La novia que camina por todas: una manifestación de memoria, arte y paz
María Romero convirtió la figura de Guadalupe Leyva Flores en símbolo de dignidad femenina y encuentro colectivo, uniendo arte, memoria y amor por su ciudad
Mariam Bon / El Sol de Sinaloa
“Las mujeres no estamos locas ni menopáusicas ni nada, este recorrido es para recordarnos que la ternura también es una forma de resistencia”.
La estafeta de Lupita
María recuerda que tenía diez años cuando conoció a Guadalupe Leyva Flores, la mujer que inspiró la leyenda popular, iba con su madre al mercado Garmendia y en una mercería, vio acercarse una figura vestida de blanco.
“Vi una nube blanca aproximarse; puso su mano sobre mi hombro y no me moví. Sus uñas eran rojas como fuego, con un rosario entrelazado. Yo sostengo que Guadalupe me tocó, me eligió“, cuenta la artista.
Aquel encuentro se convirtió en símbolo: Lupita le pasó la estafeta ese día. Desde entonces, Romero lleva sobre sí el mensaje de transformar el miedo en belleza.
Entre la violencia y la ternura
“Cuando era niña recuerda empezaron los gomeros a tener enfrentamientos y a apropiarse del territorio. Pero mi mamá nos cobijaba con alegría, con eventos lúdicos, nos hacía buñuelos y tortillas de harina”.
Cada año, las participantes representan a las novias de un pueblo que resiste y se rehace, vestidas de blanco, caminan con flores, velos y velas, en memoria de quienes ya no están, pero también en afirmación de la vida.
“Mientras pueda seguir vistiéndome de novia, lo haré”, dice Romero, agradeciendo con mi acción a Culiacán”.


























