Si yo fuera un “buen perro”, esta columna no se llamaría ‘Expediente Confidencial’, sino que tendría un nombre mercadotécnico y me hubiese modificado el apellido para que sonara más ‘cool’. También me depilaria cada vello del cuerpo, gastaría mi tiempo en gimnasios y spas, y vestiría con ropa cara, porque un “buen perro” no pierde el tiempo leyendo a Cortázar o Vargas Llosa, sino cultivando su imagen como un modelo. Y en cada texto pondría palabras de moda, como “resiliencia”, o términos ‘chic’ como “redneck” o “gaslighting”.
Si yo fuera un “buen perro”, no viviría en forma modesta y acorde a mis posibilidades, sino que tendría mi beca de alguna fundación u ONG estadounidense o europea, de esas que “promueven” el “periodismo” de “investigación” (sic). Obviamente, mis “investigaciones” serían para atacar, con pruebas o sin ellas, a quienes mis patrocinadores me indicaran. En todo caso, las “pruebas” serían declaraciones de “intelectuales”, “académicos” y “científicos”, todos alineados con las ONG que me dieran beca, sin importar si estas tienen sustento más allá de toda duda razonable.
Naturalmente, otra parte de mi vida sería financiada por notas y reportajes donde me dedicara a “demostrar” que la gran solución para que el mundo sea feliz, no haya violencia y todos estemos en armonía como en capítulo de Plaza Sesamo, es que se legalicen todas las drogas y, sobre todo, que no existan cárceles, sino que, a los delincuentes, y en especial a los narcos, se les perdone, a cambio de construir algún centrito para sus víctimas. En mis trabajos “periodísticos” jamás aparecería ninguna referencia a los daños que ocasionan las drogas, so pena de perder mi beca... y mi lujoso estilo de vida.
Además, si yo fuera un “buen perro” ¿por qué habría de oponerme a legalizar las drogas?. Un “buen perro” no solamente las consume para “explorar su interior”, sino que comparte narcobacanales con empresarios, políticos y cualquiera que tenga estatus para financiar su “periodismo” y su estilo de vida, incluyendo criminales.
Si yo fuera un “buen perro”, las “víctimas” de mis columnas serían los criminales. Los romantizaría y convertiría en malos a policías, jueces y, en general, a cualquier ciudadano que se les opusiera. Repetiría, furibundo, el mantra de que los “derechos humanos” para asesinos, secuestradores, ladrones y demás, son “inalienables”. Defendería como “buen perro” al “debido proceso” y reprobaría la prisión preventiva
Si yo fuera un “buen perro”, defendería la “libertad de expresión” para que las narcoesposas presuman, con jactancia, su modo de vida, o para que Peso Pluma o cualquier narcocantante interprete sus melodías idolatrando a los reyes del crimen. Por el contrario, exigiría “cancelación” para cualquiera que ose atacar a mis amos patrocinadores, a sus amigos delincuentes, banqueros o “activistas” y, claro está, a sus socios políticos.
Si yo fuera un “buen perro”, asistiría puntualmente a mis cursos de las ONG que me dieran beca, todos con nombres rimbombantes en inglés. Luego de cada uno, mis amos me darían un diploma que acreditara lo buen can en que me habría convertido y lo fiel que soy a ellos.
Y como eso me haría un “perro buenísimo”, tendría inmediatas ofertas de medios “importantes” para conducir noticieros, porque varios directivos de medios y hasta algunos dueños comparten plenamente la visión del mundo de esas ONG. O quizás me llegaría la propuesta de algún portal estadounidense o español, para escribir mis opiniones que, por supuesto, no serían mías, sino las de mis amos y patrocinadores, porque un “buen perro” no piensa, solamente obedece.
Naturalmente, siendo un “perro” tan “bueno”, mi cuenta de banco estaría lo suficientemente abultada para comer en los mejores restaurantes de la ciudad, irme de paseo a las mejores playas y vivir en un departamento de zona gentrificada, aunque criticaría la gentrificación para fingir preocupación por las personas de a pie. Tendría esa vida de lujo y exceso, porque los amos siempre premian bien a los “perros buenos”.
Pero, para no verme tan elitista y whitexican, de vez en cuando iría a comer tacos en algún lugar modesto, les tomaría fotos y me sacaría una ‘selfie’ con el taquero. Porque, obviamente, un “buen perro” dedica su vida a figurar en redes, no a ser buen padre, o hacer el bien sin mirar a quien -y sin sacarle ‘selfies’-. Eso no deja seguidores. Eso está “pasado de moda”.
