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Localmiércoles, 11 de febrero de 2026

De migrante a podador; Edgar Ordóñez, desafía las alturas para embellecer Pueblo Viejo

Tras vivir casi dos décadas en Estados Unidos, regresó a la zona norte de Veracruz donde hoy es reconocido por su trabajo en la poda de árboles

Antonio Campos

Con 47 años, su historia comenzó lejos de casa. Como muchos jóvenes, buscó el llamado sueño americano y emigró a Estados Unidos en donde probó distintos trabajos, pero ninguno lo convenció hasta que descubrió el oficio que marcaría su vida.

“Como todo, cuando uno está joven, uno busca el sueño americano y emigré a Estados Unidos. Fui a muchos trabajos, oficios, pero no me gustaron hasta que me gustó este y allá fue donde aprendí”, recuerda.

Tras vivir 18 años en Estados Unidos, encontró en México su oportunidad laboral

Entre fe, riesgo y oficio: así es la vida diaria de un podador de árboles

Edgar explica que cada jornada comienza con una oración y termina con gratitud. “Me levanto, voy a trabajar y subo a las alturas con la bendición de Dios, ya que no sabemos si vamos a bajar debido a que el riesgo es bastante”, afirma.

Destacó que para minimizar peligros, utiliza espuelas o picos que ajusta a sus botas, un arnés de silla que rodea su cintura, una cuerda de vida y, por supuesto, la motosierra. Aun así, reconoce que el peligro nunca desaparece por completo.

A sus 22 años dedicados a la poda, se ha convertido el riesgo en rutina y la altura en su espacio de trabajo. En Pueblo Viejo, donde radica su familia, dice sentirse agradecido. “Muy bonito nuestro México”.

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