“No alcanzaban a creer que ya el petróleo era de los mexicanos”: la Expropiación vista desde los ojos de La Quina
Con una tarjeta de transitorio heredada de su padre, un joven de 19 años llegó a la Refinería de Madero para hacer historia
Itzia Rangole / El Sol de Tampico
¿Cómo vivió “La Quina” la Expropiación Petrolera?
En el 2000, Joaquín Hernández Galicia publicó el libro de memorias “Cómo enfrenté al régimen priista” con editorial Océano; hemos consultado el material para documentar la presente nota.
Al principio no recibía un sueldo; después los mecánicos le pagaban una cooperación voluntaria hasta alcanzar los 17 pesos a la semana.
De mecánico a soldador de la Sección I del STPRM
Con dinero en mano, le pidió a su mamá abandonar el norte de Veracruz y regresar al sur Tamaulipas, cuando lo hizo, la señora ya presentaba un tumor en la garganta en estado avanzado. Murió en una habitación del Sanatorio Alijadores.
Fanático del béisbol y obtención de la planta de petrolero
En 1943, Hernández Galicia obtuvo su primer puesto sindical: fue nombrado secretario de actas, y en 1945 le otorgaron la planta como trabajador petrolero.
“Como me gustaba llegar a las fondas, afuera de la refinería de Ciudad Madero, con mi overol bien chorreado, mi chispa colgando del pantalón y mis gafas de soldador al cuello”, escribió.
Los viernes en la tarde, junto a sus amigos Mares, la Coca-Cola, el Negro Nieves y Leandro Mirelos, se dirigía a la cantina La Estrella, cenaba en Kilos y se iba a bailar al Salón Modelo.
Los domingos por la mañana llevaba flores a la tumba de su madre en el cementerio de Árbol Grande y desayunaba en el mercado bajo de Tampico dos docenas de ostiones y seis jaibas rellenas.
En sus memorias recordó: “Fumaba cigarros Virginia, largos, largos, para apantallar a las chavas. En fin, era lo que se llamaba un pachuco en plena década de 1940”.
La noche del 8 de junio: incursión en el mundo sindical
En enero de 1947, Hernández Galicia se casó con Carmen Correa, el joven matrimonio se fue a vivir a una vecindad por las calles Bolivia y Díaz Mirón de Ciudad Madero.
Hernández Galicia se dirigió al edificio sindical, localizado a un costado de la escuela Armando Barba, en la colonia Felipe Carrillo Puerto. Lo que vio ese día, decidiría su futuro:
En el salón, Isidoro Gómez, miembro del Partido comunista, daba un discurso, ante la mirada estupefacta de Alejo Calvillo, presidente de la Sección. De pronto, empezaron los gritos y los disparos.
Hernández Galicia vería los cadáveres de Antonio Ortíz y Elías Spir “el Árabe”, guardaespaldas de Antonio Hernández Ábrego, líder sindical, quien buscaba destituir a Salvador Miranda como secretario general de la Sección.
Él todavía no lo sabía, pero en 1958, sería nombrado secretario general del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana e iba a permanecer en ese puesto, de forma oficial y de facto, por cinco sexenios presidenciales.






























