Un viaje por el Inframundo de la mitología romana: el descenso de Eneas al reino de los muertos
Un recorrido literario por el Libro VI de La Eneida de la mano de Sibila de Cumas, sacerdotisa de Apolo
Itzia Rangole / El Sol de Tampico
Conociendo a Sibila de Cumas, sacerdotisa de Apolo
Eneas va en búsqueda de Sibila de Cumas, quien vive cerca del río del llanto Cocito. La sacerdotisa se niega en un primer momento a cumplir la petición del joven.
Sin embargo, este insiste, diciendo que no será el primero en descender a la morada de los muertos y regresar al mundo de los vivos. Ya lo hizo Orfeo, Hércules y Teseo, además de ser un hábito para Cástor y Polux.
Concluido el ritual, cuando los rayos del nuevo día comienzan a asomar, el suelo tiembla. Sibila de Cumas se adentra en una caverna, con Eneas (y con nosotros) siguiendo sus pasos.
Bienvenidos al vestíbulo del Orco
Al final del corredor aguarda el vestíbulo del Orco: en el centro se encuentra un olmo sombrío, aposento de centauros, gorgonas y arpías; domicilio de la Hidra de Lerna, serpiente de muchas cabezas; y de Briareo, un monstruo de 100 manos.
Tras dar unos cuantos pasos, Sibila y Eneas ven las aguas del río Aqueronte, donde el barquero de la muerte, Caronte, transporta el alma de los fallecidos.
Pasajeros de la barca de Caronte
Al descender de la barca, el suelo es barro sucio y Cerbero, el perro de las tres cabezas, protege la entrada de una cueva. Sibila, sabedora de que este momento llegaría, está preparada y lanza a la criatura comida con opio para hacerlo dormir.
Dos caminos: ¿derecha o izquierda?
Asomándose al abismo del Tártaro
Eneas observa una torre de hierro, con columnas de diamantes e ingresa a ella. Cubierta con un manto sangriento está Tisífone sosteniendo un látigo.
Sibila le explica al joven troyano que no puede saber lo qué ocurre detrás de esas paredes, pues ningún alma con bondad puede lidiar con tal terror. No obstante, Eneas logra escuchar gritos de dolor y cadenas arrastrándose.
Bienvenidos al alegre campo de las sombras
Mientras Anquises habla, Eneas contempla a diversas almas bebiendo del río Leteo, de las aguas del olvido y de la tranquilidad, para poder reencarnar.
Es momento de terminar nuestro viaje por el Inframundo de La Eneida de Virgilio. Para ello, tenemos que seguir muy de cerca a Eneas y Sibila de Cumas, quienes tienen frente a sí dos puertas.






























