Desde prisión también se escribe amor: carteros mantienen vivo el correo en penales de Sinaloa
Aunque la comunicación digital domina, en Sinaloa el correo sigue vivo. Alrededor de 310 carteros recorren el estado entregando cartas y paquetes, entre ellos sobres escritos a mano desde los penales, donde el amor y el afecto todavía encuentran en el papel una forma de salir al mundo
Quince años de entrega recorriendo las calles de Culiacán
José Ángel: el cartero más joven de Correos de Culiacán
Antes de entrar al correo, dice, su mundo se reducía al trayecto entre su casa y algunos puntos conocidos; ahora ha recorrido colonias, fraccionamientos y rancherías que no figuraban en su mapa personal. “Me abrió un mundo nuevo que no conocía”, resume.
Recuerdos que se “envían” desde el corazón
José Ángel confirma que también ha repartido postales enviadas desde otros países, algunas perfumadas, otras escritas a mano, que se distinguen de inmediato del resto de la correspondencia.
En un contexto de hiperconectividad digital, estas cartas sobreviven desde espacios donde la comunicación inmediata no existe. Las rejas, paradójicamente, se han convertido en uno de los últimos lugares donde la escritura afectiva conserva sentido material.
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Carteros entregan cartas de amor desde penales sinaloenses. / Foto: Iván Medina | El Sol de Sinaloa
Las cartas de amor no han desaparecido. No del todo. En Sinaloa, muchas de las que aún se escriben a mano no nacen en cafeterías ni en escritorios domésticos, sino detrás de los muros de los penales. Llegan a Correos de México con dibujos visibles desde el sobre: corazones, nombres, colores, frases cuidadas con paciencia. Son cartas hechas por los reos de los penales que, sin acceso a la inmediatez digital, siguen usando papel y tinta para decir que extrañan, que aman, que recuerdan. Y son los carteros esas personas con un olfato visual que reconocen estas historias cuando ven los sobres antes de entregarlas.
Naftali Bernal Medina lo ha visto durante 15 años como cartero en Culiacán. Especialmente cuando se acerca el 14 de febrero, dice, el volumen de este tipo de correspondencia aumenta. “Los que más escriben son los reos”, explica. Se toman el tiempo de dibujar, de adornar los sobres, de marcar desde afuera que lo que va dentro no es un trámite, sino un sentimiento. Ese detalle, repetido año con año, se ha convertido en uno de los rastros más claros de que la escritura afectiva no murió, solo cambió de lugar.
El oficio del cartero en México no es reciente ni uniforme: se ha construido a lo largo de los siglos de la historia del país, atravesando cambios tecnológicos, transformaciones urbanas y nuevas formas de comunicarse, sin desaparecer del todo. En Sinaloa, esa historia se sostiene hoy en alrededor de 310 carteros, quienes diariamente hacen posible que cartas, paquetes y envíos circulen por toda la entidad, desde zonas urbanas hasta comunidades más alejadas.
Sinaloa cuenta con alrededor de 310 carteros activos. / Foto: Iván Medina | El Sol de Sinaloa
Son ellos quienes cargan con esa herencia silenciosa del correo, donde cada sobre —incluidas las cartas escritas desde los penales— depende todavía de una cadena humana para llegar a su destino. En esa labor, aparentemente rutinaria, se concentra una de las funciones más persistentes del Estado y una de las más invisibles: mantener viva la comunicación cuando otras vías no alcanzan.
Naftali Bernal Medina es cartero especializado en Correos de México desde hace 15 años. Su jornada comienza antes de que amanezca. Se levanta alrededor de las cinco de la mañana para llegar a las oficinas antes de las seis, y adelantar trabajo antes del horario formal, que va de siete de la mañana a tres y media de la tarde. Con el paso del tiempo, su rutina se ha ajustado a los volúmenes de correspondencia y a la necesidad de optimizar recorridos. “Ya me sé casi todo Culiacán”, dice, refiriéndose a calles, numeraciones y colonias aprendidas tras años de repetir rutas.
José Ángel Cárdenas realiza reparto principalmente en motocicleta. / Foto: Iván Medina | El Sol de Sinaloa
El primer día, recuerda, fue como llegar a la primaria: nervios, desconocimiento total y una sensación de estar en blanco. Hoy, ese vacío se transformó en una memoria urbana precisa. Para Naftali, el cartero termina conociendo una ciudad porque la camina todos los días, porque ve a la gente en sus horarios reales, no en los trayectos rápidos del automóvil. La calle, en ese sentido, es también un archivo social.
José Ángel Cárdenas, de 28 años, tiene apenas dos años como cartero. Llegó al oficio influenciado por su madre, quien trabaja en el área administrativa de Correos de México. A diferencia de su compañero, su reparto se realiza principalmente en motocicleta, lo que le ha obligado a aprender no solo rutas, sino dinámicas viales, riesgos y tiempos distintos.
Naftali Bernal lleva 15 años como cartero en Culiacán. / Foto: Iván Medina | El Sol de Sinaloa
Ambos coinciden en algo: el trato con la gente sigue siendo parte central del oficio. Para José Ángel, las personas adultas son quienes más reconocen la labor del cartero. Son ellas las que agradecen, las que ofrecen agua, las que recuerdan el nombre. Naftali añade que, incluso después de cambiar de zona, hay personas que lo identifican y lo detienen para platicar unos minutos, aunque eso retrase el reparto.
En medio de ese ir y venir, hay entregas que se quedan marcadas. Naftali recuerda especialmente una carta que entregó a una familia, donde una niña lo esperaba con emoción. Al recibirla, la madre le explicó que se trataba de una carta enviada por el padre desde el extranjero. Esa escena, dice, le provocó nostalgia: entender que, para algunas personas, el cartero no es solo un trabajador, sino el puente con alguien ausente.
Aunque la correspondencia escrita a mano ha disminuido de manera evidente, no ha desaparecido. Uno de los datos más significativos es el origen actual de muchas cartas de amor: los penales. Naftali explica que son principalmente personas privadas de la libertad quienes siguen escribiendo a mano. Son sobres que, en fechas cercanas al 14 de febrero, llegan decorados con dibujos, corazones y colores visibles incluso desde el exterior.
Cartas escritas a mano llegan decoradas con corazones. / Foto: Iván Medina | El Sol de Sinaloa
Pese a la percepción de que el oficio está en extinción, los propios carteros señalan que el correo no ha desaparecido, sino que se ha transformado. El auge del comercio electrónico ha incrementado la paquetería, incluso internacional, generando nuevas cargas de trabajo. Sin embargo, ambos coinciden en que cada vez son menos los jóvenes interesados en incorporarse al servicio postal.
Comercio electrónico incrementó paquetería internacional en correos mexicanos. / Foto: Iván Medina | El Sol de Sinaloa
Mientras tanto, en las calles de Culiacán, los carteros siguen caminando y rodando entre sobres, paquetes y saludos. Siguen llevando noticias pequeñas y grandes, algunas escritas con tinta y otras dibujadas con paciencia desde una celda. En ese tránsito silencioso, el oficio persiste, recordando que no toda comunicación ocurre en una pantalla y que aún hay historias que llegan, dobladas, dentro de un sobre.