Así usa el crimen organizado las casas de seguridad para desaparecer a sus víctimas en Sinaloa
Colectivos locales apuntan que en la entidad los grupos del crimen organizado operan de una manera diferente para someter a las víctimas de este delito que suman más de mil casos en los últimos 6 meses
Dheyna Brito / El Sol de Sinaloa
La violencia y desapariciones en Sinaloa han generado dudas sobre la existencia de campos de exterminio similares a los encontrados en Jalisco. Sin embargo, las experiencias de colectivos de búsqueda apuntan a un modus operandi distinto en la entidad.
María Isabel Cruz Bernal, líder de Sabuesos Rastreadoras, explica que en Sinaloa predominan las casas de seguridad donde las víctimas son retenidas antes de ser desaparecidas.
“Definitivamente yo creo que aquí en Sinaloa lo primordial es eso de las casas de seguridad donde los tienen retenidos un tiempo para después ya ahora sí o los sueltan o los desaparecen”, dice.
Por otro lado, Cruz Bernal menciona que han recibido coordenadas de algunas casas de seguridad, pero que la investigación de estos lugares implica un riesgo considerable para los colectivos de búsqueda.
Las cifras
Ceci Patricia Flores Armenta, fundadora de Madres Buscadoras de Sonora, destaca que en Sinaloa no han encontrado cuerpos calcinados ni mutilados como en Jalisco.
“Nunca hemos recogido datos de Sinaloa que indiquen un campo de exterminio como lo que se encontró en Jalisco”.
Explica que, a diferencia de los predios de en Jalisco, donde se han hallado más de 50 cuerpos en un solo sitio, en Sinaloa las desapariciones parecen seguir otro patrón.
Relata que ha recibido testimonios de personas que han sido retenidas en casas de seguridad antes de ser entregadas a otros lugares.
“La persona que desapareció a mi hijo, él mismo se encargó de decirme que lo tuvieron en un lugar por un tiempo y ya luego lo entregaron a otro lugar”.
Estas casas, muchas veces ubicadas en zonas urbanas, se convierten en puntos de retención temporal donde las víctimas pueden pasar días o incluso meses antes de su destino final.
El miedo y las amenazas han dificultado la labor de las madres buscadoras, quienes enfrentan riesgos constantes al intentar encontrar a sus familiares.
Según Cruz Bernal, el crimen organizado intenta desacreditar su lucha, mientras que las autoridades no cumplen con su responsabilidad de buscar a los desaparecidos.
“Es más fácil desprestigiar a unas madres que no tienen nada que ver ni con un baile ni con el otro y pues bueno infundirles miedo para que dejen de estar haciendo lo que hacen”, dijo.
Esta omisión permite que continúen operando sin consecuencias, perpetuando la crisis de desapariciones.





























