Siempre ha resultado importante considerar la relevancia de un concepto, que lo anunciamos pero muchas veces sin saber su devenir histórico en su formación, simplemente lo aceptamos al usarlo, pero si nos detenemos vemos que contiene una gran cantidad de luchas importantes en su construcción, tal es el caso del concepto ciudadanía, y que hoy regularmente por el hecho de ser ciudadanos, nos hacemos acreedores a una serie de derechos como si estos hubiesen sido dados siempre en cualquier momento de la historia, sin embargo, no fue así, tal como lo analizó en su ensayo publicado en 1950 Thomas A. Marshall, en el que plantea que cada uno de los derechos con que cuenta hoy la ciudadanía fue producto de procesos históricos, por ejemplo, los derechos civiles fueron propios del siglo XVIII derivado de la época de la ilustración; posteriormente los derechos políticos se fortalecieron en el siglo XIX dando fundamento a las sociedades democráticas; por último en el siglo XX los derechos sociales, asociados con la libertad que cada uno de nosotros tiene para integrarse, movilizarse, expresarse y poseer además lo que el producto de su trabajo le pueda asignar así mismo.
En este sentido, se ha construido un sistema en el que todos los hombres tengan igualdad de derechos derivado de su ciudadanía, y aquí cabría resaltar el trabajo del filósofo John Rawls, quien en su libro Teoría de la Justicia, aborda la cuestión de que toda persona ha de tener un derecho igual al más extenso sistema total de libertades básicas, compatible con un sistema similar de libertad para todos, haciendo referencia a la libertad que tienen todos los ciudadanos a las más amplias libertades como la política (como es la de votar o bien postularse a cargos de elección) asimismo, la libertad de expresión, libertad de asociación, libertad de consciencia y las de pensamiento; al mismo tiempo, cada persona debe tener derecho de poseer su propiedad personal y también, la libertad de no ser jamás objeto de una detención arbitraria por parte del Estado. No cabe duda de que J. Rawls nos da un claro ejemplo de ser un hombre libre y de buenas costumbres para incidir en la construcción de una sociedad mejor.
En ese sentido, en el sistema social en el que nos movemos debemos ser conscientes de que las libertades a su vez se ejercen con responsabilidades, y en ese sentido bajo la libertad que hemos asumido a nivel social de ejercer el derecho a la autocrítica, implica que todos los sistemas políticos no son perfectos sino perfectibles, y considerando que la justicia lleva implícito como punto de partida la razón pública desde donde se desarrolla la justicia como equidad, es por ello que la razón pública permite que los ciudadanos establezcan reglas y principios justos en una sociedad pluralista, siempre respetando las creencias individuales de cada persona. Interesante abordaje nos ofrece tanto Marshall como Rawls, el primero con la construcción del concepto de ciudadanía y el segundo en su teoría de la justicia, en ambos casos habrá que contextualizarlos para el cercano ejercicio que estamos por realizar el próximo primero de junio, a fin de elegir a quienes deben ser los posibles impartidores de justicia, y en el que nosotros como iguales podremos participar en su elección.
Habrá quien se abstenga y está en su derecho, sin embargo, es necesario ser partícipes de los cambios que se pueden presentar en un sistema que hasta el día de hoy, en el imaginario colectivo se asume como un sistema que requiere urgentemente cambios para ajustarse cada vez más a las exigencias de una sociedad más democrática y participativa, por ello bien sea que votes o no, lo que ocurra este primero de junio, sin duda, marcará una nueva ruta en la forma de impartición de justicia en nuestro país, ya la historia se encargará en el futuro de juzgar los alcances, los contornos y las implicaciones que trajo esta acción para todos y cada uno de los ciudadanos en nuestro país.