Profesionales pero invisibles: mujeres trans son excluidas de empleos en Sinaloa - El Sol de Sinaloa | Noticias Locales, Policiacas, sobre México, Sinaloa y el Mundo
Profesionales pero invisibles: mujeres trans son excluidas de empleos en Sinaloa
A pesar de contar con títulos universitarios y experiencia, las mujeres trans enfrentan barreras sistemáticas para acceder al empleo formal en Sinaloa. Alaska Maldonado es psicóloga y mujer trans, su historia expone cómo la transfobia opera dentro y fuera del mercado laboral
Alaska Luz ha luchado para lograr el respeto y la dignidad que toda persona tiene. / Foto: Iván Medina / El Sol de Sinaloa
A sus 41 años, Alaska Luz Boya Maldonado tiene claro que ser mujer trans en Sinaloa significa desafiar no solo los prejuicios sociales, sino también la exclusión estructural que obliga a muchas a la marginación o al trabajo sexual como única alternativa.
Licenciada en Psicología, Alaska ha trabajado en el área clínica, especializándose en adicciones. Sin embargo, conseguir empleo en su campo ha sido una constante cuesta arriba.
“Sí lo he hecho, pero con filtros que ni te imaginas”, cuenta. “He trabajado en un centro de rehabilitación para mujeres cristianas, todo iba bien… hasta que supieron que era una mujer trans. Me dijeron que mis terapias eran buenas, que podían recomendarme, pero que ya no podían tenerme ahí”.
En un estado donde no existen cifras oficiales sobre la población trans, donde las leyes contra la discriminación no se aplican y donde el trabajo sexual sigue siendo la única alternativa para muchas, Alaska ha decidido visibilizar lo que para muchas sigue siendo tabú: la violencia cotidiana, la exclusión laboral y la constante lucha por una vida digna.
A nivel nacional, las mujeres trans son el grupo con mayor probabilidad de ser rechazadas al solicitar empleo: un 18.8 % según la Encuesta Nacional sobre Diversidad Sexual y de Género (ENDISEG 2021). Además, el 36.9 % ha enfrentado violencia en su entorno laboral, muy por encima del 14.9 % reportado por personas heterosexuales.
“Me harté de que la sociedad nos quisiera tener siempre escondidas, aisladas, como si fuéramos algo que no se debe ver.
¿Por qué tenemos que limitarnos a estar en una estética, en una cantina o en la calle? Yo decidí romper con eso”.
La batalla empieza desde la niñez
La exclusión, dice Alaska, comienza desde la infancia, con el rechazo familiar y escolar, y se profundiza en la adultez.
“Ser trans en Sinaloa es ser una persona que solo puede aspirar a la belleza, a la estética, a la peluquería o al trabajo sexual. No puedes aspirar a ser doctora, arquitecta, maestra. Y si lo haces, te la van a hacer difícil. Vas a tener que batallar mucho”.
/ Foto: Iván Medina / El Sol de Sinaloa
Ella misma recurrió al trabajo sexual no para “operarse ni viajar”, como suelen suponer algunos, sino para pagar su carrera de Psicología. “Fue una decisión muy pensada. Sabía que esa etapa no iba a durar para siempre. Preferí invertir ese dinero en algo que me permitiera, en el futuro, tener otras opciones. No me arrepiento”.
Sin embargo, ni con una carrera las puertas se abren fácilmente.
“Ahora puedes cambiar tu INE y tu acta, pero el estigma sigue ahí. Nos ven como raras, como inadecuadas. No nos consideran personas productivas”. Según datos del INEGI, aproximadamente 1.4 millones de personas LGBT+ en México han enfrentado actos discriminatorios en el ámbito laboral. El 28 % reporta trato desigual en prestaciones, ascensos o haber sido objeto de burlas u ofensas.
Leyes sin dientes, políticas que no llegan
Desde hace más de una década, Sinaloa cuenta con una Ley para Prevenir y Eliminar la Discriminación. Pero para activistas como Tiago Ventura, integrante del colectivo Sinaloa + Incluyente, esa ley no se aplica ni protege efectivamente a la población trans.
“Es una ley sin dientes”, asegura. “No hay sanciones para quienes discriminan, no se ha instalado el Consejo Estatal que ordena la ley y no existe ninguna política pública que obligue a los municipios a garantizar los derechos de las personas trans”.
Durante la pandemia, por presión de colectivos, el Ayuntamiento de Mazatlán contrató a cinco mujeres trans en Protección Civil. “Fue un logro simbólico. Algunas siguen ahí, otras fallecieron. Pero eso no es una política pública, fue una excepción”.
Tiago forma parte de una iniciativa nacional llamada Cupo Laboral Trans, que busca obligar a los gobiernos a reservar entre el 1 y el 3 % de sus plazas laborales a personas trans, con capacitación, seguridad social y prestaciones.
Tiago Ventura. / Foto: Iván Medina / El Sol de Sinaloa
“La idea es integrarlas al mercado formal. Porque si una mujer trans se enferma y no puede salir a trabajar, se le desmorona todo. No hay red de apoyo”.
En Sinaloa, entre 2016 y 2022, se capacitó a casi 4 mil personas en temas de discriminación, pero solo dos fueron registradas con identidad de género distinta a la asignada al nacer. Esta cifra muestra un subregistro preocupante y evidencia la ausencia de enfoque en diversidad sexual y de género en las políticas estatales.
Capacidad no falta. Oportunidades sí.
Alaska insiste: la falta de oportunidades no es por falta de preparación. Ella ha colaborado en medios comunitarios, ha dado charlas, ha acompañado a otras mujeres trans en sus procesos, y hoy es una voz visible en redes sociales.
“Yo sé que muchas viven con miedo a exponerse, a hablar. Pero también sé que mientras no lo hagamos, van a seguir pensando que solo servimos para ciertas cosas”.
A un año de una caída que la dejó con problemas de movilidad, sigue activa. La acompañan los “morritos”, como llama con cariño a los jóvenes de su comunidad que la ayudan a moverse, a subir al camión, a seguir presente.
“No tenemos que alejarnos de Dios, tenemos que acercarnos más a nosotras mismas”, dice con una sonrisa que mezcla ternura y firmeza.
Su historia no es solo una denuncia. Es una declaración de fuerza, una exigencia de derechos y una afirmación de vida.
“Nadie elige vender su cuerpo. Nadie elige pararse en una esquina con miedo de que te maten. Pero cuando eres trans en Sinaloa, nadie te elige. Nosotras no estamos pidiendo privilegios. Solo queremos vivir con dignidad”.
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