Culiacán en luto: así enfrentan la pérdida y el miedo sus habitantes
El duelo colectivo marca a Culiacán: familias y especialistas describen una ciudad que perdió su ritmo vital entre la violencia, el miedo y la ausencia de sus seres queridos
Las acciones de descacharización y fumigación se mantienen activas en el municipio, donde Salud Municipal reportó además 33 casos confirmados de dengue al último corte
La Coordinación de Protección Civil Municipal de Culiacán mantendrá vigilancia en balnearios de Costa Rica hasta el domingo 5 de abril, con presencia en zonas de alta afluencia como el dique La Primavera
El Ayuntamiento de Culiacán mantiene cinco módulos de auxilio vial en rutas hacia playas y balnearios, con servicio de grúas, asistencia mecánica y primeros auxilios
Violencia en Culiacán deja familias enfrentando dolor y ausencia. / Foto: Iván Medina | El Sol de Sinaloa
Culiacán, Sin.- El luto no se limita a los velorios. En una ciudad envuelta en un panorama de violencia e incertidumbre, como Culiacán, se repite una frase que resuena con fuerza: “la ciudad ya no es la misma”. Para muchos habitantes, es un duelo colectivo, una especie de funeral permanente por la pérdida de una ciudad que en otro tiempo fue luminosa, bulliciosa y llena de vida. Antes, la vida nocturna marcaba el ritmo urbano: fiestas, bares y reuniones improvisadas eran parte de la cotidianidad. Hoy esos espacios se han reducido a silencios forzados. “Ya no podemos salir como antes”, expresan ciudadanos que describen cómo el miedo ha sustituido la espontaneidad y obliga a modificar rutinas, horarios y formas de socializar.
Los datos muestran con crudeza la dimensión de ese cambio. De septiembre de 2024 a agosto de 2025 se registraron 1,827 homicidios dolosos en Sinaloa, con junio y julio como los meses más violentos —207 y 170 asesinatos, respectivamente—. En el mismo periodo se documentaron entre 1,890 y 2,189 desapariciones. Datos del INEGI confirman que el 90.8 % de la población mayor de 18 años en Culiacán se siente insegura, frente a un promedio nacional de 63.2 %.
La psicóloga y tanatólogaMayra Sánchez, con más de 15 años de experiencia en duelo, ansiedad y autoestima, explica que esta situación es un claro ejemplo de duelo colectivo. “Aunque sea la ciudad, sigue siendo un duelo por el cual las personas estamos pasando. La violencia nos ha quitado la paz y la tranquilidad. Hemos perdido sensibilidad: ya no nos asombramos ni empatizamos. Esto afecta nuestra capacidad de vivir en armonía”, advierte. Sánchez señala que incluso actividades cotidianas, como ir a un parque o permanecer en espacios concurridos, dejaron de sentirse seguras: “Antes nos decían que fuéramos donde hay más gente. Ahora, aun en lugares transitados, pueden ocurrir hechos de violencia”.
La tragedia de Juan Carlos Sánchez, de 34 años, es una muestra de ese luto colectivo. Juan Carlos, abogado de profesión y extrabajador de la Defensoría Jurídica del Ayuntamiento de Culiacán, fue asesinado el 22 de septiembre de 2024 durante un operativo militar en el complejo de departamentos Clamont, en Tres Ríos. Elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional se enfrentaron esa tarde con un grupo delictivo. Juan Carlos no tenía relación alguna con el enfrentamiento.
Su hermanoRafael reconstruye la historia con precisión. Recuerda que el lunes 9 de septiembre, cuando se desató la primera ola de violencia, Juan Carlos decidió no abrir su negocio de comida para proteger a su familia y, desde entonces, trabajaba con horarios restringidos. El domingo 22, Michelle, esposa de Juan Carlos, lo alertó por mensajes de los disparos. Él acudió de inmediato para poner a salvo a su esposa y a su hija de siete meses.
Las familias de Culiacán viven un duelo constante ante la violencia cotidiana. / Foto: Iván Medina | El Sol de Sinaloa
“Él llegó, estacionó su carro como siempre, subió y las sacó porque el departamento de atrás se estaba quemando”, relata Rafael. Pero al intentar salir, la situación empeoró: “Cuando se escucharon disparos afuera decidieron regresar al departamento; ahí cayeron dos granadas de gas lacrimógeno. Se escuchó el estruendo y ya no se supo de él”.
La familia vivió horas de angustia sin respuesta. “Marcábamos y no contestaba. En Twitter decían que había ponchallantas y que no dejaban pasar. Yo enseñé mi credencial para que me dejaran entrar, pero no me permitieron acercarme”, recuerda. La confirmación llegó hasta que un militar le mostró una fotografía que confirmaba su muerte.
Rafael señala que las primeras versiones oficiales confundieron a su hermano con un agresor, lo que acrecentó el dolor. “Eso duele, porque era un hombre de trabajo, un padre de familia que solo quería salvar a su esposa y a su niña”, afirma. Hasta la fecha, la familia no ha recibido acompañamiento psicológico ni seguimiento institucional. “La niña nos ha dado fortaleza para seguir, pero no hay apoyo del gobierno”, lamenta.
El relato de Rafael abre la puerta a otra dimensión de este duelo colectivo: el luto íntimo de las familias que pierden a un ser querido como daño colateral de los operativos y enfrentamientos armados. A un año de la muerte de su hermano, describe un duelo que sigue sin atenderse profesionalmente. “Ni mis papás ni yo hemos ido a terapia; la niña nos ha dado fortaleza para seguir, pero mi mamá es la que más lo resiente”, comparte. La ausencia de atención psicológica o tanatológica se ha suplido con la compañía familiar, aunque reconoce que la herida permanece abierta.
Para la tanatólogaMayra Sánchez, este tipo de pérdidas “son de los duelos más complejos” porque ocurren en condiciones violentas y con sensación de injusticia. “Todos los duelos son dolorosos, pero cuando hay violencia o se desconoce qué pasó exactamente, el sufrimiento se vuelve crónico. No se trata de superar, porque los duelos no se superan; se aprende a vivir con la ausencia y a recordar con amor”, explica.
Sánchez agrega que el enojo social acompaña al dolor, porque las familias sienten que quienes deberían protegerlas fallaron. “Hay mucha vigilancia, pero aun así suceden cosas muy desagradables. La gente está enojada y eso presiona como una olla exprés a la ciudad”, advierte.
Duelo y resiliencia: las familias enfrentan la pérdida y la incertidumbre cada día. / Foto. Cortesía / Colectivo Corazón Valiente
El caso de la familia de Juan Carlos refleja este proceso. Su madre, su cuñada y él mismo conviven con el recuerdo diario de la tragedia. “Nos apapachamos entre nosotros, lo recordamos siempre. La niña es quien nos ha mantenido fuertes”, dice Rafael. Sin embargo, reconoce que el peso emocional sigue presente: vértigo, insomnio y ansiedad que no desaparecen.
Para la especialista, acompañar el duelo es clave para evitar que el dolor se cronifique. “El objetivo no es olvidar, sino aprender a vivir con la ausencia, a recordar sin que el dolor paralice”, concluye. En Culiacán, donde la violencia no solo arrebata vidas, sino también la sensación de hogar, este acompañamiento se vuelve urgente para que las familias puedan reconstruir su vida emocional.