La Virgen que sobrevivió a un huracán: así nació una de las tradiciones más antiguas de Pueblo Viejo
Tamales, rezos, coronaciones y una imagen que sobrevivió a la inundación de 1955 forman parte de una de las celebraciones en Pueblo Viejo, Veracruz
Tamales, rezos, coronaciones y una imagen que sobrevivió a la inundación de 1955 forman parte de una de las celebraciones en Pueblo Viejo, Veracruz

Alfredo Márquez
La fe, el fervor y la devoción que la familia Rivas mantiene desde hace 95 años hacia la Virgen de la Purísima Concepción siguen preservando una de las tradiciones religiosas más antiguas y representativas de Pueblo Viejo, Veracruz.
Se trata de un legado espiritual que inició en el siglo pasado y que, pese a huracanes, inundaciones, ausencias y el paso del tiempo, permanece inquebrantable, transmitiéndose de generación en generación.
La historia se remonta a tres años después de la fundación del paso de lanchas de El Humo, inaugurado en 1927, cuando en 1930 Isaac Rivas y su esposa, Catalina Torres, decidieron levantar un pequeño altar en su hogar para honrar a la Virgen de la Purísima Concepción.
Según su nieta, Victoria Rivas Tovar, esta devoción inició cuando el señor Isaac viajó hasta San Juan de los Lagos para adquirir una imagen de la Virgen, la cual fue bendecida en ese lugar y posteriormente instalada en un altar de madera construido en el patio de su casa.
Ese gesto sencillo marcó el inicio de casi un siglo de celebraciones que hoy forman parte de la identidad espiritual de la comunidad.
➡️ También puedes leer: Entre la fe y el WiFi: cómo la religión busca fortalecer familias desconectadas emocionalmente
Con la misma puntualidad de hace 95 años, la festividad inicia cada 7 de diciembre, previo al Día de la Inmaculada Concepción. Desde las primeras horas del día, la familia comienza con los preparativos en la casa ubicada en calle 20 de Noviembre esquina con Allende, colonia California, donde la tradición se mantiene viva desde su origen.
La limpieza de la capilla, los patios y del espacio donde se instalará el altar principal forma parte de los primeros trabajos. Se colocan luces de colores, papel picado y adornos que embellecen el recinto para recibir a los asistentes.
En paralelo, las mujeres de la familia se organizan para preparar la comida que será compartida al finalizar la ceremonia: cientos de tamales y café, elaborados en enormes vaporeras que desprenden el aroma característico de estas celebraciones comunitarias.

➡️ También puedes leer: Parroquia del Sagrado Corazón celebra 100 años de historia: realizan peregrinación en Ciudad Madero
La tradición ha enfrentado momentos difíciles. Uno de los más recordados ocurrió durante la devastadora inundación de 1955, provocada por el huracán Hilda.
En aquella ocasión, el nivel del agua comenzó a subir rápidamente en Pueblo Viejo, obligando al señor Isaac a tomar una decisión crucial: resguardar la vida de su familia y la imagen de la Virgen.
“Mi abuelo tomó a la Virgen, a sus hijos y a mi abuela, y se fueron al cerro donde hoy está la colonia El Higuerón. Gracias a eso se salvaron, aunque perdieron sus pertenencias y documentos”, relata Victoria Rivas.
Aquella emergencia no solo reforzó el sentido de fe de la familia, sino que reafirmó su compromiso de seguir honrando año con año a la Virgen.
➡️ También puedes leer: A 70 años del huracán Hilda: la devastación de Pueblo Viejo de 1955
Después de los señores Isaac y Catalina, la celebración quedó en manos del matrimonio formado por Juan Rivas y Juana Tovar, padres de Victoria, quienes dieron continuidad a la tradición familiar.
Durante décadas organizaron las misas, rezos, danzas y la cena comunitaria, manteniendo viva la devoción y asegurando la participación de vecinos, familiares y visitantes.
Actualmente, la festividad continúa realizándose en el mismo sitio, convirtiéndose no solo en un evento religioso, sino en un encuentro de generaciones, identidades y memorias que fortalecen la vida comunitaria en Pueblo Viejo.

En punto de las 21:00 horas, la fiesta da inicio con la entrada del tradicional grupo de danzantes, cuyos pasos y vestimentas llenan de color y energía el espacio. La música de tambores y sonajas anuncia el comienzo de la ceremonia, seguida por los rezos y cantos dirigidos por la madrina en turno.
En esta edición, la responsabilidad recayó en Rosa María Reyes, quien guió las oraciones con solemnidad y respeto. Uno de los momentos más esperados es la coronación de la Virgen de la Purísima Concepción, acto simbólico que representa la pureza de María y su papel como protectora espiritual de los feligreses.
Tras ello, los asistentes presentan sus peticiones, agradecimientos y plegarias, solicitando su intervención divina ante enfermedades, dificultades económicas, conflictos familiares o situaciones personales que requieren fortaleza y esperanza.
Concluida la parte religiosa, las familias se acomodan para disfrutar de la tradicional cena. Los tamales, elaborados con dedicación y cariño, se reparten entre todos los presentes, acompañados de café caliente.
Esta comida simboliza la unión y el sentido de comunidad que caracteriza la festividad. Aquí nadie se queda sin comer: todos son bienvenidos, desde los vecinos de la colonia hasta visitantes que acuden año con año.
La celebración no estaría completa sin la participación de los niños. Como lo marca la tradición, se rompe la piñata y se entregan bolsas de dulces a todos los pequeños, quienes disfrutan del ambiente festivo mientras corren y juegan alrededor de las familias reunidas.
Este momento, lleno de risas y emoción, simboliza la continuidad de la tradición y la esperanza de que las nuevas generaciones preserven estas costumbres.
Para finalizar el festejo, la imagen de la Virgen es trasladada nuevamente desde el altar principal hasta la capilla donde permanecerá resguardada. Este pequeño templo familiar fue recientemente rehabilitado para asegurar su protección y conservarla en las mejores condiciones para las futuras celebraciones.
Finalmente, los asistentes se despiden con gratitud, conscientes de que forman parte de una tradición que ha resistido casi un siglo de cambios, desafíos y transformaciones sociales.
Sigue nuestro canal de EL SOL DE TAMPICO: las mejores noticias en WhatsApp
La festividad de la Inmaculada Concepción, celebrada el 8 de diciembre, es una de las fechas más importantes del calendario litúrgico católico.
Para la familia Rivas y para la comunidad que los acompaña, esta fecha es un recordatorio de la esperanza y el amor divino que guía sus vidas.

A lo largo de 95 años, esta celebración se ha convertido en un símbolo de identidad cultural y espiritual para Pueblo Viejo. En cada vela encendida, en cada canto, en cada tamal preparado y en cada petición hecha al cielo, se escucha el eco de quienes iniciaron esta devoción y de quienes hoy la mantienen viva con orgullo.
La tradición continúa, firme, luminosa y devota, como la fe que sostiene a la familia Rivas desde 1930 y que, todo indica, seguirá presente por muchas generaciones más.
La apertura de la negociación está programada a partir del segundo semestre de este 2026, en la Plaza Krystal de Tampico