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Culturalunes, 11 de agosto de 2025

El folk sinaloense se va

La falta de foros y la violencia empujan a músicos de folk a migrar, el cantautor Jeffrey Salaz describe el éxodo silencioso de la escena local

Mariam Bon / El Sol de Sinaloa

En entrevista con El Sol de Sinaloa, el músico confiesa que tocar en su ciudad se ha vuelto una rareza, y cuenta que muchos de los cantautores culichis están migrando.

“Por ejemplo, Charly, mi productor en Trash Panda Studio, ya se está quedando sin clientes. No porque no quieran grabar con él, sino porque ya no hay nadie en Culiacán. La mitad de los que grababan ya se fueron a Ciudad de México”, relata.

La falta de espacios y el clima de inseguridad han forzado una migración silenciosa de artistas. Según Jeffrey, al menos diez cantautores locales han abandonado Sinaloa.

Salaz forma parte de una generación que trató de mantener viva una escena alternativa en Culiacán. Menciona lugares como Alicletas, que antes daba espacio a bandas y hoy se ha volcado hacia el karaoke y el entretenimiento más comercial.

La escena que alguna vez floreció

Incluso su más reciente evento tuvo buena respuesta. “Se llenó por completo, me quedé pensando ‘güey, ¿dónde meto a la raza?’. Ya no cabíamos. La gente se quedó afuera y sin sillas… y aún así se quedaron”, dice.

Pero esas noches ya no son comunes, hoy cuesta organizar toquines, cuesta que la gente asista, y cuesta, sobre todo, sentirse seguro tocando.

Del folk tumbado al adiós

Después de la pandemia, Salaz intentó adaptarse a lo que más sonaba: los corridos tumbados, experimentó con una mezcla que llamó “folk tumbado”, pero no terminó de convencerlo. “Lo mío es el folk alternativo”, afirma.

Tocar donde se puede

A pesar del panorama, hay quienes siguen tocando desde aquí, Napo (que ahora tiene su Napolitano Band), Carlos Higuera, Nick Angiuly (quien volvió a Estados Unidos), El Rapo, Cueto, Chiquete, Shalem, Kenny y El Fariseo, entre otros.

Salaz ya tiene una ruta clara: grabar un disco y un videoclip en Monterrey, presentarse en Corelepe y en un campamento de cantautores en CDMX, y pasar al menos tres meses tocando en bares y foros de la capital de México.

“Nadie es profeta en su tierra”

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