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Localsábado, 30 de agosto de 2025

Francis y Rafaela: dos abuelitas orgullosamente trabajadoras

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, había más de 17 millones de personas mayores de 60 años de edad durante el 2022

Melina Flores González

Redacción / El Sol De Tijuana

Francisca, abuelita Francis, como le gusta que le digan, tiene 55 años, nació en el Estado de México y se convirtió en abuela hace 11 años, ahora tiene siete nietos, es una abuelita muy activa.

Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), la población de abuelos o adultos mayores en México en 2022 estaba integrada por poco más de 17 millones de personas mayores de 60 años de edad.

Otra de esas abuelas es Rafaela, conocida como la “abue Rafa” o “cebollita de cambray”, quien nació en Querétaro, tiene 75 años y hace 38 años tuvo en sus brazos a la bebé que después la convirtió en abuela. 

“Me sentí contenta por tener a mi primera nieta, me sentí feliz porque por primera vez iba a ser abuela mucho a mis nietas”, aseguró. Hoy tiene 15 nietos más.

Francis cuenta que trabajó desde joven. Se desempeñó en el comercio ambulante, fue despachadora de tortillas, un oficio que le gusto. Con esas labores dió estudios a sus hijos y cumplió sus metas. 

“Soy muy trabajadora, aferrada. Y cumplo lo que se me mete en la mente porque Dios me dio la fuerza para cumplir mis sueños”, mencionó.

Rafaela, al igual que Francis, trabajó desde joven, al mismo tiempo que se casaba y que daba a luz a sus hijos con apenas 17 años de edad; eran otros tiempos, comenta.

En México, la tasa de alfabetización ha mejorado, pero en 2020 aún había 2.6 millones de mujeres de 15 años y más que no sabían leer ni escribir. 

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A pesar de la disminución en la última década, las mujeres siguen representando la mayoría de las personas analfabetas del país. Francisca sólo estudió la primaria, pero trabajar la volvió independiente y se empoderó, asegura.

“No tengo título universitario, pero consideró que no soy tan ignorante porque me gusta aprender otras cosas, como ahora ya soy orgullosamente estilista”, afirmó.

Rafaela no logró terminar la primaria, no aprendió a leer, solo a medio escribir su nombre y firma, pero los números no le fallan, nadie se la duerme en las cuentas.

“Pues me hubiera gustado cumplir mi sueño de haber sido enfermera, era lo que me gustaba, pero no se pudo”, señaló. 

La convivencia con sus abuelos no fue estrecha, no sintieron ese cariño, pero insisten en que eran otros tiempos y por eso decidieron romper el círculo.

“No conviví mucho con mi abuelita, pero ella me decía que yo me parecía a ella y me quería”, añadió Rafaela. 

Sobre su legado y cómo quieren ser recordadas, ambas cuentan que quieren dejar huella como abuelas activas, trabajadoras, que no se rinden y que a nada le temen. 

“Les diría a mis siete nietos que se respeten, estudien, sean honestos, que cuando muera no lloren. Y si un día quieren hacer algo malo, acuérdense de mí para que no lo hagan”, subrayó Francisca. 

Estas dos abuelas no tuvieron tiempo para quejarse de lo malo, en cambio, lo transformaron en lo que llaman maravilloso: sus hijos y de ellos sus nietos.

Ellas nadan contra corriente, cada una en tiempos y caminos distintos, se adaptaron, rompieron y armaron sus sueños. Rafaela y Francis tienen en común ser abuelas, mujeres mexicanas, trabajadoras, amorosas, revolucionarias, fuertes y resilientes. 

Entre ellas existe un lazo que no se rompe: que pertenecen a la misma familia, como suegra y nuera, respectivamente. 

Entre ellas el mito de la mala relación entre suegra y nuera no existe, no tuvieron tiempo para pelear, solo para unir.  

Juntas formaron vidas y reformaron sus mentes, ambas consideran que no piensan como antes y han entendido los contextos actuales. Se convirtieron en ese cimiento inquebrantable llamado familia.

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