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Controversial ha resultado la iniciativa sobre la prohibición de vender comida chatarra en las escuelas públicas y privadas, en independencia a su nivel educativo; además de provocar algunas inquietudes e inconformidades ante la radical medida -puesta en marcha hace apenas unos días- tomando en consideración a quienes resultan, así lo parece, más afectados, desde los escolares hasta las cafeterías o cooperativas, así como los expendedores de estos productos prohibidos, desde luego, no se puede soslayar el hecho de que la gran mayoría de las instituciones, desde el momento de recibir las indicaciones para la aplicación del programa, pretendieron tomar las medidas pertinentes sin valorar, en el momento, las implicaciones.
Aunque ya en otros tiempos hubo pretensiones de eliminar la venta y consumo de alimentos chatarra, bajo el fundamento de reducir la obesidad infantil, actualmente, también se presume este criterio por las autoridades de salud; cuyo propósito es el de mejorar los estilos alimentarios, desde luego, como una consecuencia, evitar los problemas provocados por una alimentación inadecuada, cuyos contenidos tienen excesos de azúcares y harinas; luego entonces el cambio, supone el consumo de frutas y verduras.
Tal vez la prohibición de la venta de productos ultra procesados, en las cafeterías de las escuelas parezca muy autoritaria y arbitraria, en contra sentido también puede parecer como muy atinada, sin embargo en esa contradictoria postura, es importante considerar algunas de las afectaciones que tienen que superar los involucrados; por ejemplo, entre otros tantos, en lo externo, cuales son las condiciones y circunstancias que los padres de familia, en específico, las mamás, que habrán de superar para preparar el “lonche” de los hijos; desde esta perspectiva, también es importante mencionar la problemática particular del asunto, es decir, no todos tienen la posibilidad de preparar algo nutritivo, por eso, muchas veces es más fácil pasar a la tiendita a comprar el “yogurt” y un pastelito con envoltura que simplifica ese problema.
Sirva el ejemplo para determinar que lo glamoroso de la prohibición, no alcanza para suponer siquiera que esa alimentación saludable pretendida, permita a las personas cuyos recursos económicos no les permitirá establecer una lista de alimentos sugeridos para preparar el desayuno que los hijos llevarán al colegio; incluidas las frutas y verduras, los cereales integrales, legumbres, productos lácteos, proteínas animales y agua purificada; esta última, bajo la discusión que lo potable, sinónimo de agua de la llave, no es lo mismo que agua purificada, cuando menos así lo dijo un nutriólogo; postres a base de semillas o cereales integrales.
Evidentemente, la estrategia planteada desde el escritorio no alcanza para poder establecer en lo general, dicho de otra manera, que las familias tienen la capacidad económica para poder cumplir con su participación; desde luego, el traslado a los planteles educativos, de la prohibición, también plantea otro tipo de problemas, cuando en la mayoría de las cafeterías y cooperativas, se venden productos embolsados, las famosas frituras, gaseosas y postres embolsados; lo que más se vende, en seguida, la tortas, las quesadillas, las chalupas y otros antojitos que aunque no tienen los sellos de advertencia, son los mas consumidos por los estudiantes.
Los que complementan la paradoja, sin duda, son los que tienen una concesión para operar una cooperativa o cafetería, ante las duda de cual será ahora el menú que cumpla con las exigencias institucionales; en este dilema, hay quienes señalan que se debe elaborar como estrategia de venta, un plan alimentario que incluya, el historial médico del consumidor, hacer cálculos de los requerimientos calóricos de cada persona, establecer un plan basado en la variedad y distribución adecuada de los alimentos y ajustar la alimentación a cada circunstancia y momento.
Después de ponderar la imposibilidad de establecer la estrategia sobre la prohibición de venta de alimentos chatarra y las complicaciones que ello representa, hay algunas personas que opinan sobre las posibilidades de enfrentar, para cumplir esta iniciativa tan compleja, por un lado se dice que hay que capacitar a las familias, para que sepan las formas y procedimientos de elaborar un buen y nutritivo desayuno, que involucre no solo a los estudiantes, sino también a todos los miembros de la familia. Por otro lado, que obliguen a las tienditas cercanas a las escuelas a que no tengan en sus anaqueles, refrigeradores y aparadores, la exposición de esos productos que han provocado el problema de la obesidad, además de los gastos excesivos para los compradores. Capacitar también a los vendedores, para que vendan solo lo permitido, evitando incurrir en actos que violenten la obligatoriedad de lo ya prohibido, de esa manera y en conjunto, tal vez, se logre el objetivo: el fin de la comida chatarra.
Ante todo lo que pueda servir de marco a este asunto tan complejo, las posibilidades de éxito, desde un punto de vista particular, se presumen muy lejanas, pues los intereses comerciales de las empresas dueñas de la mayoría de los productos prohibidos, seguramente ya han de estar pensando en cómo enfrentar esta medida tan severa; las familias tendrán que cambiar sus estilos en la “alimentación” aunque les cueste dinero y trabajo. De cualquier manera, ya mirando para el futuro, se percibe muy complicado terminar con la comida chatarra y sus consecuencias.