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En los últimos días, el tipo de cambio en México ha capturado cierta atención. Ayer lunes 21 de abril de 2025, el tipo de cambio FIX —publicado por el Banco de México— cerró en 19.6718 pesos por dólar estadounidense, una diferencia significativa respecto a los 20.7862 del 31 de diciembre de 2024 y los 20.5430 del 20 de enero de este año, justo el día en que la nueva administración en Estados Unidos asumió el poder. Con ello, en lo que va de este año 2025, el peso se ha apreciado más de 5.4% al dólar estadounidense.
Sin embargo, antes de desgarrarse las vestiduras por la fortaleza del peso y pensar que la moneda mexicana es imparable, vale la pena hacernos una pregunta que es tanto técnica como profundamente coyuntural: ¿lo que estamos viendo es una apreciación real del preso mexicano, o más bien una depreciación del dólar estadounidense?
Una lectura rápida y superficial podría sugerirnos que se trata de un “peso fuerte”, consecuencia de una economía mexicana que ha mantenido tasas de interés atractivas, estabilidad fiscal relativa y una inflación bajo control a través del Banco de México. Pero si ampliamos la mirada y observamos el comportamiento del dólar en los mercados internacionales, encontramos una pieza crucial del rompecabezas.
El índice dólar (USDX), que mide el desempeño del dólar estadounidense frente a una canasta de seis monedas fuertes (como el euro, yen y libra esterlina), pasó de 108.296 el 31 de diciembre de 2024 a 98.130 este 21 de abril de 2025. Es decir, el dólar ha perdido aproximadamente un 9.4% de su valor en términos internacionales en menos de cuatro meses. Incluso desde el día de la transición presidencial en EE.UU. (20 de enero, cuando el índice se encontraba en 109.203), el retroceso es evidente.
¿Y qué ha pasado en este tiempo? En primer lugar, la nueva administración en Washington ha retomado una retórica proteccionista, con anuncios como el llamado Liberation Day, que impuso aranceles recíprocos a diversos países. Esta decisión generó incertidumbre en los mercados globales, afectando la confianza en la estabilidad del dólar. Además, la Reserva Federal ha comenzado un ciclo de recortes a la tasa de interés, disminuyendo el atractivo de los activos denominados en dólares frente a otros mercados emergentes, como el mexicano.
Aquí es donde el contexto internacional ayuda a matizar las cifras nacionales. La apreciación del peso mexicano —si bien respaldada por fundamentos internos— también es resultado del debilitamiento del dólar a nivel global, una distinción clave para no sobreestimar la solidez estructural de la economía mexicana.
Desde el punto de vista de la teoría económica, el tipo de cambio es una variable que actúa como termómetro de múltiples desequilibrios y ajustes simultáneos. De acuerdo con el modelo de paridad del poder adquisitivo (PPA), una apreciación sostenida del tipo de cambio real debería estar respaldada por una inflación más baja que la de su contraparte y un entorno macroeconómico sólido. En ese sentido, México ha logrado contener presiones inflacionarias y mantener una política monetaria atractiva, pero no se puede ignorar el componente externo en esta ecuación.
Por otro lado, si atendemos el modelo de flujos de capital, la combinación de altas tasas de interés en México y un entorno de incertidumbre en Estados Unidos hace que muchos inversionistas redirijan sus portafolios de inversión hacia instrumentos financieros mexicanos, provocando una mayor demanda de pesos y, por tanto, su apreciación.
En el fondo, el análisis nos deja una enseñanza útil: una moneda no se fortalece en el vacío. El cuestionamiento correcto no es si el peso está más fuerte, sino por qué el dólar está más débil. La debilidad del billete verde podría ser temporal, especialmente si las tensiones comerciales se moderan o si la economía estadounidense vuelve a ofrecer certidumbre. Pero si las políticas económicas y comerciales de EE.UU. continúan bajo una lógica proteccionista extrema, no es descabellado anticipar un dólar menos dominante.
En tanto, este escenario implica oportunidades para México, pero también riesgos. Una moneda nacional apreciada abarata las importaciones y ayuda a contener la inflación, pero puede restar competitividad a las exportaciones, especialmente en un entorno donde los aranceles y las tensiones comerciales comienzan a crecer. Aquí es donde el Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC) se convierte en un pilar crucial para ofrecer certidumbre jurídica y económica, en medio de un entorno internacional cada vez más volátil.
Así que más allá de posibles titulares que vayan a celebrar un “peso fuerte”, conviene leer entre líneas. Recordando que el tipo de cambio es también reflejo de lo que sucede en otras partes del mundo, y lo que ocurre en Estados Unidos —con sus decisiones de política comercial y monetaria— inevitablemente se proyecta sobre la economía mexicana. En ese sentido, la apreciación actual del peso mexicano es tanto un logro como una advertencia. Cuídese mucho.