Personal de Cruz Roja Tijuana cuenta su experiencia a 5 años de sana distancia del Covid-19
Luego de los estragos de una situación complicada mundialmente, el director Aldo Díaz considera que la gente no aprendió nada
Adelina Dayebi Pazos
El uso constante del cubrebocas y la sana distancia en espacios públicos fueron algunas de las medidas que hace cinco años se volvieron obligatorias a causa de la pandemia de Covid-19.
También llegaron el confinamiento para evitar la propagación de la enfermedad entonces desconocida y los retos para el sector salud, que enfrentó la situación con incertidumbre.
En el país, el primer caso fue dado a conocer el 28 de febrero. Fue un hombre de 35 años que había viajado a Italia y vivía en Ciudad de México.
Semanas después, el 19 de marzo, fue confirmado el primer caso en Tijuana y el tercero en el estado.
Y mientras los trabajadores de distintas instituciones públicas se preparaban para enfrentar la crisis sanitaria, en Cruz Roja ya la esperaban.
Aldo Díaz, director médico de la institución, contó que a diferencia del resto de los hospitales, ellos comenzaron capacitados en enero de 2020.
Ese mes, a nivel mundial, acababa de ser identificado un nuevo virus y ocurrió la primera muerte que posteriormente fue identificada oficialmente como la primera causada por Covid-19. El virus ya se extendía en el continente americano.
El director Díaz explicó que al trabajar conjuntamente con el hospital del condado de San Diego, donde ya estaban confirmando contagios, fueron conociendo el avance de la enfermedad y las medidas preventivas para enfrentarla.
Lidia González, enfermera con alrededor de 40 años trabajando en la Cruz Roja Tijuana, recuerda que tenían insumos y material para enfrentar los contagios, pero como profesionales de la salud permanecían en un ambiente de incertidumbre.
“Fue crítica esa primera ola de esta pandemia, fue incierto, no sabíamos los tratamientos a seguir y con nosotros también saber cómo cuidarnos, cómo protegernos”, declaró.
Con el inicio de la primera ola, el aumento de casos y el confinamiento, la atención en Cruz Roja, como en el resto de hospitales, cambió.
“Cuando realmente nos dimos cuenta de la gravedad es cuando uno de nuestros compañeros cayó infectado, fue horrible, era desesperante (...) Cuando empieza a suceder eso empieza a crecer el miedo”, relató.
Aldo Díaz trabajaba al mismo tiempo en un hospital de salud pública, donde la situación fue completamente distinta a lo que ocurría en Cruz Roja.
El confinamiento y la campaña de Sana Distancia en México inició oficialmente el 15 de marzo, así que mientras eran suspendidas las actividades no esenciales y las calles se paralizaban, el servicio que prestaban los paramédicos cambió.
Giselle Lizárraga es paramédica y apenas llevaba cuatro meses como técnica en urgencias de Cruz Roja cuando inició la emergencia sanitaria y la mayoría de atenciones antes de la contingencia eran a personas baleadas, heridas con arma blanca o atropelladas.
“Fue un poco sorprendente el hecho de que cambiaran tantas cosas en poco tiempo (...) Más del 50 por ciento eran casos de pacientes enfermos o llamadas por pacientes enfermos, que en su mayoría tenían sospecha Covid, alguna dificultad respiratoria”, dijo Giselle.
El 1 de abril el gobierno federal declaró estado de emergencia e inició la fase tres de la pandemia.
El personal médico, que veía a compañeros y familiares caer enfermos, fue reconocido por la sociedad y ya cargaba con los estragos de la situación.
El director de la Cruz Roja recuerda el desgaste físico principalmente por los turnos enteros con el equipo protector. Lidia Gonzalez señaló que además de fatiga desarrollaron ansiedad y depresión.
“Aparte de lo que veíamos todos los días, era estar viendo a los compañeros. Algunos evolucionan favorablemente y algunos que ya no pudimos (salvar)”, recordó
El personal de la Cruz Roja también recuerda el apoyo de la sociedad, no solo el agradecimiento y los aplausos, sino la donación de equipo de protección, comida e incluso hoteles que brindaron cuartos para que el personal pasara la noche sin exponer a sus familiares.
Hasta agosto de 2023, más de dos años después del inicio de la pandemia y tras la declaratoria del fin de la emergencia, la Secretaría de Salud de Baja California reportó un acumulado de 180 mil 704 contagios y 12 mil 404 muertes
Y tras los estragos de una situación complicada mundialmente, Aldo Díaz considera que la sociedad no aprendió nada.
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Lamenta que muchas personas hayan olvidado los momentos más críticos y ahora expongan a otros a males menores como un resfriado.
Aun así, Aldo, Lidia y Giselle respondieron que volverían a participar en una contingencia similar, siguiendo su vocación.
“Al final de cuentas estamos para servir y siempre se va a necesitar apoyo en este tipo de casos”, dijo la paramédico Giselle.



























