Se desborda el reclamo de justicia
Y es que el gobernador, en un afán de minimizar las cosas, sobre todo cuando periodistas de fuera de Sinaloa le preguntan cómo anda la situación, forzosamente parece irrespetar a la inteligencia sinaloense, que ve a diario cómo se van vidas humanas por esta batalla interminable de los grupos del crimen organizado en conflicto.
La otra tragedia es que no reconozca que la violencia en contra de niños, niñas y adolescentes les está lacerando la vida, el caso de Gael Antonio y de su hermano Alexánder desnudan al Estado, pues no fue capaz de darle seguridad al tesoro más preciado de una sociedad: su infancia.
Claro que sí hay un impacto en las infancias cuando a diario miran en redes sociales, se enteran de una u otra forma, de lo que ocurre en las calles, deja heridas profundas en quienes las están viviendo, las familias, los amigos de la escuela.
Y es aquí donde falla la mala gestión del Estado, porque es más fácil crear un programa social clientelar políticamente, que sacar de verdad del atraso a quienes en un círculo vicioso engrosan las filas del crimen organizado.
Atrapada en la violencia
La crisis de inseguridad que vive la colonia Francisco Villa de Mazatlán en los últimos dos meses mantiene sometida a sus habitantes, y las autoridades la consideran un sector para monitorear por estos hechos violentos.
En este contexto de inseguridad, ese asentamiento, que está “atrapado” en el casco urbano, es punto que preocupa a las autoridades, quienes se niegan denominarla “foco rojo” de inseguridad para n estigmatizarla.
Sin embargo, se trata del asentamiento humano que ha presentado más niveles de violencia, no solo homicidios dolosos, también ataques en donde han habido lesionados, incluso personas privadas de la libertad.
En esa zona, en varios puntos las Fuerzas Armadas han decomisado máquinas tragamonedas.
En una colonia popular como lo es la Francisco Villa, sus habitantes refieren haber cambiado sus hábitos ciudadanos, como evitar salir y sentarse por las tardes en sus banquetas para “tomar el fresco”.
La tranquilidad, a decir de ellos, se rompió por la falta de atención de las propias familias y las autoridades.
Los cinco asesinatos de diciembre a la fecha la ubican como el asentamiento com mayores índices de inseguridad, eso sin contar con los delitos del orden común, como el robo a domicilio, robo a comercios, robo a traséunte, que se han dejado de lado en las estadísticas por el incremento en los niveles de inseguridad.
El reforzamiento de la seguridad en el asentamiento no es una garantía de que no vuelvan a ocurrir asesinatos, es una medida precautoria para que baje la estadística, que amenaza a todo el puerto y en la percepción de inseguridad ante turistas nacionales y extranjeros.
La batalla de la narrativa de la seguridad en el puerto no ha tenido el eco que las autoridades quisieran, al contrario, pues cada vez que la gente escucha disparos, o cree que fueron balazos, se conecta a las redes para preguntar qué esta pasando.














