Desde Mocorito, un hombre que de luchador social no tiene nada, menos de profesor, pero sí mucho de grillo político, Carlos Rea soltó un discurso lamentable, desdoblado, reviviendo a aquel viejo PRI de los 60 y 70.
La estrategia de acusar a la oposición de promover la marcha nadie se la cree a los de Morena, porque en realidad se trató de un movimiento orgánico en el que, sí, intentaron colarse los partidos, pero no lo lograron. ¿Por qué les cuesta aceptar que la ciudadanía salió a protestar en contra de la violencia y contra el gobierno de Rubén Rocha Moya?
Ese discurso de Carlos Rea a sus huestes morenistas, arengando además que también harían una marcha de desagravio, y para ello, pues tienen millones y clientela electoral, es la reedición de lo más rancio del PRI, así lo hacía. Hoy lo hacen ellos, los que ostentan el poder.
Al coro salió también Merary Villegas, dirigente de Morena. Se acuerparon en el discurso iluso de que es la oposición, aunque cuando ellos eran oposición también lo hacían. El intento de deslegitimar o contrarrestar no ha quitado que la marcha sea parte de la narrativa nacional. Para muestra, la presidenta Claudia Sheinbaum no pudo abonar nada a eso cuando le preguntaron en la mañanera.
Y Rocha leyó una postura sobrada, pues no hace falta decir que se respeta la libertad de expresión cuando la Constitución tutela este derecho.
La comparecencia tersa
Lejos de ser un ejercicio de transparencia, las comparecencias de los secretarios del estado se han caracterizado principalmente por parecer pasarelas de funcionarios en donde en lugar de rendir cuentas acuden a palmearse las espaldas por cumplir con su deber.
Por las formalidades del asunto, el tiempo que duran principalmente es en saludar a los presentes y al final tomarse las fotos con los diversos asistentes, en su mayoría funcionarios públicos también.
A pesar de la simpleza de los eventos, hay una en particular que pasó desapercibida, pero en realidad no debió de haber pasado y es la de Feliciano Castro Meléndrez.
El Guasave, conocido ya en los viejos mundos de la izquierda sinaloense, pasó de tener en sus manos al Poder Legislativo a ser el supuesto Secretario General de Gobierno.
En cuanto tomó el mando de la dependencia estatal fue denominado como el vocero, aquel que da la cara diariamente en representación del gobierno de Rocha Moya en las impracticables conferencias diarias.
Su comparecencia fue breve, presumió la construcción del Centro de Resguardo e Identificación Humana y las atenciones que ha dado la Comisión de Víctimas.
Es la primera vez que un secretario General de Gobierno comparece y la verdad es que fue innecesaria. Quien está a cargo de esta área literalmente debería de encargarse de los asuntos políticos del estado, pero desde que Feliciano asumió el cargo se ha relegado a ser una figura mediática.
¿Quién lleva las riendas de la política en el estado entonces?