A principios del siglo pasado se presentaron dos grandes movimientos sociales que sin duda configuraron las condiciones políticas, económicas y sociales en buena parte del mundo, cuya influencia incidió en el desarrollo de sus respectivos países, una de ellas, la Revolución Soviética de 1917 y la otra la Revolución Mexicana de 1910 a 1917, esta última, fue el origen más importante en el diseño de la Constitución Política de México ya que posee un contenido social de suma importancia, sin embargo, fue hasta ya casi entrados los años treintas del siglo pasado que tanto los grupos políticos y gubernamentales emanados del movimiento armado de la evolución que empezaron a entretejer una serie de estrategias con la finalidad de garantizar la justicia social, que se entendía principalmente en proveer a los más necesitados de un marco institucional que les garantizará su bienestar social, a partir de dos grandes sectores, por una parte la salud y por la otra la educación, lamentablemente, a la par también se estaba generando procesos de discriminación evidentes, principalmente hacia aquellos sectores populares que en su momento no se podían integrar a la economía formal, como una gran cantidad de trabajadores agrícolas, que por el hecho de estar en el campo y de recibir como una forma de retribución una dotación de tierras para su trabajo, es que se pensó en las consignas de tierra y libertad, como una forma de tributo por su participación en el movimiento armado gestado con anterioridad.
Así el ejido como una forma de propiedad comunal de la tierra, jugó un papel además de político-económico, también social. Cabe destacar que no fue la única forma de propiedad comunal de la tierra en el mundo, ya que después de la revolución soviética se estableció el koljós, como un diseño de integración social a través de una granja colectiva, asimismo, en Israel permanece aún en nuestros días vigente el kibutz, que también trabaja bajo el formato de una granja comunitaria, cuyos beneficios se distribuyen de manera colectiva entre todos los miembros de la organización. Si nos damos cuenta, las formas de propiedad comunal de la tierra jugaron un papel importante y lo siguen jugando para la producción de alimentos como es el caso de Israel.
Lamentablemente, en nuestro país a partir de la implementación de políticas de corte neoliberal, fue que en 1992 se modifica el Artículo 27 Constitucional para ponerle fin tanto al reparto de tierras como a las formas de organización comunitaria en el sector agrícola, bajo el argumento de que ahora todos los ejidatarios podían recibir sus respectivos títulos de propiedad y poder hacer con ellos lo que conviniera a sus intereses.
A la par de la modificación del Artículo 27 Constitucional llevada a cabo en 1992, también se llevó a cabo una paulatina desarticulación de las instituciones de apoyo al campo, entre ellas, el Banrural; los Almacenes Nacionales de Depósito; Fertimex entre otros. Con ello el grueso de los campesinos muchos de ellos empobrecidos, se vieron en la necesidad de vender sus propiedades a precios muy bajos, con ello se da un proceso de migración constante de trabajadores agrícolas hacia los Estados Unidos.
Recientemente el periodista y editor el periódico La Jornada Jared Laureles publicó una nota en el que da a conocer que solo 36 personas poseen más de 39 mil hectáreas en alrededor de 63 mil ejidos de propiedad social, mismos que se encuentran en zonas turísticas de alto valor comercial, asimismo afirma, que a 33 años de distancia de la liberalización de los ejidatarios, el panorama resulta desalentador ya que tierras, aguas y bosques han sido captadas por unas cuantas familias dedicadas a la agroindustria, la minería, el turismo y otros sectores productivos como el inmobiliario. Por lo anterior se puede decir, que es lamentable que un proyecto surgido de un movimiento social de los más importantes que ha tenido México termine olvidado y sin haber cumplido con su propósito fundamental.