Piratas desembarcaron en Cabo Rojo, cerca de Tampico
El destino de los piratas: inquisición, galeras y fuego
Una de las incursiones piratas en Tampico no terminó con un botín saqueado ni con una ciudad en llamas, sino con el sonido de las cadenas de 75 hombres siendo conducidos tierra adentro, lejos del mar que una vez fue su reino.
Hoy, cuando la brisa sopla sobre Tampico, el eco lejano de los barcos acercándose por el río vuelve y solo quedan las leyendas de aquellos que resistieron a los corsarios y lo que alguna vez los vieron vencidos.
El jueves y viernes Santo forman parte de los días más importantes de la Semana Mayor al conmemorar los últimos momentos de Jesucristo y dando origen a diversas tradiciones
El escritor desmenuza en su nuevo libro las hazañas de los mundiales, los sobornos, los negocios ilícitos y la violencia deportiva, sin dejar de lado el crecimiento del futbol femenil, en el contexto de un mundial marcado por tensiones políticas y sociales
La Iglesia Católica indica que las personas de 14 a 59 años no deben comer carne, excepto quienes están enfermas; la tradición se puede intercambiar por otras abstinencias
La necesidad de entretenimiento por parte de la sociedad de la alta alcurnia le dio a las autoridades de la Nueva España la oportunidad de crear un teatro principal
Año con año, el Comité Organizador de Semana Santa en Iztapalapa elige al representante de Jesús, quien debe ser oriundo de alguno de los ocho barrios de la demarcación
A mitad del siglo XIX Tampico ya estaba en el lado de Tamaulipas / Mediateca INAH
La imagen de piratas desembarcando con sus cañones y sembrando el terror es la que ha quedado grabada en la historia de Tampico. Pero hubo una vez, hace más de 450 años, en la que la historia dio un vuelco irónico. En octubre de 1568, los temidos lobos de mar no llegaron como conquistadores, sino como un grupo de hombres perdidos y la Villa de San Luis de Tampico se convirtió en la trampa final para 114 corsarios ingleses.
Con base a lo que cuenta el investigador Gabriel Careaga en su libro “La Santa Inquisición”, La historia comienza con una huida desesperada. El capitán John Hawkins y su flota habían sufrido una catastrófica derrota a manos de la armada española en el puerto de San Juan de Ulúa, Veracruz. Con sus naves gravemente dañadas y una persecución encarnizada, la situación era insostenible.
Menciona el investigador que la nave principal, sobrecargada de hombres y a punto de zozobrar, necesitaba aligerar carga para tener alguna posibilidad de escapar. La solución fue despiadada: 114 hombres fueron desembarcados de emergencia en las playas de Cabo Rojo, cerca de Tampico, con la promesa de que Hawkins regresaría por ellos.
Agrega que aquellos 114 ingleses, acostumbrados a la libertad y el pillaje en alta mar, se encontraron de pronto abandonados en una costa desconocida y hostil. Divididos en dos grupos al mando de Antonio Goddard y Juan Hooper, intentaron adentrarse en la selva huasteca. El grupo de Hooper fue atacado casi de inmediato por una tribu local, resultando él y dos de sus hombres muertos.
Pueblo Viejo se hizo un municipio independiente de Tampico / México en Fotos
Perdidos, desesperados y diezmados, los sobrevivientes vagaron durante días por los montes, debilitándose por el hambre y el miedo. Su suerte cambió—para mal—cuando el 15 de octubre oyeron el canto de un gallo y el disparo de un arcabuz. Habían llegado al río Pánuco, y directamente a las manos de la autoridad española.
El hombre que los capturó no era cualquier funcionario. Se trataba de Luis de Carvajal y de la Cueva, el alcalde de la Villa de San Luis de Tampico, una figura histórica crucial que más tarde fundaría el Nuevo Reino de León (en lo que hoy conocemos como Monterrey) y sería el primer español en anexar Texas a la Nueva España. Carvajal no era un novato.
John Hawkins / Galería Nacional de Londres
Menciona en su libro que antes de ser interrogados, los españoles les decomisaron a los piratas 251 pesos, joyas de oro y cadenas. El líder Goddard, en un intento desesperado, intentó hacerse pasar por portugués. Lo que no sabía era que Carvajal era originario de Portugal y hablaba el idioma a la perfección, por lo que el engaño fue rápidamente descubierto.
El investigador Gabriel Careaga, en su obra, nos ofrece detalles biográficos escalofriantes sobre el destino final de estos hombres. Sus relatos nos recuerdan que entre las tripulaciones piratas no solo había adultos; existían piratas niños, como David Alexander, de apenas 14 años.
Este corsario niño tras ser capturado en Tampico fue llevado a la capital y trabajó como paje del virrey. Sin embargo, su juventud no lo salvó. Fue denunciado años después, encarcelado por tres años y, tras una breve libertad, arrestado de nuevo por el Santo Oficio, desapareciendo para siempre de los registros históricos.
El caso de William Cornelius es particularmente especial. Entre los corsarios, él se encargaba de curar las heridas de sus compañeros durante los abordajes. Esta habilidad, aprendida en la violencia del mar, le permitió ganarse la vida en la Nueva España cuando logró escapar y huir a Guatemala, trabajando precisamente como barbero y cirujano.
Luis de Carvajal en una de sus expediciones / Ilustración Archivo Nacional de México
Sin embargo, fue recapturado en 1574. Careaga relata que la Inquisición lo torturó para que renunciara a su fe luterana, pero no lo lograron. Su firmeza lo llevó a la condena máxima: fue ahorcado y su cuerpo quemado en la hoguera frente a cientos de personas.
Otros no corrieron mejor suerte. William Collins fue condenado a 200 latigazos y 10 años de servidumbre en las galeras de España. George Ribley, considerado un “luterano recalcitrante”, fue juzgado y, tras un proceso de dos años, murió estrangulado antes de que su cuerpo fuera quemado en la hoguera en febrero de 1574.
Luis de Carvajal, alcalde de San Luis de Tampico / Archivo Nacional de México
Su historia es un amargo recordatorio de que la fortuna es una rueda que gira implacable. Los mismos hombres que desafiaban tormentas y desafiaban imperios en sus barcos, se encontraron indefensos ante la espesura de la selva, la valentía de los huastecos .