El mandatario estatal aprovechó la conferencia Semanera para enviar un mensaje de condolencias al activista y a su familia, con quienes dijo mantener una relación cercana
Las víctimas fueron identificadas como Raúl Ernesto “N” y Carlos Manuel de Jesús “N”, ambos agentes activos de la Secretaría de Seguridad Pública y Tránsito Municipal (SSPyTM)
Mientras más del 90% de universitarios usa IA para tareas, especialistas advierten que no sustituye el trabajo, sino procesos clave del aprendizaje, lo que obliga a replantear cómo se enseña y evalúa
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La semana pasada el presidente Trump firmó una orden “secreta”, con la que le da luz verde al ejército gringo para que use la fuerza contra los cárteles latinoamericanos de la droga. De inmediato, la presidenta Sheinbaum, en su conferencia mañanera, descartó que pudiera darse una invasión militar de Estados Unidos a México. En efecto. Es poco probable que ocurriera una invasión como las que vemos en las películas de Hollywood, con aviones, tanques y marines. No. La invasión es y será ideológica. Es la invasión de las ideas y de las narrativas. Una invasión apoyada, involuntariamente, por la soberbia y la retahíla de pifias cometidas por el partido en el poder
Tras todo lo que hemos visto y escuchado en los medios y las redes sociales en estas últimas semanas, ¿qué mexicano podría dudar el senador Adán Augusto López es culpable de los delitos, asumidos pero no comprobados, que se le imputan? Si lo vemos objetivamente, Adán Augusto ni siquiera ha sido citado a declarar, ni mucho menos, pesa sobre él una investigación. Sin embargo, hoy son pocos los que meterían las manos al fuego por él. Es el juego de la percepción. Una percepción que el gobierno gringo ha sabido manipular pacientemente. Las filtraciones y los rumores que comenzaron a circular en las redes y en la prensa sobre Adán Augusto, poco a poco lo fueron desgastando, hasta que quedó acorralado. Llegó el momento en que, sin importar qué dijera o hiciera, los mexicanos ya tenían un veredicto sobre él.
Otro ejemplo: la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila. Todo marchaba sobre ruedas en el mundo Barbie de Marina, hasta que los gringos deslizaron el rumor de que le habían cancelado la visa. El rumor se confirmó muy pronto. Ya caída en desgracia, la gobernadora cometió el error que suelen cometer la mayoría de los morenistas. Quiso salir a defender su “honorabilidad” frente los medios. Le fue como en feria con los tijuanenses. Los gringos nunca aclararon por qué le habían retirado la visa, en cambio, propagaron la idea de que Marina estaba incluida en una lista negra de narco-políticos mexicanos, elaborada por Marco Rubio, secretario de Estado del gobierno de Trump. Más le hubiera valido a la gobernadora quedarse callada y permanecer así, en espera de que un nuevo escándalo opacara al propio. Hay tantos. Pero le ganaron la inexperiencia y la soberbia; esa soberbia que suele obnubilar a los nuevos ricos.
Durante la guerra de Vietnam, la filosofía de las invasiones que los gringos realizaban en ciudades y pueblos obedecía a la doctrina de la contención del comunismo. Digamos que reinaba la idea, el temor, de que si Vietnam caía bajo el control comunista, otros países del Sudeste Asiático seguirían el mismo camino. Se trataba de aniquilar a toda costa cualquier acción que atentara contra el establishment. No importaba que en el intento, los vietnamitas fueran víctimas de abusos e injusticias por parte del ejército gringo.
Décadas más tarde, cuando los gringos invadieron Irak, cambiaron completamente su filosofía acerca de las invasiones. Ya no era como en Vietnam. El gobierno había aprendido, luego de perder decenas de miles de soldados en las selvas vietnamitas, que no basta con invadir un país por medio del uso de la fuerza, es necesario también echarse a la bolsa al pueblo invadido. Todo está en venderle la idea (al pueblo) de que la invasión es por su propio bien y que los invasores son sus amigos. Se dice fácil, pero lograrlo requiere de una enorme y, no menos compleja, maquinaria propagandística. La cual involucra medios de comunicación, ciudadanos inconformes y partidos opositores al gobierno. Los gringos descubrieron, por las malas, que antes que enfrentar a una turba enardecida y armada, es mejor idea comprar voluntades. ¿Qué ciudadano vería con malos ojos a un invasor que, además de liberarlo de sus opresores, lo ayuda con dinero y comida?
En el caso de México, la estrategia de los gringos de conquistar voluntades pareciera estar funcionando. Cada vez más mexicanos, incluso muchos de quienes le dieron su voto a Morena, comienzan a desencantarse del resultado. Tal desencanto, en buena medida, ha sido ocasionado por el bombardeo constante de historias, chismes y rumores surgidos desde los medios gringos. Periódicos como el New York Times y el Washington Post han sido los preferidos por el gobierno de Trump para retratar los excesos y las corruptelas de la 4T. Sí. Al igual que en el caso de Adán Augusto, son los propios morenistas quienes se han puesto de pechito para que los gringos los hagan pedazos.
Eso sí, cada vez que los gringos insinúan la posibilidad de invadir territorio mexicano para enfrentar a los cárteles de la droga, la presidenta entra en modo “libertador latinoamericano”. Se transforma y enseguida comienza con su discurso patriotero y cursilón para exigir respeto a nuestra soberanía. Bueno. Es de agradecerle que se controle y que no le eche bravatas a Donald Trump, ni lo llama cobarde. Al estilo del dictador y presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. En efecto, Maduro es otro que tiene buenas razones para estar temblando. Pues, a diferencia del trato preferencial que los gringos le dispensan al gobierno mexicano, con Venezuela el tiro está cantado. Venezuela no es el principal socio comercial de los gringos, tampoco comparte con ellos tres mil kilómetros de frontera. Así que no hay una buena razón que obligue a guardar las formas.
Estamos viendo el inició de la cacería para capturar a Maduro, acusado por Washington, de mantener vínculos con el Cártel de Sinaloa y el Cártel de los Soles. A estas alturas, poco importaría que el acusado no tuviera vínculos con la maña, los gringos ya se encargaron de crear, ante el mundo, la percepción de que Maduro es un narco-presidente. Y para que no quede duda, ofrecen 50 millones de dólares de recompensa por su cabeza. A ver quién lo traiciona primero. Sí. Hoy es el presidente venezolano. Pero mañana podría ser el propio López Obrador. ¿Y la presidenta Sheinbaum, cómo percibirá el mensaje de Trump?