La concha del ostión: clave olvidada para salvar la ostricultura en Veracruz
La concha actúa como sustrato natural, permite la fijación de larvas y favorece la formación de nuevos bancos ostrícolas
Alfredo Márquez
Esta práctica, impulsada en gran parte por la extracción descontrolada del molusco por pescadores libres, pone en jaque la sustentabilidad de uno de los recursos marinos más importantes de la región.
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El ostión es considerado fuente de vida y economía
La ostricultura es una de las actividades pesqueras más representativas en los municipios de Pueblo Viejo, Tampico Alto y Tamiahua, donde los bancos naturales de ostión han brindado a las comunidades locales una alternativa económica frente a la pesca convencional.
Durante décadas, el comercio del ostión ha sido la columna vertebral de familias enteras. Su recolección, limpieza y venta involucra una cadena productiva que abarca desde pescadores hasta vendedores en mercados y restaurantes, tanto en el norte de Veracruz como en la zona conurbada de Tampico.
Pero este ciclo de trabajo depende de un componente muchas veces ignorado: la concha. Lejos de ser un desecho, la concha del ostión es el soporte biológico que permite el desarrollo de nuevas generaciones de moluscos. Sin ella, la repoblación de los bancos ostrícolas se ve comprometida.
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Una práctica peligrosa: cuando la concha del ostión no regresa al agua
Abraham García Reyes, pescador de oficio en Pueblo Viejo, ha sido testigo de cómo, año con año, cientos de toneladas de conchas de ostión terminan siendo utilizadas para fines completamente ajenos a su función natural.
“Las usan para tapar baches, rellenar terrenos o calles en las colonias. Es un desperdicio, porque esa concha debería volver a la laguna. Ahí es donde realmente sirve”, comenta preocupado.
Este problema no es nuevo. De hecho, ha sido una constante durante décadas, pero el incremento de pescadores libres sin control ni regulación ha agravado la situación.
A diferencia de los miembros de cooperativas organizadas, estos pescadores trabajan por cuenta propia, extraen el molusco sin respetar la talla mínima y, una vez limpio el producto, desechan la concha sin retorno al ecosistema.
Desorganización y falta de vigilancia oficial
Armando Castillo Pérez, integrante de la cooperativa pesquera de Congregación Anáhuac, considera que la falta de organización entre los pescadores libres y la indiferencia de las autoridades pesqueras son factores clave que explican el deterioro actual.
“No hay una estrategia para integrar a todos los pescadores en un esquema de trabajo regulado. Hay quienes se organizan, siguen reglas, hacen repoblación, pero otros solo extraen y venden. Nadie los vigila. Nadie les exige nada”, señala.
Castillo sugiere que, incluso si no se organizan formalmente, los pescadores libres podrían al menos establecer centros de acopio comunitarios para recolectar la concha y facilitar su retorno a la laguna, como medida mínima para preservar el recurso.
La concha: más que un residuo, una esperanza
La siembra de conchas no es una ocurrencia moderna. Es una técnica probada y recomendada por especialistas en acuacultura y manejo de ecosistemas marinos. La concha actúa como sustrato natural, permite la fijación de larvas y favorece la formación de nuevos bancos ostrícolas.
En otras regiones del país, como Sinaloa, Campeche o Tabasco, los programas de manejo pesquero incluyen el retorno obligatorio de la concha al agua como parte de los requisitos para poder comercializar el producto. En el norte de Veracruz, aunque existe la normativa, su aplicación es laxa y desigual.
“Sin concha, no hay ostión. Así de simple. Es como intentar sembrar sin tierra”, resumió Castillo.
¿Qué se necesita para revertir el daño?
La solución, como señalan los pescadores organizados, no requiere inversiones millonarias ni infraestructura compleja. Basta con voluntad política, coordinación entre autoridades y pescadores, y educación ambiental.
Miles de familias dependen del ostión
La desaparición progresiva de los bancos ostrícolas no solo significaría una crisis ambiental. También implicaría pérdida de empleos, migración forzada, inseguridad alimentaria y desintegración del tejido comunitario.
Por eso, el retorno de la concha a su hábitat debe dejar de ser una recomendación informal y convertirse en una política pública urgente, respaldada por programas comunitarios, incentivos económicos y vigilancia efectiva.
El tiempo se agota, necesario tomar medidas pronto
El ostión no se regenera solo. Y los ecosistemas lagunares, por más generosos que sean, tienen un límite. Si no se toman medidas pronto, las futuras generaciones podrían conocer el ostión solo por fotografías o en recuerdos de sus abuelos.
Mientras tanto, pescadores como Abraham y Armando seguirán luchando por una causa que no es solo suya, sino de toda una región. Su voz, a menudo ignorada, es el grito silencioso de un ecosistema que pide auxilio.
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Porque preservar el ostión no es solo cuidar un recurso económico: es proteger una forma de vida, una cultura, una identidad. Y todo comienza, increíblemente, con una concha olvidada en una calle cualquiera.






























