El cumpleaños del perro / Jaime Sabines, enésima visita
Una vez le preguntaron a Jaime Sabines si la poesía le había servido de algo, a lo cual respondió que no lo creía, pero que a él, al menos, le había sido útil para no volverse loco.
¿Sirve de algo la poesía? La poesía no da belleza, la descubre; no propone mundos rosas, nos dice que al mundo le hace falta un poco de rosa.
La poesía es el insomnio de la literatura. En un verso cabe toda la luz de nuestros deseos y también cabe todo el mar de nuestros miedos.
Jaime Sabines advirtió que lo momentáneo cabe en una canción, en un verso, en la rutina diaria del vivir.
Los poemas de Sabines tienen monotonía, sudores, sensación de pecado, hálito de Dios y el diablo.
Sabines sienta al Amor en sus rodillas y le canta, lo estruja, lo acaricia, lo maldice y nos los devuelve en versos llenos de nosotros mismos. Por eso tal vez, la poesía de Sabines nos sea tan familiar, tan cercana porque formamos, junto con él, una cofradía de derrotados.
Antes que otra cosa, el poeta aboga por la libertad del hombre y a través de su obra hace la obra en sí y la crítica del mundo que le tocó vivir. Y así lo hizo el poeta Jaime Sabines, quien nació el 26 de marzo de 1926 en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.
La muerte es un acto relativo y elíptico. Sabines nos recuerda que la muerte está con nosotros desde que nacemos y no hay que temerle; es más, nos sugiere un arma letal contra ella: la belleza.
El poema es la arquitectura de un alma solitaria que busca a otras almas solitarias. Acaso esta noche sea una noche de almas solitarias.
La poesía de Jaime Sabines es transparente y densa. Es de humo, de cristal, de espinas y de metal. Sabe a rutina y a desamor. Tiene alas y pies de barro. Huele a piel, a relámpago.
El poeta Jaime Sabines nos dijo en sus versos que el instante tiene la eternidad de un amor, de un adiós, de la geografía del diario vivir.
Al cultivar y, por qué no, al impulsar el lenguaje desde la escritura (la obra en sí), el escritor acoge dos inquilinos espirituales de enorme valía: la conciencia social y el poder moral ante los poderosos vía al arma que proporciona el lenguaje.
Antes que otra cosa, el escritor aboga por la libertad del hombre y a través de su obra hace la obra en sí y la crítica del mundo que le tocó vivir.
Sabines fue un rapsoda que tocó almas, sus versos adquirieron hospedaje inmediato en los miles de lectores que sentían que las líneas emanadas de la pluma del chiapaneco habrían sido escritas para ellos.
De Jaime Sabines nos quedan sus libros, su voz grabada, su presencia infinita. Un poeta como él le hace falta siempre al mundo; siempre, siempre, siempre…













