¡Divagaciones de enero!...
Enero también es conocido por la “cuesta” económica -y vaya que cuesta-, el comercio decembrino sube sus precios y ya no los baja. Pero ahora la economía esta deprimida y la vida debe seguir. Aunque poco, pero debemos comprar para el diario consumo.
Ya es tiempo de que Tlaxcala y México se titulen de adulto y atiendan personalmente su destino. Alguna vez habremos de ya no depender del billete verde; así es que, como a un niño que se le suelta de la mano, tenemos que aprender a ser autónomos y eso será benéfico. Costará, ¡sí! Pero deberá hacerse.
Enero de rosca de reyes y febrero de tamales de La Candelaria. Se aproxima el catorce –¡día del amor y la amistad!-. El comercio ya afila sus “uñotas” pensando en las ganancias por la venta de regalos. Aunque el obsequio más deseado sea el amor verdadero, que perdure y no traicione.
Enero es también agorero, de cabañuelas que pronostican. Se dice que los antiguos asirios y babilonios, griegos y romanos las conocían y los guiaban en sus cultivos. En Tlaxcala debemos regresar a nuestras raíces campesinas. Hay muchas tierras desatendidas. Necesitamos comer maíz limpio, sabroso, con frijoles y calabacitas criollas.
El tráfico mercantil de compraventa de inmuebles se está deteniendo –si no me quiere creer, pregunte a los notarios- por los impuestos tan elevados que hay que pagar y que son un verdadero atraco. Yo sé bien que a ningún recaudador “gallón” le calará este comentario, pero de veras que se les paso la mano.













