En Tamaulipas, el poder ha sido un juego de espejos rotos, donde la política y la justicia se han entrelazado en una danza macabra. Cinco exgobernadores del estado han sido protagonistas de una narrativa marcada por presuntas acusaciones de corrupción, vínculos con el crimen organizado y procesos judiciales que han dejado una huella imborrable en la historia reciente de la entidad. Quizás el problema no sea tanto lo que ya hicieron; sino lo que siguen haciendo, pues cada semana hay un nuevo ex gobernador embarrado en otro escándalo. Cuando ya pocos recordaban al priísta Manuel Cavazos Lerma, gobernador de Tamaulipas entre 1993 y 1999, que fue el primer eslabón en esta cadena de controversias, pues durante su administración, se le acusó de presuntos vínculos con criminales y aunque no enfrentó cargos penales, su nombre quedó marcado por las sombras de la impunidad. Su capítulo más reciente fue su defensa del exgobernador de Morelos, Cuauhtémoc Blanco, acusado de violar a su hermanastra y con su declaración de que la mujer “no está muy violable que digamos”, lo colocó, a pesar de sus tardías disculpas, en un lugar en el que pocos quisieran estar. A Cavazos le siguió en el poder otro priista, Tomás Yarrington Ruvalcaba, quien gobernó entre 1999 y 2005, es quizás el caso más emblemático. Acusado de lavado de dinero y sobornos, fue arrestado en Italia en 2017 y extraditado a Estados Unidos. En 2021, se declaró culpable de estos cargos y fue sentenciado a nueve años de prisión, aunque fue liberado en 2024, sólo para ser deportado a México en donde fue ingresado al Penal del Altiplano, en donde se le dictó formal prisión por delitos contra la salud. Quien buscara ser presidente de la república, hoy está nuevamente en el laberinto judicial, aunque conociendo a nuestro sistema de justicia, casi cualquier cosa puede suceder. También con el “fierro” del PRI, luego de Tomás llegó “Geño”. Eugenio Hernández Flores, quien ocupó el cargo entre 2005 y 2010, también fue señalado por presuntos actos de corrupción y arrestado en 2017 por peculado y lavado de dinero, además de enfrentar una solicitud de extradición por parte del gobierno de los Estados Unidos. Se dijo preso político de su acérrimo rival, el entonces gobernador Francisco García Cabeza de Vaca y al término del sexenio del panista, fue liberado. A pesar de estos señalamientos, en 2024 fue candidato a senador por el Partido Verde, lo que generó controversia y cuestionamientos sobre la justicia en el país y aunque no ganó; hoy desde ese partido busca volver a las más altas esferas de poder en Tamaulipas. Fue al finalizar el sexenio de “Geño” que ocurrió el capítulo más negro de la historia política tamaulipeca: el asesinato del candidato priista a la gubernatura Rodolfo Torre Cantú; hecho que llevó a su hermano, Egidio a la gubernatura en 2011. Su administración estuvo marcada por denuncias de vínculos con el crimen organizado. Hoy se habla de que su administración permanece bajo la lupa y que podría ser llamado a cuentas. Si es así, tendrían que irlo a buscar a su mansión en San Pedro Garza García, Nuevo León. A Egidio los priistas también lo acusaron de “entregar” el estado al PAN, pues su sucesor fue Francisco García Cabeza de Vaca, gobernador entre 2016 y 2022, y claro, también ha sido objeto de investigaciones, pues la Unidad de Inteligencia Financiera detectó presuntas operaciones sospechosas relacionadas con empresas fantasma y triangulación de recursos. Además, se le vinculó con el huachicoleo y la adquisición de propiedades de lujo mediante prácticas ilícitas. Aunque no ha sido sentenciado, su nombre ha sido asociado con una “organización criminal” que operó durante su mandato. Con órdenes de aprehensión en México, el panista permanece autoexiliado en Texas, en donde paradójicamente es cuidado por escoltas pagados con el erario, es decir, policías cuidando al prófugo. Esta es la historia que dio paso a la cuarta transformación en Tamaulipas. Hoy bien se puede decir que hay esperanza. El contraste a todas estas historias es el trabajo que ya ha demostrado el actual gobernador, el doctor Américo Villarreal Anaya, que llegó al poder en medio de injurias y falsas acusaciones, pero que con voluntad, trabajo y humanismo ha demostrado que sí es posible escribir una nueva historia en el estado. Un hombre sencillo, humanista, honesto y dedicado que hace honor al buen nombre y el legado de su padre, el último de los exgobernadores que no estuvo ni en escándalos, ni en temas de enriquecimiento ilícito, Américo Villarreal Guerra. El tiempo siempre pone a cada quien en su lugar.