Juanita Lumbrera relata cómo comenzó en las constelaciones familiares, cómo ha evolucionado esta práctica en Sinaloa y por qué cada vez más personas buscan este camino
Terapia individual (mínimo una sesión obligatoria antes de una grupal), Constelaciones grupales, Diplomados en constelaciones familiares, Talleres de pareja, Terapias complementarias como barras, respiración y mindfulness
“Me apasiona este trabajo, no hay nada más satisfactorio que ver a alguien salir más libre, más en paz, que alguien diga, vine con ansiedad y me voy con calma, eso es lo que me mueve”
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Juana Lumbrera es fundadora del centro terapéutico Raíces de Amor. / Iván medina/El Sol de Sinaloa
Hace más de 18 años, Juana Lumbrera asistió a una sesión de constelaciones familiares con el escepticismo con que muchos llegan por primera vez, su hija había mostrado interés en un diplomado y ella, pensando que se trataba de “muñequitos raros o brujería”, decidió acompañarla, salió con un libro, conmovida por lo que había presenciado, y con el deseo profundo de aprender, “vi una constelación de una niña abusada, entendí todo y dije yo quiero aprender eso”, recordó en entrevista exclusiva para El Sol de Sinaloa.
Desde entonces, Juana ha dedicado su vida a estudiar, practicar y compartir esta herramienta terapéutica, se ha formado en diversos enfoques, constelaciones familiares, terapia de contención, terapia de barras, mindfulness e hipnosis, y fundó en Culiacán el centro terapéutico Raíces de Amor, donde ofrece constelaciones individuales, grupales, talleres y diplomados.
Juanita como es conocida, define las constelaciones como un recurso terapéutico, no una terapia en sí, que permite visualizar los desórdenes dentro de un sistema familiar, utilizando representantes o figuras, se configuran escenas que revelan dinámicas inconscientes, traumas heredados o conflictos no resueltos. “Cuando te preparas, alcanzas a hacer una lectura del sistema familiar, lo que surge en la constelación se valida con el paciente, a veces preguntas, ¿te duele la espalda?, y resulta que sí, todo tiene una correlación”, explicó. Además de las familiares, también existen constelaciones empresariales y organizacionales, pero en su experiencia, los temas más comunes giran en torno a la salud emocional, las relaciones afectivas y los conflictos transgeneracionales.
Con más de tres generaciones de pacientes atendidos, Juanita ha sido testigo del cambio cultural en torno a la salud emocional en el estado, lo que antes se consideraba esotérico, hoy se valora como un camino de autoconocimiento y reconciliación. “Antes la gente tenía miedo, hoy, muchos vienen con la mente más abierta, incluso los hombres, que antes no querían ni hablar de esto, las redes sociales han ayudado, la gente busca videos, podcast, quiere estudiar, ya no cree que esté loca, si va al terapeuta”, explicó durante la charla. No obstante, todavía hay obstáculos, algunos provienen de creencias religiosas o culturales arraigadas, sobre todo en generaciones mayores.
Una de las experiencias más profundas para Juanita ha sido trabajar con familias que han recurrido a la fertilización in vitro, según relata, los “niños congelados” o no nacidos requieren ser reconocidos dentro del sistema familiar, y muchas veces, eso impacta en la salud emocional de los hijos nacidos. “A veces constelamos para honrar a los embriones que no llegaron a término, parece simbólico, pero el alivio que sienten los padres es real”, aseguró.
En su experiencia, muchas enfermedades tienen raíz emocional, “las enfermedades inmunológicas casi siempre reflejan peleas internas o entre miembros de la familia, lo vemos en constelaciones, yo no digo que se curen, no hago magia, pero sí he visto mejoras impresionantes”.
Los principales motivos de consulta en su centro son, problemas en la relación padres e hijos, enojos no resueltos, dependencia emocional, abandono, conflictos de pareja y repetición de patrones familiares, trastornos como ansiedad, tristeza o enfermedades físicas vinculadas al sistema emocional, duelos por hijos no nacidos, violencia familiar o traumas infantiles.
Juanita destaca especialmente los conflictos donde las hijas no pueden tener relaciones sanas porque están emocionalmente enredadas con sus madres. En los hombres, también se presenta lo que muchas llaman “mamitis”, que ella atribuye a una conexión celular originada desde el embarazo. “Muchas veces la hija repite la historia de la abuela o del bisabuelo, por eso primero trabajamos el transgeneracional, para que entiendan de dónde viene lo que sienten”.
Más allá de las constelaciones, Juanita promueve la autonomía emocional como filosofía de vida, cree que cada persona es responsable de su historia, su cuerpo y sus decisiones. “Yo no sano a nadie, solo doy el método, si tú traes dolor, tú lo vas a soltar, yo no hago llorar a nadie, eso lo trae cada quien, el terapeuta no está para cargar a los otros, sino para ayudarlos a que vean que pueden con su vida”.
En ese sentido, también ha trabajado con madres y abuelas que viven al servicio de los hijos y nietos, olvidándose de sí mismas. “Hay abuelitas que cuidan tanto a todos que ya ni tiempo tienen de arreglarse el pelo. Se sienten tan buenas que se descuidan. Y eso también es un desorden”.
Algunos pacientes han estado viniendo de forma intermitente por más de una década. “Hay quienes vienen, dejan de venir, y regresan cuando sienten que necesitan ajustar algo. La constelación no es para resolverlo todo en una sesión, pero te da una claridad brutal”, comentó la terapeuta.