El cumpleaños del perro / Antes de ti, nada era mío
Te amo y el azul de Tampico a las doce del día se me mete por los ojos y la piel. El camino más corto para llegar a ti es un beso. A tus labios los miro y de ellos salen pájaros dulces a poblar el estío de mi boca abandonada.
Yo ya no vivo parásitamente. Tú me fecundas, me das vitalidad, haces que los duendes ogros de mi alma se vayan a otra fábula pobre. Te acaricio y mis manos se llenan de juventud, de eléctrico entusiasmo.
Tu cabellera, salvaje como El Cascajal en los ochentas, huele a una mujer a los deseos de días remotos cuando la dulzura se tragaba con noches de largos insomnios.
Cuando te amo el mundo me parece bello y los pequeños enfados por el pago de la luz, el agua y el teléfono se me presentan como accesorios de la rutina.













