¡Jueves 17 de abril!... ¡Jueves Santo! -le decimos-, víspera de un viernes conmemorativo de la muerte de Jesús, masacrado y crucificado. Con las vacaciones y con lectores escasos. No obstante, es un privilegio escribir para el diario de la vida tlaxcalteca. Quiero, en esta oportunidad, reseñar una “ensalada de Cuaresma”, de diferentes tópicos. Esto, en tanto el “tam tam” de los tambores procesionales retumban ya en las calles.
Se conmemora actuando, se actúa conmemorando. Antiguas costumbres que son ya tradición. Desde hace tiempo los entonces jóvenes imaginaron organizaciones como la que inició Sebastián Zamora Rodríguez, “proyección juvenil” le llamó; nombre acertado. En ella, las jóvenes generaciones forjaron inquietudes, conservaron costumbres y amacizaron noviazgos.
Tuvieron oportunidad para escenificar sucesos que la historia bíblica registra, como sucedidos desde Viernes de Dolores y concluyen en Domingo de Resurrección. Como esa, nacieron organizaciones hermanas con los mismos objetivos. Pero todas son parte de la historia contemporánea.
Sebastián Zamora sembró, y la cosecha dio frutos. Tantos, que ahora en otros municipios existen organizaciones similares. Nuestras adorables “jefecitas” de la casa ya preparan comidas de vigilia, como las tortas de camarón, de papa, de zanahoria, el pescado tenso, bandera o fresco, y otras comidas de temporada.
Antaño fue la estricta vigilia con solo agua en el estómago hasta las tres de la tarde del viernes. Pero ahora aquello se volvió comelitón, banquete y pretexto para reunir a la familia. Las bebidas de acompañamiento son de jamaica, de tamarindo, horchata y chía con hielo y limón, o espirituosas. Los postres, palanquetas o pepitorias de miel, piloncillo y pepita de calabaza tostada.
Hoy es Jueves Santo. Pero los fríos no cesan, aunque calendáricamente la primavera llegó el 21 de marzo, los medios días son ardientes, pero las madrugadas y mañanas, de hielo.
Estas variaciones predisponen las enfermedades respiratorias -dicen los que saben, como una culta e inteligente doctora que conozco, que en el estado hay brotes de tosferina-, algunas regiones serranas entre Huamantla y Puebla están padeciendo gripas agudas y las autoridades sanitarias tal vez lo ignoren.
En otro orden de ideas, a los campesinos tlaxcaltecas bien les aflige y por eso pugnan, desde hace años, que no se siga privatizando la propiedad ejidal a los consorcios agrícolas. Nuestra sobrevivencia como pueblo –“nación de las tortillas”- es volver a producir el maíz que nos comemos.
No podemos seguir dependiendo del que nos llega a causa del abandono en que tenemos al campo. Las autoridades parecen haber ya revirado la mirada y le invertirán –a ver si llegan los dineros y se traducen en producción-. Antaño fuimos autosuficientes, pero esos neoliberales -de las riquezas mal habidas- desalentaron al campo para beneficiar a los güeritos del norte; procuraron la privatización ejidal, los comisariados hicieron negocio facilitando la venta de tierras, los precios se elevaron y la joven generación del campo emigró regresando para construir sobre las áreas de cultivo.
El resultado es que ahora el güerejo, que se maquilla las ojeras, con la mano en la cintura nos cree de su propiedad, tanto que si se le ocurren aranceles al maíz y al aguacate, nos partirá la progenitora. No sé hasta cuándo entenderemos que debemos producir lo que nos comemos, así sean quelites o gusanos. Solo así sobreviviremos a los chantajes y acechanzas. Aquellos ricachones de su clan nos miran como sus “puerquitos”.
La primera amenaza fueron los indocumentados, después el fentanilo y las demás drogas, más tarde el aluminio y las autopartes, siguió el agua del río limítrofe y ahora los tomates; no duden ustedes que vendrá el maíz y cuanta ocurrencia tenga, para tenernos en la parrilla y a “fuego lento”.
Los aranceles son la guillotina, y nuestra necesidad de compra y venta la debilidad que nos pone “de a pechito”. El fondo de la ambición es el petróleo, el litio, los minerales y todo aquello que a los socios del señor de los cabellos necios se les ocurra. Porque el imperio se quitó la mascara y no tiene llenadera, y como China ya no les vende tierras raras hay que reponerlas de donde sea.
Aunque después el pretexto sea porque le caemos gordo, o porque nos carcajeamos de su peluca de estropajo al viento o porque somos morenitos. Lo cierto es que le gustamos como “puerquitos”, para extraernos la manteca, hacernos en carnitas, comernos en chicharrón y aprovechar hasta nuestras patitas “en fiambre” o “capeadas”.
Pero si nos unimos y trabajamos muy duro, tal vez lo único que aproveche de nosotros sea pura longaniza -dicho sea, sin doble sentido-. Pero hoy es Jueves Santo, pasado mañana será sábado, día de campo, carne asada, convivencia familiar, baño a cubetas en calles y arroyos.
Este Chiautempan y sus tradiciones, el próximo domingo iniciará festejos de pascua por barriadas y el lunes el primer mole prieto. Pero el domingo será de chalupas de manteca, café de piloncillo y de castillos que riegan luces y alegrías. Señoriales bandas de música. ¡Chiautempan tradicionalista y añejo, que el viernes pasado vistió de plata y oro sus dolorosos altares, entre restos y convivios, ya muy pocos, por cierto!...