¿Qué significa hoy la Cuaresma para los fieles y los no tan fieles?
Lo que ocurre es que la gente se ha desafiliado de las iglesias. Ahora van menos a misa, se casa menos por la iglesia, dijo el académico P. Espinoza
Lo que ocurre es que la gente se ha desafiliado de las iglesias. Ahora van menos a misa, se casa menos por la iglesia, dijo el académico P. Espinoza

Melina Flores González
El Miércoles de Ceniza no es solo una marca en la frente, sino el inicio de un periodo de introspección que para millones mexicanos representa la base de su identidad y estructura familiar.
En un país donde las estadísticas muestran una transformación en la forma de creer, las voces de los fieles y el análisis académico coinciden en algo: la religiosidad está transitando de una imposición institucional a una elección personal basada en la búsqueda de paz y comunidad.
De acuerdo con los datos más recientes del Censo de Población y Vivienda 2020 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), la población en Baja California que se declaró católica fue de dos millones 187 mil 369 personas: un millón 079 mil 151 hombres y un millón 108 mil 218 mujeres.
El número de personas que profesan la religión católica ha mostrado crecimiento en las últimas décadas. En el 2000 fueron un millón 637 mil 088 personas y 20 años después fueron dos millones 187 mil 369, contrario a la tendencia nacional que va a la baja.
Pedro Espinoza Meléndez, historiador e investigador de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC), señaló que aunque el censo de 2020 ubicó la práctica del catolicismo en México por encima del 70% la cifra ha caído drásticamente desde aquel 98% de hace algunas décadas.
Sin embargo, aclara que esto no equivale necesariamente a un aumento del ateísmo.
“Lo que ocurre es que la gente se ha desafiliado de las iglesias. Son creyentes sin afiliación religiosa. La gente va menos a misa, se casa menos por la iglesia, pero eso no obedece a que dejen de tener fe, sino a que desconfían de la religión organizada”, explicó.
Por ejemplo, para Ana Lucía Lara, originaria de la Ciudad de México, la fe es una certeza inamovible cimentada en la experiencia personal.
Como catequista y madre de una abadesa de la congregación de Santa Brígida en Colombia, su orgullo se entrelaza con su convicción.
Vengo a tomar ceniza porque es el inicio de la Cuaresma y sigo lo que se debe de hacer porque Dios existe. A mí en lo particular me ha hecho muchos milagrosafirmó.
La misma conexión sostiene el matrimonio de Sandra Espinosa (57 años) y José Guadalupe Espinoza (63 años), que con 43 años de casados ven en la iglesia el pegamento que ha mantenido su unión frente a las adversidades.
Para ellos, la Cuaresma es una oportunidad de “reforzar la fe cada año” y recordar que la espiritualidad trasciende lo material.

José Guadalupe lo resume como una herencia: “Es sentir paz en el corazón y lo que nos enseñaron nuestros padres; seguir con tradiciones en estos días”.
Otra experiencia es la de Melissa García, madre de monaguillos que hace frente a las críticas modernas sobre la influencia de la religión en menores de edad.
Ella sostiene que la iglesia no es un lugar de imposición, sino un refugio contra males como la depresión o las tendencias suicidas.
“Los niños son una parte clave del presente. La iglesia es un lugar feliz para ellos; no están aquí a la fuerza, están aquí porque ven a otros niños y entre ellos se atraen”, explicó
El investigador de la UABC no evita los temas espinosos que pasan por los escándalos de abuso sexual o las redes de encubrimiento dentro de la Iglesia católica que han erosionado la credibilidad en la institución.

Explicó que las infancias, que deberían ser el centro de la fe, se han convertido en un punto de dolor debido a la traición de la confianza por parte de algunos ministros, una sociedad que juzga de manera “dura, pero justa” el proceder institucional, optando por una vivencia de la fe más privada o comunitaria que jerárquica.
Otro aspecto resaltado por el académico es cómo la religión ha pasado a ser un espacio predominantemente femenino, porque desde el siglo XX las mujeres han asumido el rol de guardianas y transmisoras de la fe en el hogar.
Leslie Delgado, una joven de 28 años, es ejemplo de ello. Aunque su padre no era muy creyente, la devoción de su madre la mantiene vinculada a la iglesia.
Decido creer porque me da paz. No soy una persona que vaya a misa cada fin de semana, pero me sirve como unión con mi mamá ahora que ya no tengo a mi papácomentó Leslie.
La distribución de la fe en México no es uniforme, porque mientras estados como Chiapas presentan menores porcentajes de catolicismo, el Bajío y el Occidente mantienen un arraigo histórico profundo que en el pasado detonó conflictos como la Guerra Cristera.
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Esponoza Melendez agregó que en contraste, en estados fronterizos como Baja California la presencia de la iglesia fue históricamente más débil, permitiendo una mayor diversidad religiosa.
Finalmente destacó que la posibilidad de elegir creer o no es un logro social.
“Hace algunos siglos la religión la imponían las leyes. Que hoy podamos decidir si nuestra vida la llevamos de acuerdo con principios religiosos o éticos es una libertad que no habría que perder”, subrayó.