Antes no había palomitas: así era ir al cine en Sinaloa en sus inicios
El Dr. Samuel Octavio Ojeda nos transporta a los años 50; la sala era el centro social del pueblo, mucho antes de la dulcería
Mariam Bon / El Sol de Sinaloa
Culiacán, Sin.- El cine en Sinaloa no comenzó con alfombras rojas ni con complejos comerciales. Comenzó con puertas grandes, mal cerradas, bancas de madera y un puñado de personas que querían ver algo que hasta entonces parecía casi magia: imágenes en movimiento.
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Las condiciones no eran muy agradables en ese entonces. Las bancas eran de madera y cada quien se acomodaba como podía. No había dulcería. No existían las palomitas como parte de la experiencia dentro de la sala. La gente compraba “mestizas” y refrescos afuera.
El cine era la única forma de diversión constante. Había tres funciones por semana. Con cuatro pesos se podía pagar la entrada, una mestiza y un refresco. El boleto para adultos costaba 2.20 pesos; para niños, un peso. El refresco valía 75 centavos.
No todo fue perfecto en la memoria. El doctor recuerda la frustración de no haber asistido a la función gratuita de inauguración del Cine Venus. Su madre le dijo que, si no pasaban por él, no iría. No pasaron.
Su primera película no mexicana fue Lo que el viento se llevó. Tenía siete u ocho años. Duraba más de tres horas. Se quedó dormido. Salió sin entender la historia completa. Después vendrían otras experiencias, como Tiburón, cuya proyección terminó entre aplausos de una sala llena.
Para él, el cine no fue solo entretenimiento. Fue escuela emocional, espacio de encuentro y patrimonio cultural. Un punto donde la comunidad se miraba a sí misma.
“Es lamentable lo que hoy pasa con las salas de cine”, expresó. Y su preocupación no se limita a la industria, sino a lo que representa: la pérdida de un ritual colectivo.
Sinaloa, sostuvo, tiene la responsabilidad de reconocer lo que la industria cinematográfica le dio a su gente. No solo películas, sino memoria compartida.
Porque antes de las plataformas y antes de las palomitas, el cine fue comunidad. Y esa historia también merece conservarse.


























