Dos de cada 10 mexicanos enfrentan estrés financiero, el 50% de la población adulta llega a fin de mes con la cartera vacía y 36.2% tiene algún tipo de deuda
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En febrero de 2025, el Indicador de Confianza del Consumidor (ICC) registró su cuarta caída mensual consecutiva, situándose en 46.3 puntos, su nivel más bajo desde octubre de 2023. Este retroceso de 0.3 puntos no solo refleja un deterioro en la percepción de los hogares mexicanos sobre la situación económica actual y futura, sino que también evidencia un clima de incertidumbre que parece haberse instalado en la economía del país.
Desde una perspectiva teórica, la confianza del consumidor es un concepto fundamental en la economía del comportamiento y en la macroeconomía. Según John Maynard Keynes, uno de los economistas más influyentes del siglo XX, el consumo es una función del ingreso disponible y de las expectativas de los consumidores. En su teoría, Keynes argumentaba que las decisiones de gasto de los hogares no dependen únicamente de su ingreso actual, sino también de sus expectativas sobre el futuro —entre otros factores objetivos y subjetivos—. Si los consumidores perciben que la economía se deteriorará, es probable que reduzcan su gasto y aumenten su ahorro como precaución, lo que a su vez puede generar un efecto multiplicador negativo en la economía. Este fenómeno, conocido como “paradoja del ahorro”, puede llevar a una disminución en la demanda agregada, afectando el crecimiento económico y, en última instancia, el empleo.
La confianza del consumidor es un termómetro clave para medir la salud económica de una nación. Cuando los hogares perciben que su situación económica y la del país en general se deterioran, tienden a reducir su gasto, lo que a su vez puede frenar el crecimiento económico. En este caso, la caída del ICC en febrero fue impulsada por una disminución en la percepción de la situación económica actual del país (-0.9 puntos) y de la situación económica futura (-0.4 puntos). Además, la percepción de los hogares sobre su propia situación económica también se vio afectada, con una caída de 0.2 puntos en la evaluación de su situación actual y de 0.1 puntos en su perspectiva futura.
Este deterioro paulatino de la confianza no es un fenómeno aislado. Desde el segundo trimestre de 2024, los hogares mexicanos han venido percibiendo un empeoramiento en su situación económica, y en los últimos cuatro meses, esta percepción se ha agravado. La opinión sobre la situación económica futura también se ha vuelto menos optimista, tanto para la economía del hogar como para la economía nacional. Ambos indicadores se encuentran por debajo del umbral neutral de 50 puntos, lo que sugiere que los consumidores tienen una visión pesimista sobre el futuro económico.
En otras palabras, la caída en la confianza del consumidor podría tener implicaciones significativas para el crecimiento económico, especialmente si se traduce en una reducción del gasto en bienes duraderos y servicios. Sin embargo, no todo es negativo. A pesar de la contracción general del ICC, hubo un ligero repunte en la percepción de las posibilidades de adquirir bienes duraderos, lo que podría indicar un avance moderado en el consumo privado en los próximos meses. Este elemento, aunque pequeño, podría ser un rayo de esperanza en un panorama económico que, por lo demás, parece sombrío.
En conclusión, la caída del ICC en febrero de 2025 es un recordatorio de que la confianza del consumidor es un indicador frágil y volátil, que puede verse afectado por múltiples factores, tanto internos como externos. Para ello, es necesario implementar políticas que no solo aborden los desafíos económicos actuales, sino que también generen expectativas positivas sobre el futuro, por lo que la tarea no es sencilla, pero es esencial para asegurar un crecimiento económico sostenible y una mejora en la calidad de vida de los mexicanos. Cuídese mucho.