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Más de trece millones de mexicanos salieron de la pobreza durante el sexenio de López Obrador. Esa es la buena noticia; la mala es que esa reducción de la pobreza no será eterna, pues depende en gran medida de las ayudas que el gobierno entrega a los mexicanos por medio de transferencias de dinero en efectivo. El día que se termine el dinero, por la razón que sea, también se terminará la bonanza. Los nuevos clasemedieros volverán a estar jodidos. Los gobiernos morenistas han apostado por aplicar una solución temporal a un problema de largo plazo
Claro, mientras la gente reciba la beca del Bienestar puntualmente, el lugar de donde haya salido ese dinero no le importa mucho. Qué más da si ese dinero tiene su origen en el narcotráfico o en el huachicol. O es si es producto de otro nuevo préstamo solicitado al Fondo Monetario Internacional. En el caso de los préstamos, pocos caen en la cuenta de que cuando haya que pagar el mentado préstamo, el dinero no saldrá de los bolsillos de los funcionarios del gobierno que lo solicitaron, sino de los bolsillos de la gente. Y es que para el ciudadano de a pie, no queda muy claro, cuánto se debe ni cómo habrá de pagarse. Desde luego, mucho cuidado tiene el gobierno de nunca mencionar el monto de su deuda, la cual hasta hoy es de algo así como 18 billones de pesos. ¡Sí, 18 millones de millones de pesos! ¿Cuántas generaciones de mexicanos se necesitan para pagar ese dineral?
No hemos aprendido que no basta con regalarle dinero a la gente; también hay que enseñarle a administrar ese dinero y a multiplicarlo. Un pueblo que sabe ahorrar e invertir su dinero, siempre será próspero. Aun en los malos tiempos. Cuando López Obrador afirmó que con un par de zapatos y dos cientos pesos en cartera es suficiente para ser feliz, le faltó agregar que con una sólida educación financiera, el par de zapatos y los doscientos pesos se podrían multiplicar. No sólo se trata de terminar con la pobreza económica, sino también con la pobreza intelectual. La más miserable de todas. En las escuelas los niños aprenden muchas cosas, algunas de ellas absolutamente inútiles para la vida. Lo que llama la atención es que nunca se les proporciona algo parecido a una educación financiera. ¿Qué niño de nueve o diez años comprende la diferencia entre un activo y un pasivo? ¿Quién de esa edad entiende la importancia del flujo de efectivo? Muchos adultos ni siquiera lo saben. Y esa carencia de educación financiera lleva a que trabajen más duro, pero nunca salgan de la pobreza. Los japoneses, luego de ser devastados por dos bombas atómicas, que explotaron sobre Hiroshima y Nagasaki el 6 de agosto de 1945, pudieron recuperarse, entre otras cosas, gracias a los ahorros de la gente. Con ese capital fue posible reconstruir y echar a andar una industria hecha pedazos.
Si algo hay que reconocerle a los gobiernos obradoristas es que no se requiere cubrir grandes trámites para hacerse acreedor a alguna ayuda gubernamental. Quizá a ello se debe que la gente no sea especialmente cuidadosa al momento de gastarse esa lana. Para algunos es una especie de caja chica, de donde salen ciertos “lujitos” y frivolidades. Hay otros mas, que aunque no necesitan el dinero cobran puntualmente su pensión del Bienestar. Lo que cuesta poco esfuerzo, rara vez es apreciado. Sin embargo el gobierno cumple con dar, aunque en el dar exista una verdad oculta y preocupante que tampoco es percibida por la mayoría de la gente. Y es que si bien, papá gobierno entrega los apoyos prometidos, al mismo tiempo se desentiende de sus verdaderas obligaciones, como lo es mantener un sistema de salud pública y un sistema de seguridad, ya no digamos como los de Dinamarca, sino al menos, medianamente eficientes. Según el INEGI, entre 2022 y 2024, aumentó en cuatro millones el número de personas vulnerables por carencias sociales.
Pero el gobierno no es único responsable de que las cosas sean así. El pueblo bueno y gastalón también tiene mucho que ver en el entuerto. Los mexicanos prefieren, en general, tener el dinero en efectivo en su poder, que tener la certeza de que cuentan con clínicas y hospitales de calidad. Más vale pájaro en mano. Y es que las clínicas y los hospitales no sirven de mucho al momento de pagar la compra en el mercado. Somos una sociedad acostumbrada a pensar en la inmediatez y no en las consecuencias del largo plazo.
El mecanismo más efectivo del que dispone un gobierno para obtener dinero, es por medio de la recaudación de fiscal. Hasta hoy, el gobierno ha sido cuidadoso en eso de no aumentar los impuestos. Sin embargo llegará un día en que, aunque la idea sea impopular, papá gobierno se verá forzado a darle elsablazo al pueblo, ya sea con el aumento de los impuestos de toda la vida o con la creación de otros nuevos. De algún lado tiene que salir el dinero para seguir gastando como si México fuera un país rico. Si bien es cierto que hoy hay menos pobres en México, también es verdad que más de sesenta millones de mexicanos (casi la mitad de la población) no están inscritos en la seguridad social. En tanto, otros 19 millones no tienen acceso a una alimentación nutritiva y de calidad. Menos pobreza tampoco significa que hoy haya menos desigualdad en México. Los ingresos de la población más rica (1% de mexicanos) son 442 veces superiores a los ingresos de los más pobres. La distancia es abismal. Hace casi treinta años, estando en el hipódromo de Marrakech, en Marruecos, le pregunté a un ex presidente mexicano si creía que algún día los mexicanos saldríamos de la pobreza. El tipo frunció el ceño y soltó una carcajada. Luego exclamó: “Los mexicanos nunca dejarán de ser pobres”. “¿Por qué”, pregunté yo. El ex presidente le dio un sorbito a su whisky Johnnie Walker green label y sólo dijo: “Porque nadie les ha enseñado a pensar como ricos