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Análisisdomingo, 24 de agosto de 2025

Hablando de medicina y salud / Dormir bien: el superpoder olvidado del desarrollo infantil

Sí, dormir. Esa actividad subestimada que algunos consideran una “pérdida de tiempo”, pero que en realidad es tan esencial como respirar o alimentarse.

Si usted es madre, padre, abuela o maestro, escuche bien: cuidar el sueño de niñas, niños y adolescentes no es un lujo. Es una prioridad urgente.

Hoy en día, veo con preocupación que muchos menores pasan horas frente a celulares o tabletas electrónicas, y eso termina afectando directamente la calidad de su descanso.

¿Por qué el sueño importa tanto?

Durante la infancia y la adolescencia, cuerpo y cerebro están en constante evolución. Dormir no es simplemente “descansar”: es un periodo de reconstrucción, consolidación y crecimiento.

Es durante el sueño profundo cuando se libera la hormona del crecimiento, cuando el cerebro organiza lo aprendido, y cuando se fortalecen las conexiones neuronales.

Un niño que duerme bien, aprende mejor, crece mejor y se comporta mejor.

La evidencia científica es clara. Estudios longitudinales han demostrado que la falta crónica de sueño en niños se asocia con:

No es exagerado decir que el sueño es una medicina preventiva: natural, gratuita y sin efectos secundarios (más allá de los bostezos matutinos que todos entendemos).

¿Cuánto deberían dormir?

Aquí va el dato concreto:

Y, sin embargo, según datos recientes de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Academia Americana de Medicina del Sueño, más del 60% de los adolescentes duermen menos de siete horas por noche.

En México, la cifra es aún más preocupante. ¿Las causas? Uso excesivo de pantallas hasta altas horas, horarios escolares poco adaptados a los ritmos biológicos, y una cultura que glorifica dormir poco como si fuera símbolo de productividad.

¿Y los celulares?

La luz azul de los dispositivos móviles retrasa la producción de melatonina, la hormona que nos prepara para dormir.

Además, el contenido hiperestimulante (videos, redes sociales, videojuegos) altera el ritmo circadiano natural, haciendo que los adolescentes se duerman más tarde y se levanten más cansados.

Esto no es un problema de “flojera” o de “disciplina”, sino de neurobiología. Si permitimos el uso del celular en la cama, estamos saboteando el descanso desde la raíz.

¿Qué podemos hacer como sociedad?

Aquí todos, absolutamente todos, tenemos un rol: madres, padres, pediatras, endocrinólogos, escuelas, educadores y responsables de políticas públicas.

Estas son algunas acciones clave:

Dormir no es rendirse, es crecer… sí, crecer

No existe pastilla, suplemento ni superalimento que pueda reemplazar al sueño. Es una necesidad biológica no negociable, y no debería ser vista como señal de debilidad.

En lugar de aplaudir a quien duerme poco por “ser productivo”, deberíamos admirar a las familias que protegen sus noches como un tesoro.

Dormir bien no es solo un derecho del niño. Es una inversión en el futuro de toda la sociedad.

Así que, la próxima vez que vea a su hijo o hija quedarse dormido en el sillón a las 9 de la noche… no lo regañe. Apláudalo. Porque mientras duerme… está creciendo.

Nos vemos la próxima semana… duerman bien

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