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Cada tanto, cuando se anuncian nuevos proyectos de inversión pública en infraestructura vial —ya sea ampliación de avenidas, construcción de pasos a desnivel o repavimentaciones—, los ciudadanos suelen recibir la noticia con una mezcla de esperanza y escepticismo. Esperanza, porque se percibe como una promesa de mejor movilidad; escepticismo, porque el problema de fondo no siempre se atiende.
Altamira, Ciudad Madero y Altamira conforman una zona metropolitana con una dinámica económica y poblacional intensa, articulada por un flujo constante de personas y mercancías. A ello, se les suman los municipios vecinos del norte de Veracruz o San Luis Potosí, así como de municipios tamaulipecos como Ciudad Mante, González y Aldama —por mencionar los más cercanos— que, en su conjunto, integran una red urbana —aunque no siempre reconocida como tal—, funciona como una conurbación regional. En este contexto, pensar en infraestructura vial es inevitable. Sin embargo, pensar solo en infraestructura vial es insuficiente.
La movilidad urbana no mejora automáticamente con más calles, puentes o ampliaciones. De hecho, la teoría económica del tráfico —como la “ley de la demanda inducida” en transporte— sugiere que, al ampliar la capacidad vial, eventualmente se genera más tráfico, no menos. Es decir, más autos terminan ocupando el espacio disponible, lo que puede perpetuar el problema de la congestión si no se atacan los factores estructurales. En pocas palabras: construir más vialidades puede aliviar el problema en el corto plazo, pero no lo resuelve si no se acompaña de un sistema de transporte público eficiente, moderno y accesible.
Hoy por hoy, el transporte público en el sur de Tamaulipas sigue siendo una asignatura pendiente. Unidades viejas, rutas desaparecidas, poca integración tecnológica y escasa planeación urbana hacen que la ciudadanía dependa, cada vez más, del automóvil privado, agravando los problemas de tráfico, contaminación y desigualdad en el acceso a la ciudad. Las ciudades que han logrado verdaderos saltos de calidad en su movilidad no lo han hecho llenando su espacio de concreto, sino priorizando al peatón, al ciclista y al usuario del transporte colectivo.
Ahora bien, esto no significa que la inversión en infraestructura vial sea innecesaria. De hecho, es vital. Una buena red carretera y urbana permite conectar zonas productivas, facilitar el comercio, reducir costos logísticos y generar condiciones atractivas para la inversión privada. Altamira, por ejemplo, como ciudad industrial y portuaria, depende en gran medida de una red vial eficiente para exportar bienes y recibir insumos. La atracción de nuevas industrias, especialmente en el marco del tan atractivo fenómeno de relocalización de cadenas productivas (nearshoring), está directamente relacionada con la calidad de la infraestructura. Pero, nuevamente, la vialidad debe pensarse con visión de futuro, considerando también la sostenibilidad, la equidad territorial y la cohesión social.
Es necesario, por tanto, transitar hacia una visión integral de la movilidad y la infraestructura. El sur de Tamaulipas requiere un plan maestro metropolitano que no solo contemple el flujo vehicular, sino la conectividad de las personas. Este plan debe incluir inversión en transporte público moderno, intermodalidad (que permita combinar bici, camión y caminata), digitalización de rutas, reducción de tiempos de traslado y mejoras en la seguridad vial.
Además, no puede ignorarse la dimensión presupuestal. La inversión pública debe priorizar los proyectos con mayor retorno social, no solo económico. A veces, una mejora en el sistema de transporte público tiene más impacto positivo que la construcción de un segundo piso. Y eso requiere voluntad política, planificación técnica y escucha activa a la ciudadanía.
La infraestructura vial es una herramienta, no un fin. Si se usa bien, puede impulsar el desarrollo económico, mejorar la calidad de vida y hacer de nuestras ciudades espacios más habitables. Pero si se usa mal —con criterios cortoplacistas o clientelares— puede convertirse en un lastre presupuestal y ambiental. Que el concreto no tape la visión: lo importante no es mover más autos, sino mover mejor a las personas. Cuídese mucho.