El payaso nunca fue solo comedia: su papel como protesta cultural y digital
Del bufón medieval a los trends de TikTok, la figura del payaso se mantiene como espejo incómodo de la sociedad
Del bufón medieval a los trends de TikTok, la figura del payaso se mantiene como espejo incómodo de la sociedad

Mariam Bon / El Sol de Sinaloa
Los payasos han acompañado a la sociedad mucho más allá del circo y la comedia ligera. Desde los bufones medievales, que tenían permiso para ridiculizar a reyes y cortes, hasta colectivos contemporáneos como el Clandestine Insurgent Rebel Clown Army (un grupo activista de izquierda antiautoritario que utiliza técnicas clown y no violentas para actuar contra la globalización corporativa, la guerra y más) la figura del clown ha sido un espejo incómodo de razones sociales.
Su fuerza radica en lo mismo que lo hace ridículo: usar la exageración, la risa y la burla para exponer lo absurdo de las jerarquías.
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En México, el tema ha encontrado nuevas resonancias. Películas como Chicuarotes (2019) de Gael García Bernal reavivaron la conversación sobre el clown como reflejo de desigualdad y rebeldía, pero la figura ya circulaba en el teatro callejero y en protestas sociales desde hace décadas. Durante la pandemia, incluso, los colores, disfraces y maquillajes clownescos se convirtieron en tendencia digital: un gesto performático de libertad en medio del encierro.
Hoy, el fenómeno se traduce en un lenguaje generacional que se viraliza en plataformas como TikTok e Instagram. El reciente trend de “ojitos mentirosos”, con miles de usuarios maquillándose como payasos para señalar formas de vida no convencionales, muestra cómo la estética clown se convierte en una forma de protesta íntima: con imágenes y contraste.
Así, entre la calle y la pantalla, entre el bufón antiguo y el meme contemporáneo, el clown sigue cumpliendo la misma función de siempre: recordarnos que el poder y la vida misma, a veces, no son más que un espectáculo absurdo que merece ser cuestionado de alguna forma.