Y siendo “buen perro”, si viera cualquier foto, manipulada o real, de un niño gazatí, la replicaría en mis redes y pondría, en mayúsculas, “GET GAZA LIVE!”, aunque cada semana le dedicara miradas de asco y desprecio a cuanto niño se me acercara vendiendo chicles o flores, al salir del restaurante lujoso de turno. Los “buenos perros” solamente son buenos con sus amos, o cuando están ante una cámara o teléfono.
Y es que la pluma de un “perro bueno” no está a disposición de la gente de a pie, a menos que la envíen sus amos o patrocinadores, o sirva para difundir la narrativa que a ellos les conviene. Mis “fuentes” no serían el niño que limpia parabrisas en una esquina, el mesero o el taxista -a menos que viera que una ‘selfie’ con ellos puede darme ‘likes’-, sino el “académico”, el empresario, el “científico”, el “activista”, que dicen hablar por ell@s.
Caminaría por la vida sintiéndome el “salvador” de la humanidad, como tocado por la mano de Dios, con una soberbia y petulancia absoluta.
Pero resulta que yo NO soy un “buen perro”.
Yo soy un periodista y, aunque no tenga la vida de los “buenos perros”, siempre estaré del lado de la gente de a pie.
Por eso, jamás humillaré a un taquero o taxista para ganar “likes”, usándolo como atracción de circo, sin poner ni media palabra de su historia y sufrimientos diarios. Por eso, jamás seré un vendedor de narrativas dañinas para la sociedad, como la del paraíso de las drogas legales -que dejaría millones de adictos- o la del litio como única solución para el cambio climático -que nos dejaría sin agua para beber y bañarnos-. Por eso, yo no creo que las personas LGBTQI+ que merecen salir en medios deben ser artistas o “emprendedores” de clase alta, sino las, los y les jóvenes que viven en un cuarto de 15 metros cuadrados y sobreviven con un mal salario, por haber sido injusta y estúpidamente censurados, relegados y expulsados de su familia.
Y como no soy un “perro”, aborrezco la idea de tener un amo al cual ayudar a ‘encuadrar’ a la gente de a pie, o usarla para ganar ‘likes’, o allanar el camino a ese amo para que las personas sean carne de cañón en sus objetivos.
Y si alguien se ofendió con este texto, le tengo una noticia: es un “perro”, con perdón de los perros verdaderos que si son nobles, pero no es, y quizás nunca sea, un periodista.
Y los periodistas si comemos “perro”.
CINISMO I: El grupo parlamentario de Morena en el senado, que dirige Adán Augusto López -el mismito que se andaba peleando por dinero del erario con Ricardo Monreal-, dio a conocer su “narrativa” para “responder” a la intención de Donald Trump de declarar organizaciones terroristas a los cárteles de la droga.
Dicha narrativa queda exhibida en el siguiente párrafo: “La presencia de cuerpos militares extranjeros que combatan a los cárteles mexicanos dentro de territorio, más allá de la evidente afectación al trabajo soberano de las autoridades nacionales y una posible noción de subordinación, podría mostrarse como la ausencia de coordinación y capacidades técnicas de nuestras fuerzas armadas y de seguridad”.
A continuación, la traducción de ese párrafo:
“La presencia de cuerpos militares extranjeros que combatan a los cárteles mexicanos dentro de territorio, más allá de la evidente afectación al trabajo soberano de las autoridades nacionales...”
Traducción: “Van a venir los gringos a reventar nuestros “acuerdos”, afectando nuestros negocitos con los narcos”
“... y una posible noción de subordinación...”
Traducción: “Los gringos nos van a obligar a que si combatamos al narco”
“... podría mostrarse como la ausencia de coordinación y capacidades técnicas de nuestras fuerzas armadas y de seguridad”.
Traducción: “Los gringos van a exhibir lo encamados que estamos con los narcos y que no los combatimos porque no queremos”
CINISMO II: El periodista Manuel Espino refiere en una nota que Movimiento Ciudadano (MC) ganó 10 presidencias municipales en zonas que domina el CJNG. Lo anterior luego del agradecimiento de Anavel Ávila, alcaldesa de Coalcomán, Michoacán, al líder de dicha banda criminal ¿Ya ven por qué están tan preocupados y tan opuestos a que Trump mande drones para combatir al narco?
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