El proyecto fue reactivado tras resolverse conflictos legales y administrativos, permitiendo mejorar la conectividad entre el sur y el altiplano tamaulipeco
La noticia del rebelde Fidel Castro se publicó el 5 de febrero de 1958 / Hemeroteca El Sol de Tampico
La trama comenzó, no en un salón de secreto, sino en la carretera Tampico-Mante, en junio de 1954. Armando Ayesh Villegas, un motociclista del departamento de Tránsito de Tampico, realizaba su labor rutinaria cuando detuvo un vehículo. Lo que descubrió fue un cargamento de armas. Al volante se encontraba un enérgico y convincente Fidel Castro Ruz.
Lejos de terminar en una aprehensión, ese encuentro fue el inicio de una conversación que transformaría la lealtad del agente. “Me di cuenta de las injusticias que se estaban cometiendo en Cuba, y simpaticé con los revolucionarios”, relataría años después Ayesh Villegas. El hombre que debía arrestar a Castro se convirtió, en cambio, en uno de sus más fervientes simpatizantes en la región.
Armando Ayesh Villegas salió a la luz de manera dramática en febrero de 1958. Un reportero de El Sol de Tampico, enterado de su presencia y su participación en la salida de Fidel del país, lo abordó en un hotel del puerto. El exagente, asediado por agentes secretos del Servicio de Inteligencia Cubano y de la policía mexicana, se mostró sumamente sorprendido de haber sido identificado.
Monumento a Fidel y la Revolución Cubana en Tuxpan / Carlos Herrera
Inicialmente reacio, Ayesh Villegas finalmente aceptó ser simpatizante de Fidel Castro. Expresó su temor por la vida, sabiendo que las autoridades cubanas lo buscaban. Se encerró en un “franco mutismo” respecto a sus actividades actuales, pero lamentó que su descubrimiento en México sería “en perjuicio de un futuro” que, aunque al principio vinculó a sí mismo, acabó por admitir que se trataba del futuro de Cuba.
Este aquel encuentro de Armando Ayesh con el Sol de Tampico, en febrero de 1958 se negó rotundamente a hacer la menor declaración. “Sin embargo, momentos después aceptó ser simpatizador de Fidel Castro, desde hace algún tiempo. Dijo saber que la policía de Cuba lo busca, y teme por su vida”.
En la entrevista se lee: “Soy mexicano originario de San Luis Potosí, y con frecuencia vengo a Tampico, donde tengo muchos amigos”. Armando Ayesh Villegas, en 1954, durante la administración de Horacio Terán, era motociclista de Tránsito bajo las órdenes del entonces Inspector Raúl Garza Ramón.
La noticia de Fidel Castro quedó relatada en El Sol de Tampico / Hemeroteca de El Sol de Tampico
Fue en el desempeño de esta labor cuando, en junio de 1954, conoció personalmente a Fidel Castro, a quien detuvo en la carretera Tampico-Mante, por haber encontrado en su automóvil un cargamento de armas. Pero Castro lo convenció y, en lugar de ser aprehendido, ganó uno más de sus simpatizadores, dice Ayesh Villeegas y agrega: “Ese mismo año abandoné el país y me trasladé a Cuba, de donde hace tiempo tuve que salir deportado’, según sus propias palabras.”, dice el relato periodístico.
Otra noticia que salió es que Fidel Castro reclutaba gente desde San Luis / Hemeroteca El Sol de Tampico
El 20 de noviembre de 1956, en el centro de Tampico fue la última parada del líder revolucionario. Las calles, repletas de gente, vibraban con el ritmo del desfile conmemorativo de la Revolución Mexicana. Entre la multitud anónima, se mezclaba Fidel Castro. No era un turista más; estaba ya rumbo a su expedición a Cuba.
Armando Ayesh Villegas, quien lo acompañaba, narraría que, durante esa estancia, Castro le mostró a Faustino Pérez, líder del campamento de Abasolo, los hoteles específicos donde los rebeldes deberían descansar en su camino final hacia Tuxpan. Todo mientras en las calles marchaban las representaciones de Villa, Zapata y Madero, así como jóvenes con carrilleras de papel.
Fidel Castro llega a México en 1955 / Archivo Nacional de Cuba
Cinco días después de haber caminado entre la multitud tampiqueña, el 25 de noviembre de 1956, hace 69 años, Fidel Castro y sus 81 expedicionarios zarparon desde el puerto de Tuxpan, Veracruz, a bordo del yate Granma. La ruta que había mostrado a sus compañeros, los hoteles que había señalado en Tampico, todo convergía en ese momento de partida.
La estancia de Fidel en Tampico queda así como una pausa histórica, un tiempo de calma antes de la tormenta. Un fragmento de la historia, de esos que a menudo se escriben en los grandes discursos y los campos de batalla, pero se preparan en los lugares silenciosos y en los encuentros fortuitos. Tampico, con su bullicioso desfile y sus hoteles discretos, fue el escenarios de uno de esos momentos.