La Quina antes del poder: la infancia y adolescencia del líder petrolero tamaulipeco
El periodo transcurrido entre su detención y destitución sindical es conocido como “El Quinazo”: uno de los eventos políticos más significativos de la historia nacional a finales del siglo XX
Itzia Rangole / El Sol de Tampico
Subió al poder en 1958, durante el mandato de Adolfo López Mateos, y fue detenido sin orden de aprehensión, por el ejército, acusado de posesión ilegal de armas, el 10 de enero de 1989, siendo presidente de México, Carlos Salinas de Gortari.
Hijo de Leoncia Galicia y Joaquín Hernández Rodríguez
Joaquín Hernández Galicia nació en Veracruz en 1922 y arribó siendo un bebé a La Barra de Villa Cecilia, hoy Ciudad Madero, donde vivió por cuatro años.
Entre 1926 y 1927, la familia se mudó a la colonia Obrera, en las inmediaciones de Árbol Grande, en Tampico, donde un episodio de violencia doméstica de alto riesgo daría fin al matrimonio.
“El perfume petrolero” de Ciudad Madero
Siendo niño, mientras caminaba por la colonia Tinaco, Joaquín Hernández vio pasar a un hombre moreno de quijada cuadrada, vistiendo chamarra de mezclilla y oliendo a gasolina. Entonces, se hizo una promesa. En sus palabras:
“Me decía: algún día voy a trabajar en la Compañía El Águila. Voy a ser un digno trabajador petrolero y andaré lleno de aceite y gasolina. Ya de perdiz, seré chofer de un camión grande”.
Cuando falleció el lunes 11 de noviembre de 2013, en la ciudad de Tampico, el titular de la BBC, en su sección internacional indicó: “México: muere poderoso exlíder sindical petrolero, Joaquín Hernández ‘La Quina’”.
Aunque su padre era marinero, timonel de lancha; Galicia no se vio tentado por las aguas del río Pánuco. En sus memorias, declaró que él seguía “el perfume petrolero de Ciudad Madero”.
¿Cómo surgió el apodo de La Quina?
Ontiveros y Hernández Galicia seguirían siendo amigos por muchos años más, en palabras del líder sindical: “Nunca, ni en la cárcel, ni en el destierro, me dejó”.
El niño que vendía chicles, frutas e historietas en una esquina
Hernández Galicia no terminó el quinto año de primaria. Su madre, Leoncia Galicia, se fue a vivir a Poza Rica, Veracruz, con un hombre de apellido Meseguer. Por lo cual, él quedó a cargo de sus padrinos de primera comunión.
A los 14 años, Hernández recibió un telegrama de su madre, quien le pidió que se mudara con ella y Meseguer al pueblo Poza de Cuero, kilómetro 52, en Poza Rica, Veracruz.
La sinfonía de los Caterpillar: el humo y perfume de la gasolina
En 1937, se mudó al kilómetro 56, colonia Petrolera, de Poza Rica, donde entraría a trabajar al Taller de Carreteras. No tendría sueldo, pero aprendería a ser mecánico.
Hernández Galicia recuerda de aquel tiempo estar con la espalda en el lodo, cerca del faro de perforación, debajo de tractores Caterpillar, destapando a patadas, o con una llave de cruz, los tapones de los cárteres, para vaciar el aceite quemado.
Como deseaba ser petrolero, los domingos por la noche se escondía en el corredor del edificio donde se llevaban a cabo las juntas sindicales para escuchar los discursos.
Dos décadas después, en 1958, sería nombrado líder del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM). El mismo niño que vendía historietas de su autoría en la esquina de Ecatepec y Primero de Mayo, en Ciudad Madero.






























