Con reglas claras y un calendario definido, el partido en el poder busca ordenar la competencia interna y evitar que las legítimas aspiraciones políticas se conviertan en factor de división. De acuerdo con los tiempos establecidos, el próximo 22 de junio Morena elegirá a los llamados “Coordinadores estatales”, una figura que en los hechos se traduce en los 17 perfiles que competirán por las gubernaturas que estarán en juego en 2027. Para el caso de Tamaulipas, el calendario también está claramente marcado. El 3 de agosto se elegirán los nueve “Coordinadores distritales”, es decir, quienes se convertirán en los candidatos a diputados federales de mayoría relativa, dentro de los 300 distritos electorales del país, a los que se sumarán posteriormente las listas de representación proporcional o plurinominales. Más adelante, el 21 de septiembre, Morena designará a los 43 “Coordinadores municipales”, quienes en la práctica serán los futuros candidatos a las presidencias municipales de la entidad. La siguiente fecha clave será el 8 de noviembre, cuando se elijan los 22 “Coordinadores distritales locales”, que corresponderán a las candidaturas de mayoría relativa al Congreso del Estado. A ellos se sumarán las listas plurinominales que completarán los 36 escaños del Congreso de Tamaulipas. Se trata, en suma, de un proceso amplio que exige organización, limpieza y, sobre todo, legitimidad. Morena ha reiterado que las encuestas seguirán siendo el instrumento principal para definir a sus candidatos, bajo el argumento de que deben ser los perfiles con mayor aceptación social quienes representen al movimiento. En ese contexto cobra especial relevancia el mensaje emitido hace unas semanas por el doctor Américo Villarreal Anaya, quien en su calidad de líder político en el estado llamó a frenar las aspiraciones adelantadas y evitar el resquebrajamiento interno. Y es que, conforme comienzan a asomar nombres, a circular estrategias mediáticas y a acelerarse los posicionamientos rumbo a la elección, el llamado del gobernador parece dirigido a quienes ya pisan el acelerador cuando ni siquiera ha iniciado formalmente el calendario electoral. Morena enfrenta así un desafío natural para cualquier partido en el poder: administrar la pluralidad de liderazgos sin fracturarse. Primero el partido y después las ambiciones individuales. La experiencia política demuestra que el “fuego amigo” puede convertirse en el adversario más peligroso que la oposición. En ese mismo sentido, la dirigencia nacional encabezada por Luisa María Alcalde también ha fijado lineamientos claros para quienes aspiren a participar en los procesos internos. Entre las reglas destaca la prohibición de incurrir en campañas de desprestigio, descalificaciones o agresiones entre participantes, así como alentar ataques, calumnias o confrontaciones entre simpatizantes. Tampoco se permitirá la difusión de información falsa o manipulada, la promoción de campañas de acoso o linchamiento digital en redes sociales, ni la simulación de pertenecer a grupos vulnerables para obtener ventajas competitivas. En una era dominada por la inmediatez de las redes sociales, estas reglas buscan contener prácticas que en otros procesos han deteriorado la vida interna de los partidos. Las reglas están sobre la mesa y los tiempos también. Falta ver si la disciplina política logra imponerse sobre la tentación del golpeteo. Porque si algo es seguro en cualquier proceso interno es que cuando hay confrontación sin control, siempre quedan muchos dañados en el camino. Y Morena, hoy por hoy, parece decidido a evitarlo.
La crisis interna del Partido Acción Nacional en Tamaulipas ha dejado al descubierto una fractura difícil de ocultar: al menos 24 de los 28 comités municipales han exigido la renovación inmediata del Comité Directivo Estatal, cuyo periodo encabezado por Luis René Cantú concluyó desde septiembre de 2025 sin que se haya iniciado el proceso estatutario correspondiente. La inconformidad de las bases no sólo reclama el respeto a las reglas internas, sino que refleja una lucha abierta por el control del partido entre dos bloques claramente definidos: por un lado, el grupo que mantiene la dirigencia y que es identificado políticamente con el exgobernador Francisco García Cabeza de Vaca, hoy fuera del país pero con influencia en las decisiones partidistas; y por el otro, los panistas tradicionales que buscan recuperar el control del PAN y abrir la elección de la dirigencia a toda la militancia, frente a la intención del grupo dominante de mantener un proceso cerrado mediante delegados, una disputa que, más allá de los estatutos, definirá quién tendrá en sus manos las candidaturas rumbo a la próxima elección.