El proyecto fue reactivado tras resolverse conflictos legales y administrativos, permitiendo mejorar la conectividad entre el sur y el altiplano tamaulipeco
Cuando el Año Nuevo se festejaba de casa en casa en Tampico / Vladimir Meza y Hemeroteca de El Sol de Tampico
Las celebraciones de fin de año en Tampico durante el siglo pasados tenían una mezcla de fervor religioso, comunidad y tradiciones. Eran un ritual comunitario, un mosaico de tradiciones que tejían el afecto entre vecinos y familia. En las décadas de 1960 a 1990, cada Nochevieja, entre pirotecnia y silbatos de barcos y trenes, contaba una historia de sabores y costumbres que definían a una ciudad. Y aunque el festejo ha cambiado, aún perdura este espíritu festivo del puerto.
A la mitad del siglo XX el ritual comenzaba en el Mercado Municipal. Un día antes, o incluso la mañana del 31 de diciembre, las familias acudían a surtirse de los ingredientes frescos para la gran cena. El punto de reunión era, casi sin excepción, la casa de los padres o los abuelos, donde resonaba la alegría de los reencuentros familiares.
Las cenas de fin de año que marcaron generaciones en Tampico / Hemeroteca El Sol de Tampico
La cena era un festín de tradición pues en los platos había mole, en otros pozole, en algunos más mondongo, así como los infaltables tamales que se compartían en las mesas. En las casas más pudientes, se preparaban platillos como el bacalao a la vizcaína, la paella y “jamón planchado”, hecho con pierna de jamón serrano de pierna de cerdo que se terminaba de cocer literalmente con las pesadas planchas de fierro que se usaban para la ropa.
La noche tenía un sentido comunitario y religioso. Después de la Misa de Gallo, los vecinos salían “de casa en casa” para darse los abrazos de fin de año, y los anfitriones compartían su cena con los visitantes. Luego, los jóvenes partían a los bailes en centros como el Casino Tampiqueño o el Jardín Corona, además del Casino Moctezuma, festejo conocido como el “baile de los abrazos”, donde la fiesta comenzaba después de la medianoche.
En 1960 ya se saturaba el centro de Tampico previo a la cena de Año Nuevo / Hemeroteca El Sol de Tampico
En los 70, aunque las reuniones familiares en casa de los padres seguían siendo el corazón de la celebración, la cena empezó a modernizarse. La pierna de cerdo al horno ganó popularidad, y un curioso fenómeno comunitario surgió con ello en las panaderías del barrio. Muchas familias, sin hornos adecuados, hacían fila para “rentar” el espacio y cocinar allí sus piernas al horno, pavos o “cuetes mechados”.
La llegada de la televisión a la mayoría de los hogares empezó a mezclar las influencias nacionales con las locales. La música, que en ese entonces salía de las consolas con discos de vinil de la Sonora Santanera, Rigo Tovar, Los Panchos o la Sonora Matancera, ponían el sonido de la fiesta. Comenzaba una transición hacia una celebración más festiva e interior, sin perder el núcleo familiar.
Predominaba el pollo como uno de los favoritos para fin de año / Hemeroteca El Sol de Tampico
Los años de 1980 marcaron otro cambio con la llegada de grandes cadenas de supermercados. Ahora, era posible comprar todo en un solo lugar: desde los ingredientes hasta las carnes principales (pavo, pollo, pierna). Esto generó una nueva tendencia y diversificó los menús.
A la mesa llegaron las ensaladas, los postres de frutas y los espaguetis como acompañantes. La música en vivo en las colonias cobró un nuevo aire con el auge de los equipos de sonido con sus grandes bocinas y mezcladoras, que animaban bailes organizados por los propios vecinos. La celebración se volvía más práctica y, a la vez, más ruidosa y pública en los espacios comunitarios.
La llegada de los supermercados a Tampico cambió la forma de realizar las compras decembrinas / Hemeroteca El Sol de Tampico
Parala última década del siglo, el menú se había estandarizado en muchos hogares, el pavo relleno y la pierna al horno eran los reyes, acompañados de espaguetis y ensaladas. Sin embargo muchas familias empezaron a comprar su cena de fin de año en franquicias de comida rápida, al ser una opción más fácil con menos preparativos y que estaba al momento lista para servirse.
También la tradición del conteo de fin de año se mediatizó. Familias enteras se reunían alrededor de la radio o la televisión para seguir la cuenta regresiva, siendo una de las más populares la del locutor “Freki” Villarreal. El momento culminante seguía siendo el estallido de cohetes y la ronda de abrazos, pero ahora enmarcado por una voz que unía a toda la ciudad desde los medios.
Las primeras tiendas de autoservicio en el sur de Tamaulipas también se abarrotaban previo al 31 de diciembre / Hemeroteca El Sol de Tampico
De las filas en el mercado y el horno de la panadería a las compras en el supermercado y el conteo en televisión, las cenas de fin de año en Tampico reflejaron la evolución de una ciudad. Lo que nunca se perdió es la importancia de la celebración: el deseo de reunirse, de compartir la mesa y de abrazar, literalmente, la esperanza de un nuevo ciclo.
Pero el espíritu persiste en cada pierna que se hornea, en cada uva que se come con prisa y risa, en cada abrazo familiar cuando el reloj marca las 12. Porque más allá de los platillos y las modas, la Nochevieja en Tampico siempre ha sido, en el fondo, un acto de fe: fe en la familia, en la comunidad y en la dulce posibilidad de que el año que viene puede estar lleno de la misma sazón, amor y alegría que guardamos en la memoria.