por su cercanía con la presidenta Sheinbaum
Aparecía poco. Y cuando lo veíamos siempre estaba enojado. Era esa furia contenida, esa irritación senil de quien odia que le hagan preguntas incómodas. Preguntas a las que normalmente respondía con impaciencia y exasperación, como si aquel que le preguntó ofendiese su inteligencia. Queda para la posteridad aquella imagen de la llegada del gabinete de seguridad mexicano a Washington en febrero de este año, para reunirse con Marco Rubio y su pandilla. Aquella vez Gertz traía cara de pocos amigos. Con el semblante desencajado y su esperpéntica chamarra, que parecía sacada de un botadero de ropa de segunda mano, bajó de una camioneta y se escabulló como un fantasma para no vérselas con los reporteros. No obstante, su arrogancia e invisibilidad, los mexicanos tuvimos que chutarnos a Gertz desde 2019, año en el que López Obrador lo subió al carro de la 4T. Mala idea.
Fueron casi siete años en lo que Gertz hizo muy poco. Más bien, gran parte de ese tiempo lo dedicó a usar su enorme poder e influencias para zanjar asuntos meramente personales. Como la denuncia de homicidio doloso que Gertz entabló contra su propia cuñada y las hijas de ésta por la muerte de su hermano. O el litigio que emprendió contra la familia Jenkins de Landa, los dueños de la Universidad de las Américas, universidad de la que alguna vez Gertz fue el rector. En efecto, aquellos que se la hicieron a Gertz se la pagaron y muy cara. Lo mismo persiguió a científicos que a los opositores del régimen morenista. Ya de refilón, usó su cargo para saciar su ego y logró que le dieran el título de investigador del Conacyt. Ya encarrerado el ratón…
La intempestiva salida de Gertz levantó preguntas y sospechas. Y no sólo por todo el numerito que montó Morena para legitimar el despido, sino por lo inesperado. Que se sepa, Gertz no tenía intenciones de dejar la Fiscalía. ¿Y por qué habría de tenerlas, si la presidenta Sheinbaum lo trataba con pincitas? Apenas lo molestaba. El ex fiscal sólo se aparecía en las mañaneras de Palacio cuando no había más remedio. Entonces sí, Sheinbaum lo echaba por delante para que explicara lo inexplicable ante la prensa. Como aquella vez que lo invitó para que informara acerca del tenebroso hallazgo de un campo de adiestramiento y exterminio, localizado en el rancho Izaguirre en Teuchitlán, Jalisco. De inmediato Gertz declaró que en el rancho no se encontraron pruebas de incineraciones y que las fosas eran sólo hogueras. Con eso y el respaldo de la presidenta fue suficiente, al menos, para salir del paso. Digamos que Gertz gozó de una cierta autonomía. Una autonomía más ejecutiva que política, pues tanto él como su Fiscalía, eran soldados de la 4T. Sobre todo de la 4T de López Obrador.
La previsible llegada de Ernestina Godoy como manda más de la Fiscalía General de la República, supone la llegada de alguien incondicional a la presidenta Sheinbaum. Con Godoy la presidenta adquiere una nueva cuota de poder. Pues ahora será ella quien determine, sin el mínimo cuestionamiento, qué asuntos serán investigados y cuáles otros permanecerán en la congeladora del bienestar hasta el final de los tiempos. Y vaya que hay un vasto rezago de investigaciones por resolver. Desde el huachicol fiscal, hasta el rancho Izaguirre, pasando por el desvío de fondos de Segalmex y el cártel de La Barredora en Tabasco.
Además de los asuntos pendientes, Gertz dejó una Fiscalía General de la República que siempre mantuvo una relación distante con las fiscalías estatales. Como quien dice, nunca hubo coordinación. Era como si la intervención de la FGR en un determinado caso dependiera más del humor de Gertz o de la coyuntura política del momento, que de su responsabilidad de procurar justicia para todos los mexicanos.
Es también cierto que la relación de Godoy con el Secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, promete ser más eficiente y amigable que la relación que Gertz mantenía con Harfuch. Una relación que no pasó de ser institucional. Godoy y Harfuch son viejos conocidos. Son gente de la presidenta; los tres trabajaron juntos cuando Sheinbaum era jefa de Gobierno de la Ciudad de México. Resultaría impensable que alguien como Godoy pudiera traicionar a Sheinbaum, como se presume que lo hizo Gertz al filtrar información a los medios sobre asuntos que han causado preocupación en Palacio Nacional, como el caso de La Barredora o las andanzas del copropietario del concurso Miss Universo, Raúl Rocha Cantú, íntimo amigo y socio de varios connotados morenistas; una auténtica joyita, acusado de narcotráfico, tráfico de armas y distribución de huachicol. Alguien que días antes de la intempestiva salida de Gertz, se convirtió en testigo colaborador de la FGR. ¿Coincidencia?
Está claro que Godoy jamás actuará con independencia de la presidenta Sheinbaum, pero al menos podríamos esperar que hiciera algo que Gertz no hizo y que podría cambiar la manera de impartir justicia en México: una reforma profunda en las fiscalías de todo el país. Una reforma que transforme el papel del Ministerio Público y toda su corte.
Mientras eso ocurre y, gracias a la magia del dedazo presidencial, Godoy regresará a la procuración de justicia en un momento en el que el país arde. Ya veremos qué tal lleva la fiesta con el Secretario de la Defensa, Ricardo Trevilla, cuya Guardia Nacional deja mucho que desear. Godoy está a punto de enfrentar al México bronco. Vienen las intrigas, las tormentas y las preguntas incómodas; esperemos que las responda sin explotar en el intento. Bueno, con que diga la verdad, nos damos por bien servidos.