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Los aedas desempeñaban un papel crucial en las comunidades griegas, ya que sus versos no solo entretenían, sino que también transmitían enseñanzas éticas y valores sociales. En un mundo donde no existía la escritura masificada, ellos aseguraban que la cultura y la historia fueran preservadas a través de sus cantos.
Los aedas eran poetas y cantores de la Antigua Grecia, conocidos por recitar epopeyas y narraciones épicas que formaban parte de la tradición oral. Los aedas no solo recitaban, sino que también componían versos, acompañándose de instrumentos musicales como la lira. Eran considerados guardianes de la memoria colectiva, ya que transmitían historias, mitos y leyendas de generación en generación, como las narraciones de Homero en la Ilíada y la Odisea.
Los aedos que Homero nos describía no leían: componían o repetían de viva voz, ayudándose de su memoria. Esto se debía a que este tipo de poesía abunda en fórmulas, frases hechas para epresar siempre de la misma manera las mismas acciones o los calificativos que se atribuían a loa héroes.
El aedo es, pues, la persona encargada de conservar la poesía épica oralmente. Tras un periodo de formación se convierte en un artesano y en un asalariado. Cada vez que canta el poema lo vuelve a recrear. No aspira a una reproducción memorística del poema, solo a saberse la historia. Cuando desaparece el aedo con capacidad memorística se pasa al rapsoda, lo que dio origen a la transición de la poesía épica oral a la escrita.
La mayeútica es un método de enseñanza asociado al filósofo griego Sócrates. El término proviene del griego “mayeutiké”, que significa “el arte de la partería”, ya que Sócrates comparaba su técnica con la labor de una partera, ayudando a “dar a luz” ideas en las mentes de sus interlocutores.
Aunque la mayéutica no está directamente vinculada con la poesía o la oralidad tradicional como los aedas, los mayeutas de la lengua serían quienes, a través del diálogo y el cuestionamiento, guían a otros hacia la reflexión y la creación de ideas. Podrían considerarse una figura metafórica para aquellos que, mediante la palabra, inspiran y despiertan la imaginación o el entendimiento, como los poetas, filósofos y narradores orales que transforman la realidad a través de la palabra.
En su magnífico libro (súper recomendado) “El infinito en un junco: la invención de los libros en el mundo antiguo”, Irene Vallejo hace un elogio de la oralidad, la palabra dicha como madre de la literatura, pero sobre todo como parto del pensamiento: la mayéutica. En la época de Sócrates, las “mayeutas eran las parteras y el método socrático de extraer la verdad a partir de las conversaciones fue asimilado al trabajo del parto: dar a luz el conocimiento, parir una idea”.
Los griots son narradores, poetas, músicos e historiadores tradicionales de África Occidental. Estas figuras son esenciales en la preservación de la historia y cultura de sus comunidades. Los griots transmiten historias orales, genealogías, mitos y eventos históricos a través de canciones y relatos. También actúan como consejeros y mediadores sociales, gracias a su profundo conocimiento de la historia y las tradiciones de su pueblo.
El arte de los griots es hereditario y se transmite de generación en generación dentro de familias dedicadas a esta labor. A menudo, acompañan sus cantos y relatos con instrumentos tradicionales como la kora (un arpa africana). Un ejemplo destacado es el papel de los griots en la difusión de las epopeyas africanas, como la del legendario rey Sundiata Keita del Imperio de Malí.
Los griots se entrenan para sobresalir como oradores, letristas y músicos. Un griot lleva registros de todos los nacimientos, muertes y matrimonios a lo largo de las generaciones de la aldea o de la familia. Los griots se originaron en el siglo XIII en el imperio Mandé de Mali. Durante siglos han contado y recontado la historia del imperio, manteniendo vivas sus historias y tradiciones. Cuentan sus historias con música, utilizando instrumentos como el ngoni, la kora o el balafón. Un kora es un laúd de 21 cuerdas que suena como un arpa melódica. Para aprender a tocarla se requiere años de entrenamiento.
Los poemas gímnicos son composiciones poéticas relacionadas con el canto y el baile, especialmente en contextos rituales o religiosos. El término “gímnico” proviene del griego “hymnos”, que significa “himno”, y se refiere a textos que exaltan a deidades, héroes o ideales sagrados. Estos poemas solían recitarse o cantarse en ceremonias públicas acompañados de movimientos coreográficos, destacando la unión de la palabra, el ritmo y el cuerpo.
En la Antigua Grecia, los poemas gímnicos eran parte esencial de las festividades religiosas y olímpicas. Algunos, como los himnos de Píndaro, celebraban los logros de los atletas y las virtudes heroicas. En un sentido amplio, el término también puede aplicarse a cualquier forma de poesía que exprese la unión de la palabra y el movimiento, como sucede en tradiciones modernas de performance poético.
Desde los aedas griegos hasta los griots africanos, estas figuras y géneros representan la diversidad y riqueza de las tradiciones orales en diferentes culturas. Todos ellos tienen algo en común: utilizan la palabra como vehículo para preservar la memoria colectiva, honrar la historia y conectar emocionalmente con su audiencia. Al mismo tiempo, los poemas gímnicos y la mayéutica destacan cómo la palabra puede inspirar movimiento, acción y reflexión, fusionando arte, lenguaje y pensamiento.