Jaime Israel: perdió la vista hace dos décadas pero ilumina el camino de muchos en Tampico
Desde el Sistema DIF, enseña técnicas de movilidad a personas con discapacidad visual en Tampico
Yadira Hernández
Desde muy temprano, Jaime ya está listo para recibir a quienes llegan al programa Camino de Luz del Sistema DIF en Tampico, donde funge como instructor.
Jaime y su vida después de la oscuridad
La vida de Jaime cambió en 2006, cuando un accidente le arrebató la vista por completo y el mundo se volvió sonido, textura y memoria.
“Me quedé sin nada y, al mismo tiempo, con todo por hacer”, recordó en entrevista con EL SOL DE TAMPICO.
Con una licenciatura concluida y una maestría en terapia familiar, decidió convertir su pérdida en guía para otros.
Comenzó a enseñar lo que él mismo tuvo que aprender: cómo orientarse, moverse, confiar en el bastón y sobre todo, cómo volver a creer en la vida.
En el salón donde trabaja con niños, ahí el ambiente es distinto, porque allí dentro el mundo se reconoce por el tacto y el oído.
Las vibraciones del piso, las voces, el golpeteo del bastón sobre una superficie lisa o rugosa se convierten en pistas para comprender el entorno.
Para los más pequeños, Jaime se convierte en un traductor del mundo porque les enseña orientación temprana, movilidad, reconocer los sonidos de la ciudad y cómo percibir la distancia entre un paso y otro.
“Todo es un proceso lleno de obstáculos pero cada uno se supera con una satisfacción enorme”, explicó.
Con los adultos, el reto es aún mayor; volver a la vida laboral, recuperar la identidad perdida y enfrentarse a los prejuicios.
“No es fácil ser ciego y caminar por la ciudad”
El profesor señaló que aún falta mucho por hacer en temas de prevención y cultura sobre la discapacidad visual.
“En ocasiones, mis alumnos desarrollan habilidades tan finas que la gente, en vez de admirar, duda, a veces no creen que sean ciegos, porque caminan con seguridad, pero esa seguridad es fruto de un trabajo enorme”, subrayó.
La adaptación al bastón blanco puede tomar desde una semana hasta meses en casos extraordinarios, aunque el verdadero reto es superar el miedo a la ciudad, proceso que tarda entre seis meses y un año.
“Son logros enormes, no por las medallas, sino por las puertas que abren”, destacó el instructor.
Una necesidad urgente: Tampico como aliado
“Un semáforo sonoro significa poder cruzar solos, significa libertad”, sostuvo.
“La verdadera inclusión es permitir que vivan sin pedir permiso para existir”, finalizó Jaime Israel, quien aún sin vista, ilumina el camino de muchos en Tampico.






























