Así, el nombre de Lamberto Quintero se mantiene vigente como un símbolo cultural que ayuda a explicar por qué los corridos siguen funcionando, para muchos, como una crónica no oficial de la historia contemporánea de México.
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Un 28 de enero ocurrió la muerte del narcotraficante durante un enfrentamiento muy conocido. / Foto: Cortesía / SSP
Culiacán, Sin.– Cada 28 de enero, el nombre de Lamberto Quintero vuelve a circular con fuerza en bocinas, playlists y redes sociales. No se trata solo de un corrido popular, sino de una historia que, casi medio siglo después, sigue despertando interés por la mezcla de poder, traición y destino trágico que la rodea.
Lamberto Quintero Payán fue un personaje real del norte del país, vinculado al narcotráfico durante los años setenta, una década marcada por disputas entre grupos criminales y venganzas que rara vez pasaban desapercibidas. Su figura trascendió no únicamente por su actividad ilícita, sino por los conflictos personales que, con el tiempo, terminaron por sellar su destino.
Entre los detalles que más se repiten en los relatos sobre su vida hay uno que se volvió símbolo: murió con el sombrero puesto. Ese elemento, aparentemente menor, se convirtió con los años en parte esencial de su imagen pública y de la narrativa casi mítica que se construyó en torno a su figura.
El 28 de enero de 1976, Lamberto Quintero fue asesinado a balazos cuando se dirigía a la comunidad de El Salado, en el municipio de Culiacán. La emboscada, atribuida a venganzas previas y rivalidades acumuladas, fue especialmente violenta. Por el perfil del personaje y la forma en que ocurrió el ataque, el crimen rápidamente trascendió el ámbito local.
El episodio no tardó en trasladarse a la música popular. El corrido “Lamberto Quintero”, interpretado por Antonio Aguilar, convirtió el hecho en una narración cantada que retrata la fama, el poder y la caída de un hombre descrito como alguien que “no conocía el miedo”. Con el paso de los años, la canción se consolidó como uno de los narcocorridos más emblemáticos del género y una referencia obligada de la música regional mexicana.
Lambertazo fue cancelado en Sinaloa durante 2025 por violencia. / Foto: Cortesía | @Tlacolucatocho
La letra funciona como una crónica de los hechos ocurridos aquel 28 de enero de 1976. Desde los primeros versos, la canción marca la fecha como un punto de quiebre —“Cómo me hiere esta fecha”— y describe el momento previo al ataque, cuando Lamberto viajaba rumbo a El Salado, sin aparentar percibir el peligro inmediato.
El corrido retrata a Quintero como un hombre confiado y desafiante. La frase “¿Pa’ qué son las metralletas?” refleja la percepción de poder e invulnerabilidad que rodeaba al personaje, incluso cuando ya era seguido por sus agresores. Esa seguridad contrasta con la violencia súbita que aparece después, cuando la letra narra la emboscada con rifles R-15.
Más adelante, el tono se vuelve íntimo y trágico. La canción presenta a Lamberto distraído, enamorado y envuelto en una conversación cotidiana, instantes antes de que las balas le arrebaten la vida. Este recurso humaniza al personaje y refuerza la idea de que la muerte puede llegar de forma inesperada, incluso en contextos de alto riesgo.
El relato musical también alude a la violencia que siguió al asesinato, con nuevos tiroteos y más víctimas, ampliando la historia más allá de un solo crimen y convirtiéndola en un retrato de la espiral violenta que marcó a Culiacán en aquella época. El cierre subraya la permanencia de la memoria: para bien o para mal, Lamberto Quintero es presentado como alguien imposible de olvidar.
A casi cincuenta años de su muerte, la historia sigue vigente no solo por el corrido, sino porque retrata una etapa específica del norte de México, donde la frontera entre mito y realidad se volvió difusa. Para muchos, su caso funciona como una ventana a 1976, considerado uno de los años más violentos registrados en la capital sinaloense.
El impacto cultural del personaje también llegó al cine. Su historia fue llevada a la pantalla grande con las películas “Lamberto Quintero” (1987) y “El Hijo de Lamberto Quintero” (1990), producciones que reforzaron su presencia en el imaginario colectivo y ampliaron su alcance más allá de la música.
Con el tiempo surgió el llamado Lambertazo, una reunión realizada en El Salado para rendir homenaje a Lamberto Quintero. El evento reunía a asistentes que disfrutaban de música en vivo, especialmente corridos ligados a personajes y episodios del pasado.
Sin embargo, el festejo también ha estado marcado por la polémica. En 2025, el Lambertazo fue cancelado en Sinaloa debido al contexto de violencia, aunque sí se realizó en otros estados como Coahuila, Michoacán y Tamaulipas, además de ciudades de Estados Unidos como Compton, California, y Phoenix, Arizona, donde se celebra desde el 25 de enero.