La colombiana que dejó su hogar para contribuir a la paz en Culiacán
La extranjera forma parte del programa de voluntarios internacionales de AIESEC, y a pocos días de regresar a su natal Colombia, cuenta su experiencia en esta región del noroeste de México
Alejandra Morales
Culiacán, Sin.- Yulibeth Mendoza España es una joven colombiana que viajó desde su hogar hasta tierras tricolores para contribuir a la paz de Culiacán como voluntaria en SUMA I.A.P.
Aunque de profesión es contadora pública, ha encaminado su vida hacia el emprendimiento, el empoderamiento femenino y la contribución a causas sociales.
Originaria de Ariguaní, Magdalena, estudió en su ciudad natal antes de mudarse a Bogotá, donde vivió por más de dos años.
Sin embargo, su corazón y visión la llevaron de regreso a Valledupar, donde busca consolidar su tienda de accesorios femeninos con un enfoque social.
Más allá del comercio, su sueño es crear una fundación que promueva el liderazgo y la autonomía de las mujeres, una idea que la ha acompañado durante mucho tiempo y que se alinea con su vocación de servicio.
El camino hacia AIESEC y su decisión de ir a México
Fue en la universidad cuando descubrió AIESEC, una organización que promueve intercambios culturales y voluntariados internacionales.
Su primer acercamiento fue cuando quiso hospedar a un voluntario en Colombia, pero su perfil llamó la atención de los miembros de AIESEC, quienes la invitaron a formar parte del equipo.
A pesar del miedo inicial, decidió que su misión debía ser salir de su zona de confort y generar un impacto real en una comunidad que lo necesitara.
Su llegada a Culiacán: entre el temor y la sorpresa
Al llegar a Culiacán, la ciudad le pareció sorprendentemente tranquila, aunque pronto se dio cuenta de la realidad que viven sus habitantes.
“Si nadie me hubiese contado sobre la violencia, habría pensado el primer día que era una ciudad muy tranquila… pero luego ves muchas patrullas y soldados con armas en cada esquina.”
A pesar de la incertidumbre, se sintió motivada para trabajar en su misión dentro de SUMA, una organización enfocada en la prevención de la violencia entre jóvenes de primaria y secundaria.
Un voluntariado con propósito
Desde el inicio, Yulibeth se cuestionó cuál sería su aporte real a este proyecto, ya que “no quería ser solo alguien que dio unas clases y se fue, quería dejar algo significativo.”
Por eso, decidió crear un documento detallando oportunidades de mejora dentro de SUMA, que ayuden a cumplir los objetivos de la organización efectivamente.
“Me la voy a rifar en ser la mala de la película”, menciona, explicando que identificó áreas que podían optimizarse y propuso soluciones concretas.
También se enfocó en empoderar a los jóvenes, pues para Yulibeth, ellos sin principio de cambio por lo que trabajar en orientarlos para que aprendan a tomar decisiones ante los problemas.
Al igual que SUMA, buscó que los jóvenes no solo reciban información, sino que la interioricen y se conviertan en líderes dentro de sus comunidades.
“Ellos pueden ser la lucecita para los demás”, asegura.
Un cambio de vida y aprendizaje personal
Más allá de su labor en Culiacán, Yulibeth siente que su experiencia en la ciudad le dejó una profunda enseñanza.
“Ahora sí puedo decir que Culiacán me cambió la vida.”
Aprendió a verse a sí misma con mayor claridad, y descubrió que “todo aquello que me molestaba del otro era todo aquello que yo era o todavía soy.”
También descubrió el valor de la hospitalidad, tras convivir con la calidad de distintos culiacanenses.
Por otro lado, Culiacán también le mostró una realidad difícil, pero de eso aprendió de la resiliencia de sus habitantes, la cual se lleva a casa con admiración.
“Aquí la gente sigue soñando, aún con todas esas problemáticas.”
El mensaje que deja a Culiacán
A pocos días de regresar a su natal Colombia para regresar a su labor como emprendedora, líder y activista, Yulibeth tiene claro lo que quiere transmitir.
“Sería maravilloso que los adultos que construimos el futuro de los jóvenes entendiéramos que todo cambio inicia con nosotros”, expresa con firmeza.
Su paso por Culiacán durante seis semanas de voluntariado le mostró que la paz no es solo un deseo, sino una acción del día a día.
“La paz que tanto anhelamos y exigimos está en las decisiones que tomamos cada día: hacer las cosas bien cuando tenemos la oportunidad de hacerlas mal”.
Yulibeth deja Culiacán con un corazón lleno de aprendizajes y la esperanza de que los jóvenes con los que trabajó en SUMA se conviertan en líderes de cambio en su comunidad.
La colombiana tiene un negocio de accesorios para mujeres, donde busca vender productor elaborados por mujeres de su pueblo.





























