El rol de canela como refugio simbólico frente a la “narco pandemia”
Especialistas señalan que fenómenos virales como la popularidad de los roles de canela pueden leerse como respuestas culturales y emocionales ante el exceso de violencia e incertidumbre en Sinaloa
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Culiacán, Sin.- En medio de la violencia cotidiana y el impacto que especialistas denominan narco pandemia,la población sinaloense ha encontrado en expresiones sencillas como los roles de canela un punto de alivio y de simbolización frente a lo que resulta difícil de digerir. La psicóloga y psicoanalista Elizabeth Esparza, en su columna “Roles de Canela”, describe este fenómeno como “un intento de tratamiento del goce” en el que lo dulce busca apaciguar la angustia que provoca la violencia.
Para Esparza, el término narco pandemia alude a algo viral, a una enfermedad que atraviesa el lazo social y que, además de crimen o negocio, organiza parte de la vida simbólica de la región. En contraste, los roles de canela representan lo íntimo y lo casero: “No es de extrañar su proliferación en pandemia, y su retorno en momentos de tensión social. Esto sugiere que algo se intenta calmar, apaciguar, simbolizar. ¿Será que lo dulce intenta responder al exceso del goce que irrumpe en lo social con la violencia?”.
La autora plantea que tanto la pandemia como el narco desbarataron las coordenadas habituales del orden simbólico —la ley, la rutina, el lazo social—, y frente a ello surgen invenciones como los roles, los videos virales o los emprendedurismos.“Lo real, la angustia, no es digerible, nos ahoga, nos atraganta, no nos deja respirar. Tal vez por eso lo dulce viene a tratar de metabolizar lo que no puede digerirse: la violencia, la impunidad, la fascinación, el goce”.
La psicoanalista Paulina Serrano coincidió en que estos fenómenos tienen una correlación directa con la salud mental.“Sí han llegado casos más severos, gente más cerca de crisis. La ansiedad, el miedo y el estrés se han intensificado”, señaló. Explicó que los roles de canela no sólo pueden leerse como un síntoma colectivo, sino también como una creación ante lo irruptivo: “Frente a situaciones como la pandemia o el culiacanazo, inventamos cosas, buscamos simbolizar y crear. No sé exactamente por qué fueron roles de canela, quizá por lo reconfortante del pan dulce o el azúcar, pero lo que sí puedo decir es que hay una correlación entre situaciones violentas y la necesidad de producir algo simbólico para sostenernos”.
Serrano subrayó que este fenómeno también tiene un trasfondo económico y comunitario: “Cualquiera que tenga un horno en casa puede hacerlo. Eso permite generar un ingreso, mantener cierta cotidianidad y, sobre todo, no desvincularse de otros. Parece increíble que algo tan simple sostenga tanto: economía, rutina, lazo social”.
Desde la antropología social, Cristo González apuntó que la población vive en un modo constante de alerta, con repercusiones que todavía no se dimensionan. “Cualquier ruido, un rechinido de llantas, nos pone en alerta. Eso nos está marcando como personas y no sabemos qué repercusiones tendrá en el futuro. Son inicios de traumas que se van a ir generando”, explicó.
González consideró que los roles de canela reflejan esa necesidad de fuga simbólica. “Es algo dulce frente a la barbarie, como darnos un momento amable dentro de tanta amargura. Igual que en la pandemia, nos vemos en un encierro impuesto por la violencia y buscamos salidas: emprender, dialogar, compartir. Los roles son un reflejo de cómo intentamos resistir en lo cotidiano”.
El antropólogo agregó que estas respuestas están ligadas a la identidad cultural: “El mexicano siempre busca el lado agradable, incluso en medio de la tragedia. Los roles de canela son parte de esa filosofía del relajo que nos permite sobrevivir, aunque detrás esté la angustia de la narco pandemia”.
Tanto Serrano como González coinciden en que este tipo de fenómenos no son banales. Son expresiones colectivas que muestran cómo la sociedad metaboliza lo indecible y busca sostener la vida frente a lo real de la violencia. Como plantea Esparza en su columna, “la verdadera pregunta es si estamos listos para hacer algo diferente”.