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El organismo denuncia que autoridades le han impedido ingresar con equipo médico esencial en servicios recientes, lo que pone en riesgo la atención prehospitalaria y la seguridad de pacientes y rescatistas
Mientras el diésel se mantiene por debajo de los 30 pesos y la gasolina regular oscila entre 23 y 24.50, usuarios priorizan cargar por cantidades fijas como forma de controlar su gasto
El Congreso del Estado de Sinaloa aprobó una minuta de reforma al artículo 127 de la Constitución para impedir que pensiones de exfuncionarios y personal de confianza superen la mitad del ingreso de la titular del Ejecutivo federal
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Como si el gobierno de Claudia Sheinbaum no tuviera suficientes broncas con la obsesión de los gringos por exterminar a los cárteles mexicanos de la droga, el presidente colombiano de izquierda y ex guerrillero del M-19, Gustavo Petro, lanzó hace unos días una acusación que vuelve a poner al gobierno mexicano en el epicentro del escándalo. Ahora resulta que México, según Petro, es un país desde donde se apoya a la guerrilla colombiana (no salimos de una y ya estamos en otra)
En su momento Donald Trump soltó sin ambages que el gobierno mexicano es aliado del narco. En el caso de Petro, éste acusó hace poco que el cártel de Sinaloa es el verdadero jefe del Ejército de Liberación Nacional colombiano (ELN), una de las organizaciones guerrilleras de extrema izquierda, más poderosas de América Latina. Es tal su fuerza que los gringos la consideran una organización terrorista con un largo historial de secuestros, extorsiones y tráfico de drogas.
Lo que deja mal parado al gobierno de Claudia Sheinbaum es que, si como afirma el deslenguado de Petro, el cártel de Sinaloa es quien le da las órdenes al ELN, necesariamente el propio gobierno de México sería cómplice de la guerrilla colombiana. Pues ha sido al amparo y con el visto bueno de los morenistas, tanto de este sexenio como del anterior, y de los panistas y priistas de sexenios atrás, que el cártel de Sinaloa logró expandir su influencia en buena parte de México y del mundo. Eso, hasta que un día el Mayo Zambada fue levantado y llevado a Estados Unidos. Ahí se rompió el encanto. La guerra estalló. Y con ello llegaron las amenazas de Trump, las cuales obligaron a Sheinbaum a iniciar una persecución feroz contra los bad hombres que producen el fentanilo, la droga de la discordia.
Hace unos meses, cuando Sheinbaum asumió la Presidencia, Petro y su imparable lengua, en un intento de condescender con la presidenta, aseguró que Sheinbaum había sido activista y militante del grupo guerrillero M-19, pues en su momento dio cobijo a muchos guerrilleros colombianos que eran perseguidos por los militares. No me ayudes, compadre, probablemente pensó Sheinbaum cuando oyó tamañas declaraciones de su compañero de lucha colombiano, cuyo gobierno no ha podido resolver la crisis humanitaria que se vive en la región ubicada al norte de Colombia, conocida como el Catatumbo, donde se produce una buena parte del perico que se exporta a todo el planeta.
Si bien hay otros, como Evo Morales o López Obrador, Petro es la personificación del socialista latinoamericano. Ese que va por la vida de antiimperialista, que aparenta ser muy bravo, muy respondón con los gringos. Pero que al primer manotazo, baja la cabeza y hace lo que Washington le ordena. Lo vimos hace poco, cuando Petro tuvo la osadía de negarse a recibir en Colombia los vuelos procedentes de Estados Unidos con inmigrantes colombianos deportados. Ante la negativa de Petro, el presidente Trump sacó el garrote y lanzó la consabida amenaza de imponer un arancel del 25% sobre los productos colombianos, que se elevaría a 50% en una semana. Como respuesta, Petro, el guerrillero poeta, se descoció y redactó una especie de carta-manifiesto, que pareciera sacada de algún discurso del Che Guevara o de Hugo Chávez, en la que lo menos que le dijo a Trump fue: “Túmbeme, presidente y le responderán las Américas y la humanidad”. Unas cuantas horas más tarde de que se publicara en las redes la gallarda respuesta de Petro contra el “imperio yanqui”, su gobierno anunciaba que los aviones gringos tenían la autorización de aterrizar sin restricciones y de manera ilimitada en suelo colombiano. Por no decir, “bolivariano”. Más rápido cae un hablador…
Como todo buen socialista latinoamericano, a Petro se le ha relacionado con el narcotráfico y con las chapuzas. Apenas este lunes se supo que uno de los contrabandistas más poderosos de Colombia, conocido como Papá Pitufo, le dio dinero a uno de sus asesores para financiar parte de su campaña presidencial en 2022. Asimismo, en marzo de 2023 el hijo mayor de Petro fue arrestado por la fiscalía general de Colombia por presunto lavado de dinero y enriquecimiento ilícito, tras recibir unos buenos billetazos de El Hombre Marlboro, un ex narcotraficante condenado en Estados Unidos. En efecto, es cosa común en Latinoamérica que los hijos de los presidentes izquierdosos usen el poder patriarcal para hacer negocios. Llegan amolados. Y en seis años se vuelven millonarios. Abundan en nuestra clase política ejemplos de lo que significa usar el nombre de papi para traficar influencias y cobrar favores en efectivo.
En México también tenemos a nuestro Gustavo Petro, sólo que en la persona de un político socialista fifí. Uno de los ejemplos más acabados de la arrogancia y el despotismo de las cúpulas de la 4T. Nada menos que el compañero Fernández Noroña, actual presidente de la Cámara de Senadores. Quién fuera como el bellaco mayor, que es como también se le conoce a Noroña en los corrillos de la Cámara Alta. Lo mismo se le ve en algún lujoso salón VIP del aeropuerto de la Ciudad de México, que hablando en las redes, mientras se deleita, y nos presume, su agua de manantial gasificada de origen francés. Eso cuando lo vemos en México, porque el compañero Noroña gusta de viajar con frecuencia a Estados Unidos, paraíso del capitalismo y la propiedad privada, para vacacionar y relajarse en ciudades como Nueva York. Qué le apura al compañero, si su sueldo lo paga el pueblo bueno y sabio. Igual que paga el sueldo y las excentricidades de todos aquellos que gobiernan en nombre de los pobres. Por el bien de México y, de los que lo gobiernan, ¡primero los pobres!
Así las cosas, no sería raro que las acusaciones de Petro contra México contaran con un sustento sólido. Y es que aunque incomode, la historia demuestra que la línea que divide a los socialistas latinoamericanos de los guerrilleros y de los narcos, se ha hecho tan delgada, que ya no se sabe quién gobierna a quién.