Murales para sanar la ciudad: así se vivió el último día de Todos Ponen Feria
Todos Ponen Feria 2026 cerró con un conversatorio sobre arte público, donde artistas invitados hablaron del muralismo como herramienta para recuperar espacios
Mariam Bon / El Sol de Sinaloa
Más que una conferencia formal, la conversación terminó siendo una especie de intercambio de experiencias sobre lo que significa hacer arte en la calle, especialmente en ciudades que han atravesado momentos difíciles.
Recordó que durante años empezó a pedir muros a vecinos del centro de Tepic. Él mismo limpiaba las paredes, llevaba los materiales y se quedaba pintando durante horas.
Las primeras oportunidades, dijo, no vinieron de museos ni de curadores.
“Las primeras personas que me dieron chance de pintar fueron señoras y vecinos”, contó entre risas.
Con el tiempo se dio cuenta de que algo interesante pasaba mientras pintaba: la gente se acercaba, preguntaba, opinaba, se quedaba platicando. El muro dejaba de ser solo una pared abandonada para convertirse en un punto de encuentro.
Esa misma lógica intentó trasladarla a Culiacán. Durante la feria realizó dos murales: uno afuera del espacio donde se montó el evento y otro sobre la avenida Obregón.
Su obra muestra un árbol que guarda memoria. En la pintura aparecen escenas cotidianas: una pareja besándose, músicos que parecen salir de las nubes y fragmentos del paisaje urbano de la ciudad.
La idea, explicó, era jugar con una especie de fantasía: pensar que los árboles que vemos todos los días también son testigos de lo que ocurre en la calle.
“Para mí lo interesante es que la gente discuta el mural con sus propias palabras”. Asegura.
Del otro lado de la mesa, Teddy Kelly habló desde un enfoque distinto. Su trabajo es abstracto, geométrico y muy ligado al diseño gráfico. Sus composiciones se construyen a partir de color, líneas y estructuras que se cruzan en distintas dimensiones.
Para él, el muralismo también tiene una función clara: volver a acercar el arte a la vida cotidiana.
Explicó que cada vez más exposiciones se quedan dentro de galerías privadas, lo que vuelve difícil que el público general tenga acceso a ellas.
Por eso el espacio público sigue siendo, para muchos artistas, el lugar más directo para compartir su trabajo.
“Mucha gente dice que no sabe de arte”, comentó. “Pero no pasa nada. Cada persona va a percibir algo distinto”.
Durante la charla también hablaron de los retos de pintar en distintas ciudades: el clima, la humedad, los tiempos de trabajo e incluso la incertidumbre de intervenir espacios abiertos.
Pero más allá de las dificultades técnicas, coincidieron en algo: el arte en la calle puede funcionar como una forma de reconstruir la relación entre la gente y su ciudad.
Ya casi al final de la tarde, las organizadoras del proyecto —Sofía Castillo, Carlota Ávila, Yolanda Ibarra, Irma Cárdenas y Roberto Clemente— subieron al escenario para cerrar el evento.
Recordaron que cuando empezaron a imaginar la feria había más incertidumbre que certezas. No sabían si lograrían reunir artistas, público o patrocinadores.
Un año después, el proyecto ya había completado su tercera edición.
La intención, dijeron, siempre ha sido la misma: que el arte ayude a cambiar la conversación sobre la ciudad.
Que Culiacán también pueda ser reconocido por su cultura, por sus artistas y por los espacios donde la gente se encuentra para crear algo distinto.
Con ese mensaje terminó el último día de Todos Ponen Feria, entre aplausos, despedidas y la promesa de que el proyecto seguirá creciendo.
“Esperemos que esta feria se vuelva parte fija de la ciudad”, dijeron antes de despedirse.
Y si todo sale como esperan, el próximo año volverán para una cuarta edición.




























